Elecciones 2019

El elegido de una ciudad que no regala mayorías

Como Lifschitz en 2003 y Fein en 2015, el futuro intendente ganó de forma muy ajustada y evitó al oficialismo un revés de enorme peso simbólico.

Lunes 17 de Junio de 2019

La victoria de Pablo Javkin es por varios motivos un acontecimiento histórico de una especial singularidad. Lo es porque se trata del primer político no socialista que gobernará Rosario después de 30 años de gestiones de ese partido. También porque en una jornada declinante para el Frente Progresista le aseguró a esa fuerza, por el canto de una uña, el control de la primera ciudad de la provincia, algo que en caso contrario habría significado un mazazo demoledor, ante el vaciamiento de poder territorial que supone para la coalición el desalojo de la Casa Gris.

A este abogado de 47 años que se forjó en la militancia política desde la adolescencia le tocó la misma forzada costumbre de algunos antecesores recientes, caminar por un desfiladero muy angosto hasta saberse ganador. Como a Miguel Lifschitz en 2003, que desplazó a Norberto Nicotra por 6 mil votos. O como a Mónica Fein en 2015, que ganó por 13 mil sufragios tras ser superada en las Paso por Roberto Sukerman, el mismo contendiente notable con el que Javkin disputó ayer voto a voto desde que se abrieron las urnas. Al final le sacó unos 8 mil votos. Para una ciudad con 802.000 electores habilitados, apenas unas pulgadas de distancia. Rosario no es una ciudad que regale mayorías. Casi todos sus últimos intendentes se imponen conquistando un poquito más de tres votos de cada diez.

Los ciclos de la política argentina se mueven en la cornisa de cierto azar y en contextos de asombrosa movilidad. Hace nada más que dos años Javkin había quedado en el tercer puesto para concejal de Rosario con el 16 por ciento de los votos. Para entonces el espacio que lo contenía parecía llamado a una interrupción. No había ganado en un sola seccional de la ciudad. Los números de la inseguridad, la caída en la persuación a sectores que le brindaban respaldo durante décadas, las asimetrías entre la zona central y los barrios eran las hendiduras por donde se escurría el capital político del Frente Progresista.

Pero pasaron cosas. El candidato de Cambiemos que asomaba entonces como el número puesto para el Palacio de los Leones, Roy López Molina, ahora quedó al borde del cuarto puesto, hundido por la imparable caída del macrismo. Con ese rápido eclipse muchos votos que habían acompañado al hombre del PRO en Rosario quedaron en una dispersión de la que Javkin parece haberse beneficiado. Para llegar a donde hoy está primero tuvo que superar en la elección primaria a Verónica Irizar, la postulante socialista que Lifschitz impulsó buscando retener para su partido la Intendencia. Lo logró con un malestar hacia el Frente que expuso sin ningún disimulo. Antes y después dijo que su triunfo interno era lo único que le podía garantizar el cambio de aire con el que el Frente Progresista tendría chances.

Cumplió ahora con creces ayudado por dos circunstancias categóricas. Una fue su propio análisis de coyuntura y su voluntad de trabajo, que lo hizo recorrer la ciudad dando la cara en el peor momento histórico del Frente Progresista, fuerza donde había experiencias de inversión en obras y políticas públicas (Plan Abre, Nueva Oportunidad, Vuelvo a Estudiar) en las que Javkin cree con firmeza, y por lo tanto podía defenderlas y postularlas. También lo asistió ese soplo de la ventura que bendice a los que ganan. En 2011 o 2015, las dos veces que Fein conquistó la Intendencia, el candidato socialista a gobernador sacó buena ventaja en Rosario, lo que fue un impulso para retener la ciudad. Pero esta vez en Rosario ganó Perotti y aún así Javkin prevaleció. Pese a tener enfrente a una figura que le pisó los talones hasta lo último. Con la fantástica elección que protagonizó el peronismo tiene en Roberto Sukerman a un líder rivalidado e indiscutible.

Insider de la política

Sin ser un pichón, Javkin es un relevo de nueva generación y un insider de la política. Todo lo hizo en la politica y eso merece una reivindicación porque tiene formación y cultura de Estado. Fue presidente de la Federación Universitaria de Rosario (FUR) y Argentina (FUA). Integró el equipo de gobierno de De la Rúa, fue concejal en dos períodos, diputado nacional en 2007 y diputado nacional por Santa Fe en 2013. Actuó como Secretario General de Mónica Fein en el Palacio Municipal al que ahora vuelve como Intendente. Están muy marcadas en su personalidad cosas que la comunidad suele reconocer como un valor en un hombre público: cercanía con los demás, disposición a escuchar y tendencia a la conciliación. Anoche a las 23, mientras le rodaba alguna lágrima, dijo: "Nosotros no nos rendimos y entendemos que nuestro rol a partir de mañana, por respeto a nuestros contendientes y quienes nos votaron, es fijar acuerdos para construir el futuro de la ciudad unidos".

El intercambio político convierte tiempos cortos en eras geológicas. Tras un desempeño en picada de su espacio Javkin parecía confinado hace dos años a una banca del Palacio Vasallo. Pero el 10 de diciembre entrará a la Intendencia convertido no solo en Intendente sino en uno de las figuras centrales de un Frente Progresista en inevitable transformación, pero que sigue teniendo en Rosario, merced a él en gran parte, una cabecera de playa. Como a Hermes Binner en sus dos gestiones y a Lifschitz en la primera, le tocará administrar la ciudad con un gobierno de signo adverso. Tiene también como desafiante incentivo que en los últimos treinta años, a partir de 1989 con Héctor Cavallero, el que entró por un período se terminó quedando dos.

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