Política

El Amba, el foco de contagios y el centro de las disputas políticas

A diferencia del año pasado, Nación y Capital Federal abandonaron el trabajo coordinado en una región que concentra más de la mitad de los contagios

Sábado 17 de Abril de 2021

Hace exactamente un año, a un mes de implementada la cuarentena por la pandemia de coronavirus, el presidente Alberto Fernández llamaba “amigo Horacio” al jefe de Gobierno porteño. Acababan de dar una conferencia de prensa juntos (también estaba Axel Kicillof) para explicar los motivos que llevaban a las autoridades a extender por 15 días más el confinamiento en su intento para achatar la curva de contagios. La atmósfera era de concordia y consenso. Ayer, la foto que distribuyó Presidencia de la reunión en Olivos retrata a la perfección el estado actual de la relación entre ambos: distancia, recelo y quiebre total por una disputa política que excede lo estrictamente sanitario.

  Ayer como hoy, el Amba (la región que abarca la ciudad de Buenos Aires y su área metropolitana) representa el foco de la pandemia. También, por su tremenda influencia, es el campo de batalla de una contienda entre el partido de gobierno y la principal alianza opositora. La resistencia o el apego a cumplir con las disposiciones oficiales para mitigar la segunda ola tienen que ver más con las afinidades ideológicas que con lo que recomiendan los expertos, de acá y de todo el mundo, a quienes ya pocos escuchan.

  La escalada política entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio sube casi al mismo ritmo que los niveles de contagios, que ya representan el doble del peor momento de la primera ola.

  Cuando el gobierno estableció hace una semana restricciones muchas más laxas que las del año pasado, en un equilibrio entre economía y salud, Rodríguez Larreta lanzó desafiante: “No estamos de acuerdo, pero las vamos a acatar”. El jefe de Gobierno porteño hablaba como si fuera un intendente de un municipio con una baja tasa de contagios, y no como el responsable de gobernar una ciudad que bate todos los días el récord de infectados.

  Y ahora que Alberto Fernández ajustó un poco más las restricciones para tratar de disminuir la circulación de gente, clausurando por 15 días las clases presenciales (como hacen o hicieron, entre otros, Francia, Alemania, Reino Unido, Uruguay y Chile), el tema educativo se colocó en el centro del debate político y público, con imágenes en las redes sociales, crespones negros y padres que llevan a sus chicos con banderas argentinas a cacerolear.

  El 24 de marzo pasado, en el Día de la Memoria, el diputado rosarino del PRO Federico Angelini promovió un escarnio público por las redes contra una maestra, a quien acusó de adoctrinar a los pibes por hacer una dramatización escolar de los atropellos de la dictadura. El hashtag era “con los chicos, no”. Un mes después, se viralizó la imagen de una nena ondeando la celeste y blanca frente al portón verde de Olivos en rechazo al anuncio del presidente.

  La dureza que hoy exhibe Rodríguez Larreta va en consonancia con lo que le reclama su base electoral y el ala dura de Juntos por el Cambio, representados por Mauricio Macri y Patricia Bullrich. Ese tándem es el que la pasaba factura por su cercanía al gobierno en el inicio de las gestiones por la pandemia.

  El jefe de Gobierno porteño juega su propio partido dentro de la coalición opositora. La reaparición pública de Mauricio Macri con su libro y la presencia en continuado de Bullrich en la puja callejera y mediática, obligaron a Rodríguez Larreta a correrse del lugar de los “tibios”. A diferencia de un año atrás, encuentra plafón social para ello, con mucha gente cansada de las restricciones a la libertad de movimiento y a la clausura de actividades comerciales, justo en un primer trimestre donde se comenzó a ver un rebote de la economía tras la abrupta caída de todo el 2020.

  La inflación galopante también taladra la base del oficialismo. Con pocos reflejos para resolver este problema, la oposición cree encontrar un campo fértil para encender sus diatribas y acompañarlas con la disputa “cuerpo a cuerpo” (como dijo Bullrich en una entrevista a La Capital) en el escenario público.

  Lo que pasa en el Amba es mirado de reojo por todos los gobernadores e intendentes de las ciudades más pobladas. Saben, porque hay comprobación empírica, que lo que sucede allá se trasladará, con mayor o menor intensidad, al resto del territorio.

  Si en una región que hoy concentra casi el 60 por ciento de los casos de Covid, sus gobernantes, con el aval importante de su sociedad, desafían los decretos presidenciales, ¿qué es lo que pasará en estas tierras cuando la curva siga subiendo y se sature el sistema de salud?

  Lo que suceda en estos días en el Amba será el espejo donde mirarse para el gobernador Omar Perotti y el intendente Pablo Javkin. Aunque tienen algo a favor: cierto trabajo en conjunto y espíritu colaborativo. Pero este es un año electoral y ellos están en diferentes trincheras, que por ahora no la divide una grieta tan honda, como la que existe entre Juntos por el Cambio y el Frente de Todos en el teatro de operaciones de la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires.

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