Política

El derrumbe de la ilusión

De la Rúa terminó enterrándose políticamente en 2001 y, al mismo tiempo, sepultó a la UCR como partido de gobierno.

Miércoles 10 de Julio de 2019

Fernando de la Rúa fue el depositario, en 1999, de una expectativa de cambio que lo superó.

De la Rúa terminó enterrándose políticamente en 2001, pero su gestión sepultó al radicalismo como partido de gobierno. Las pésimas performances ucerreístas que vinieron después así lo demostraron. La caída de la Alianza, al fin la tragedia de 2001, evitó que el radicalismo vuelva al poder como cabeza de león. Recién en 2015 pudo asomarse a compartir un espacio de poder, como cola de ratón, en este caso del PRO. Fue consecuencia directa de su última frustrada experiencia con un hombre propio al mando de la Casa Rosada.

Fue un prototipo del ala conservadora que siempre anidó en el radicalismo. De hecho, el dirigente nacido y criado en Córdoba fue una especie de heredero político de Ricardo Balbín. Pero, casi siempre, los políticos son lo que los tiempos quieren que sean.

La rápida renuncia de Carlos Chacho Alvarez a la vicepresidencia (luego, la historia se haría cargo de enrostrarle semejante irresponsabilidad) fue la sentencia de muerte política para ese experimento que tenía como objetivo único destronar al menemismo del poder.

Dicen que soy aburrido

El "dicen que soy aburrido" y toda la estrategia publicitaria —a cargo de Ramiro Agulla y otros popes del marketing— se encargaron de vender un artefacto (¿o un buzón?) que la mayoría de los argentinos compró, pero del que, también, se deshizo rápidamente.De la Rúa no pudo, no quiso, o no supo cómo darle gobernabilidad a un país que tenía sus principales provincias en manos de gobernadores peronistas. El peronismo olfateó rápidamente las debilidades de ese presidente parco, obnubilado y poco empático. Y tiró del mantel.

Los dos años de desgobierno (1999-2001) pusieron una vez más en evidencia que la historia política argentina parece condenada a repetirse en, al menos, dos factores: la inconsistencia de no peronismo a la hora de acumular poder y la ineficiencia para conducir la República. El no peronismo hace los ajustes o entra en crisis fenomenales. Y le deja la bandeja servida al peronismo para el distribucionismo. Que otros llaman populismo.

La magistral construcción mediática de Dick Morris y Agulla durante la campaña electoral les hizo creer a los sectores medios que con De la Rúa llegaba un Kennedy a la Argentina. Que detrás de esos spots que mantenían en vilo a los televidentes había un hombre que terminaría con la corrupción, las desigualdades sociales y la impudicia. Que había aparecido el bombero dispuesto a apagar los incendios de Carlos Menem. El bombero se suicidó a lo bonzo. La estudiantina del Frepaso se fue a otro lado.

¿Qué pasó con De la Rúa? Un abogado exitoso, un legislador destacado, un jefe de Gobierno sin tropiezos. Todo eso pareció quedar de lado en el momento de asumir la Presidencia. ¿Exceso de responsabilidad, estrés, incompetencia? Nunca se supo muy bien la causa psicológica del desgobierno. Aunque nunca hay una sola causa. El 2001 puso de moda las cacerolas, el riesgo país, los muñequitos desestabilizadores del programa de Hadad y la larga marcha de los intendentes del conurbano hacia la Plaza de Mayo.

Fue demasiado para De la Rúa, un presidente que ni siquiera tenía el apoyo total de su partido al final de su mandato. La UCR no entendió que si caía su presidente el problema no era específicamente de De la Rúa, el que entraba en crisis permanente era el radicalismo. Y así fue la historia.

El 20 de diciembre de 2000, un año antes de la caída, La Capital entrevistó en forma exclusiva a De la Rúa en su despacho de Casa Rosada. A la noche, de esa misma jornada, el presidente se perdió entre la mampostería artificial del programa de Marcelo Tinelli. El título del reportaje había quedado viejo. Fue: "Lo peor ya pasó".

Lo peor recién comenzaba.

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