Domingo 06 de Marzo de 2022
Para el sociólogo Eduardo Fidanza, pese a las tensiones que atraviesan al Frente de Todos y Juntos por el Cambio, los dirigentes de ambos espacios se moverán con la misma consigna: el que rompe, pierde. El director de la consultora Poliarquía interpreta que Alberto Fernández “no es un títere de Cristina” y que la negociación con el Fondo Monetario Internacional se ubica en la zona de la administración donde el presidente tiene la lapicera. En sintonía con lo que planteó Cristina con sus cartas, observa, el kirchnerismo le pasará factura al presidente por las consecuencias del acuerdo con el FMI.
Entrevistado por La Capital , Fidanza -que fue profesor titular de Teoría Sociológica en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, donde creó una cátedra sobre el pensamiento de Max Weber- consideró que el discurso de Alberto Fernández ante la Asamblea Legislativa combinó un intento de congraciarse con Cristina y La Cámpora, voluntarismo y una pizca de hipocresía.
Además, analizó la disputa por el liderazgo dentro del Frente de Todos y de Juntos por el Cambio, caracterizó que el humor social está dominado por la resignación, y advirtió: “Sin crecimiento económico, la política tiene asegurado el desprestigio”.
—¿Qué le dejó el mensaje de Alberto Fernández en el Congreso? ¿A qué públicos le habló?
—El mensaje de Alberto Fernández me dejó dos impresiones. Por un lado, estuvo dirigido a la interna, con la intención, siempre presente en el presidente, de congraciarse con Cristina Fernández de Kirchner y La Cámpora, al menos en el plano retórico. Por el otro, como suelen ser estos discursos, prevalecieron las promesas, de difícil cumplimiento, y el voluntarismo. Además, el discurso tuvo algo de hipocresía: Fernández quiere hacer aparecer el acuerdo con el Fondo como una panacea cuando sabe que no lo es.
—¿Se fortaleció algo el presidente después de la renuncia de Máximo Kirchner?
—Fernández, como lo vengo sosteniendo, no es un títere de CFK. Posee una parte del poder, que es el manejo de la burocracia, o como se dice en tono coloquial, “tiene la lapicera”. Las tratativas con el FMI corresponden a la esfera que él maneja. Luego, la renuncia de Máximo Kirchner no creo que lo fortalezca o lo debilite, simplemente significa una nueva bifurcación entre la política y los deberes que impone la administración del gobierno.
—¿Ve posibilidades de ruptura en el Frente de Todos por el acuerdo con el FMI o continuarán las tensiones, pero con los principales socios dentro de la coalición?
—Pienso que todos, en el oficialismo y en la oposición, se atendrán al argumento de que el que rompe pierde. En la coalición oficialista seguirán las tensiones. El kirchnerismo pondrá distancia con el FMI, haciéndolo cargo al presidente de las consecuencias. La línea que ya marcó Cristina Kirchner con sus epístolas.
Fidanza cree que en su discurso en el Congreso Alberto Fernández buscó congraciarse con Cristina y La Cámpora
—¿Cómo analiza la situación de Cristina en esta etapa? ¿Entró definitivamente en una fase de declive?
—Sí, no sé si definitivamente, pero el ocaso de Cristina es evidente. La designación de Fernández como candidato a presidente desnudó su propia debilidad, nunca lo hubiera hecho si le alcanzaba su propio electorado para ganar. Ella carece del poder que tuvo, le esperan dificultades en el plano judicial y no tiene capacidad para alinear voluntades dentro del peronismo.
—En una situación similar, ¿Macri tiene hoy más capacidad de veto que la propia Cristina?
—Para mí Macri está en una situación que tiene parecidos con la de CFK, con la diferencia de que estando en la oposición está sometido a menos desgaste. Ambos tienen fuerte rechazo social y el apoyo que obtienen proviene de minorías radicalizadas, menos del 25% en ambos casos. Con ese capital creo que no alcanza para seguir hegemonizando la política.
—¿Larreta se apresuró al lanzarse como candidato presidencial? ¿Creyó que tenía el camino más allanado?
—Rodríguez Larreta tiene por ahora el proyecto presidencial más consistente, aunque debe sortear muchas acechanzas, las mayores desde adentro de la propia coalición: los halcones de Macri y el radicalismo, básicamente.
Rodríguez Larreta, Macri y una difícil transición de liderazgos en la oposición
—¿En 2023 habrá un reemplazo en el liderazgo de las principales coaliciones?
—La transición de liderazgos en Argentina está entorpecida por al menos dos razones. En primer lugar, por la prevalencia del protagonismo de Cristina y Macri, que son figuras muy atractivas para los medios en la época en que la política se define antes por la grieta que por el consenso. En segundo lugar, no se ven políticos con capacidad de liderazgo, algo que no es solo un fenómeno argentino.
—¿Qué viene después de las presidenciales? ¿Las reformas que el presidente asegura que están fuera de la discusión con el FMI?
—Creo que debemos entender una cosa: en condiciones de estanflación, como atraviesa la Argentina desde hace más de una década, la legitimidad de ejercicio de los gobiernos cada vez dura menos. Ahora, el FMI ejercerá una auditoría que es difícil que favorezca a unos o a otros. Sin crecimiento, la política tiene asegurado el desprestigio.
—¿Cómo definiría el estado de ánimo de la sociedad en este momento?
—El estado anímico de la sociedad es de resignación. La gente sufre y sabe que va a seguir sufriendo, pero no le encuentra sentido a ese padecimiento.
—¿Qué expresan los estudios de opinión sobre la relación entre la sociedad y la dirigencia política en general?
—Los estudios de opinión muestran que la clase política atraviesa una época difícil: la gente está desilusionada con la mayoría de los dirigentes y mira el futuro con pesimismo. Es un fenómeno argentino, pero también mundial.
—¿El malestar con la política por las recurrentes frustraciones puede llevar a la Argentina a situaciones explosivas, como las que ya atravesó post ‘83 y como las que se desataron en América del Sur en la última década? ¿O puede canalizarse desde adentro del sistema político?
—Por qué no hay estallidos sociales en la Argentina con 50% de inflación y 45% de pobreza es una pregunta que solo podemos responder con hipótesis. La principal para mí es que existe una suerte de malla de contención, vinculada con las organizaciones territoriales peronistas, los movimientos sociales, los sindicatos, la Iglesia y los planes de asistencia. La cuestión es cuánto puede resistir este dispositivo, pensando que el acuerdo con el Fondo, que requerirá sacrificios, no es la panacea que nos quiere vender el presidente.