Tensión

Dilemas entre gobierno y oposición frente al año electoral y la pandemia

Especialistas analizan las causas sociales y políticas de las idas y vueltas del gobierno de Alberto Fernández sobre las medidas sanitarias

Domingo 10 de Enero de 2021

Las idas y vueltas del toque de queda sanitario, reconvertido luego en una sugerencia del gobierno nacional a las provincias a que restrinjan la circulación de personas si los contagios superan ciertos niveles, expone varios aspectos críticos de la vida pública argentina: la debilidad del Estado para sostener una medida en el tiempo, la deslegitimación social de la cuarentena dura, la fragilidad de la economía y la evaporación de la coordinación entre los distintos niveles de gobierno.

La viabilidad de este tipo de medidas depende de dos factores: la capacidad del Estado para asegurar el cumplimiento y la voluntad de la población de obedecer —remarca el politólogo Juan Negri, docente de la Universidad Torcuato Di Tella—. En marzo del año pasado la ciudadanía decidió cumplir, y ahora ese componente está más atenuado. Además, la capacidad de control estatal en general en la Argentina es baja, por lo que el toque de queda se cumplirá muy parcialmente”.

Para la licenciada en comunicación social y doctora en ciencias sociales Ana Natalucci el gobierno está en un dilema: necesita imponer restricciones a la movilidad, como vienen haciendo los gobiernos en distintas partes del mundo, pero a la vez se sucedieron entre noviembre y diciembre una serie de acontecimientos —la muerte de Diego Maradona y movilizaciones al Congreso cuando se trató la legalización del aborto— que socavan la legitimidad de un llamado a que las personas se queden en su casa.

Además del sanitario, Natalucci agrega el riesgo de la violencia institucional y sugiere al gobierno dar una vuelta de tuerca con la comunicación. “Se debería dejar de hablar sólo de contagios y decir el incremento de la capacidad del sistema sanitario, cuántas vacunas se ponen al día y cómo sigue el programa de inmunización, porque da un horizonte y te facilita la legitimación de las medidas”, aconseja.

Por su lado, de acuerdo al sociólogo Federico Zinni la decisión del gobierno de transformar el toque de queda en una recomendación y que sean los gobernadores los responsables de instrumentarlo expresa las dudas de la Casa Rosada sobre la viabilidad de un cierre más profundo.

En las ciencias sociales se usa el concepto de “caja negra” para calificar la opacidad del ámbito de la decisión. Aquí, como en otros temas, la administración Fernández expuso a cielo abierto las marchas y contramarchas.

Las idas y vueltas del proceso decisorio, el cual una vez más el gobierno expuso innecesariamente, contribuye poco a darle un tono asertivo a la medida —cuestiona Zinni—. En todo caso, parece ser la más viable de las alternativas que había disponible”.

Con ironía, el politólogo Andrés Malamud escribió en Twitter: “Expropiación de Vicentin. Suspensión de las Paso. Aumento a las prepagas. Prohibición de exportar maíz. Toque de queda. Se consolida un modelo de toma de indecisiones”.

Balanza

Los especialistas coinciden en que si en marzo en la disyuntiva entre salud y economía Fernández se inclinó por la primera hoy en la balanza del gobierno ambos factores tienen un peso similar.

Sin margen fiscal para financiar la continuidad del IFE y el ATP, el gobierno se juega un pleno a que las restricciones mínimas y el avance de la vacunación empujen hacia arriba la curva de la actividad económica.

El gobierno no se podía quedar sin respuesta a la situación, por eso elige una medida que, evalúa, no tendría tanto impacto en lo económico”, señala el sociólogo y consultor Carlos De Angelis.

Pero además de límites sociales y económicos, cada vez son más notorios los obstáculos políticos. El malestar en los sectores medios se profundiza y la oposición también juega.

Zinni observa un proceso de abajo hacia arriba. “Es más bien el agotamiento lógico de parte de la población ante la situación lo que motiva la actitud obstruccionista de Juntos por el Cambio —evalúa—. Hoy la oposición tiende menos a conducir que a reproducir, y eso es también parte del problema, porque al hacerlo amplifica desmedidamente a su base más extrema”.

Negri alerta que la polarización —que es un fenómeno global, al menos de Occidente— impacta sobre la efectividad de las medidas. “Rodríguez Larreta ve que su electorado le pide que se despegue de una cuarentena estricta, o que critique la cuestión educativa —indica—. l percibe que es lo más conveniente estratégicamente”.

Impacto electoral

Efectivamente, con el cambio de calendario los comicios de medio término pesan cada vez más en el comportamiento de los actores. ¿Cuánto influirán estas medidas en la cosecha de votos de oficialistas y opositores?

“El resultado electoral tendrá que ver con la necesidad de que la rueda económica vuelva a girar, y eso está lejos —afirma De Angelis—. El tiempo empieza a correr: en abril tiene que verse ese rebote de entre cuatro y seis puntos del PBI porque sino el gobierno va a estar en problemas. Además, Alberto estará mirando simultáneamente el frente externo y el interno, con el objetivo de mantenerlos equilibrados”.

Negri observa un panorama favorable para el gobierno, si se ordenan algunas variables. “Será un buen año para las commodities, y si para el momento de las elecciones el gobierno se anota el poroto de la vacunación le irá bien en las legislativas”.

Por el contrario, Natalucci proyecta un escenario electoral complicado para el oficialismo. “Los sectores sociales más afectados por la pandemia son las bases electorales del gobierno, hay adherentes fuertes y otros que no lo son tanto: tenés ese 20 por ciento que va y viene, que votó en 2015 a Cambiemos y en 2019 al Frente de Todos —analiza la investigadora del Conicet—. El resultado dependerá del programa de vacunación y de que logre alinear precios, salarios y tarifas, una situación que precede a la pandemia”.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS