Política

"Cristina no es cualquier jefa y Alberto llegó al poder por ella"

Según datos, el consultor sostiene que la mayoría de la sociedad cree que Fernández "no tiene la varita mágica".

Lunes 02 de Diciembre de 2019

“Cristina no es cualquier jefa y Alberto llega al poder por decisión de ella”, expresa Carlos Fara cuando se la consulta por la necesidad de autonomía que necesita el presidente electo. Para el consultor, y según sus números, la mayoría de la sociedad cree que Fernández “no tiene la varita mágica, e indica que no está esperando que un gobierno (cualquier sea) haga las cosas por ellos. Salir adelante depende de que se levanten todas las mañanas para ir a trabajar”.

   —Macri fue elegido en 2015 para terminar políticamente con Cristina y la ex presidenta, cuatro años después, presidirá la Asamblea Legislativa para el traspaso del poder. ¿Es el ejemplo más pulimentado del fracaso de Cambiemos?

   —Creo que el gran fracaso de Cambiemos es el económico. Terminar políticamente con Cristina no solo no era fácil, sino que además dependía de otros factores que Macri no manejaba. Pero más allá de eso, sí es un fracaso importante no haber podido lograr que la política argentina diera vuelta la página e iniciar otro ciclo distinto.

   ——¿Podrá Fernández construir el fernandismo en un esquema de poder donde el kirchnerismo maneja tantos lugares clave?

   —Va a ser difícil, entre otras cosas porque el contexto económico es muy complejo, y eso recorta los márgenes de maniobra de autonomía política. Además, Alberto debería animar esa corriente, la cual tendría dificultades para expresarse, por ejemplo, en el Congreso bajo la auditoría permanente de Cristina y Máximo. Había varios gobernadores que estaban impulsando el “albertismo” para equilibrar al cristinismo: Manzur, Perotti, Uñac, Zamora, quizá Bordet, Rovira, Arcioni. Pero obsérvese lo que hace CFK: le ofrece la presidencia provisional del Senado a la esposa de Zamora (ex gobernadora) y de esa manera trabaja para licuar ese bloque. El manual del buen peronista dice que el que llega manda y desplaza a su jefe político. Pero Cristina no es cualquier jefa y Alberto llega por decisión de ella.

   —¿Imagina un presidente Fernández consensuando todo con los kirchneristas o, en algún momento, cortándose solo para buscar su espacio?

   —Por política, va a consensuar todo lo posible. Problemas ya tiene bastantes como para comprarse alguno más innecesariamente. Ahora, si es por personalidad, seguramente va a buscar su espacio. Es difícil predecir esto porque es la primera vez que Alberto gana una elección y tendrá toda la responsabilidad del Ejecutivo, a diferencia de los anteriores presidentes que todos fueron líderes de sus respectivos espacios, y la mayoría tenía una construcción política propia para intuir su modus operandi, además de desempeñarse en gestiones.

   —¿Por qué Argentina no entró en la zona de estallidos sociales como en varios países de la región?

   —Primero porque Argentina tenía elecciones a la vuelta de la esquina, y con dos opciones bien marcadas: eso de por sí atemperaba los ánimos y ordenaba mejor el malestar general. En segundo lugar, porque nuestro país tiene un Estado grande y caro, pero contenedor: no son en vano el amplio sistema jubilatorio y las múltiples ayudas sociales en todos los niveles de gobierno. En tercer término, Argentina tiene estructuras sociales contenedoras, más allá del Estado: los sindicatos, los movimientos sociales; y el peronismo es un poco responsable de todo eso. Por último, comparado con Chile, nosotros tenemos desde hace unos 130 años una estructura social menos vertical, con mayor movilidad social, menos excluyente, y eso hace que los conflictos se procesen de otra manera.

   —¿Evalúa que Macri será el líder de Cambiemos y, traslativamente, el jefe de la oposición?

   —En el corto plazo es difícil que surja otro líder opositor (hoy y durante bastante tiempo Cambiemos será la única oposición que cuente) porque construir algo alternativo lleva tiempo. No hay líderes con carisma que se puedan proyectar nacionalmente, y además Macri pondrá sobre la mesa su argumento de “¿hay alguien que tenga el 40% de los votos?”. Dicho esto, el radicalismo tampoco se la va a hacer fácil al presidente saliente, ya que habrá muchos pases de factura desde lo ideológico, lo estratégico y el estilo de conducción. Haber obtenido el 40% es un factor importante, pero luego hay que saber conducir y lograr que rinda ese capital para ordenar las voluntades. Si llama a una reunión y no va nadie, o fija una postura y se la discuten públicamente, ese capital empieza a ser relativo.

   —¿Cree que Fernández tendrá un período de miel dispensado por la sociedad o que esa situación es aparte del pasado, de otras realidades y de otros gobiernos?

   —La eventual luna de miel de los primeros 100 días es más una cuestión de la política y el periodismo que de la opinión pública. La cosa no es lineal, depende de varios factores. En este contexto particular, en grupos focales que hemos llevado a cabo post elección, se puede observar que no hay expectativas desmedidas sobre lo que vendrá con Alberto. La mayoría cree que “no tiene la varita mágica”, e indica que no está esperando que un gobierno (cualquiera sea) haga las cosas por ellos, salir adelante depende de que se levanten todas las mañanas a trabajar. Es decir, no hay euforia respecto a la llegada de los FF al gobierno, se percibe una sensación de esperanza con resignación. Creen que el gobierno de Alberto será mejor que el de Macri, pero no saben si será mejor que el de CFK.

   —¿La designación de Máximo como presidente del bloque de Diputados es para licuar la influencia que puede tener Massa?

   —En parte para eso, y en parte para enviar un mensaje claro a toda la coalición respecto de quién manda y cómo no se podrá sacar los pies del plato, porque si no el Ejecutivo aplicaría el escarmiento (siempre y cuando se mantenga la sintonía entre ambos poderes). Decirle que no a Máximo, o debatirle ciertas posturas será muy difícil si no se tiene espalda política.

   —Históricamente hubo competencia política entre el presidente de la Nación y el gobernador de la provincia de Buenos Aires. ¿Imagina que esto se reeditará estos cuatros años venideros?

   —Esta va a ser una situación distinta porque tanto uno como otro llegan por decisión de Cristina, no por méritos políticos propios (capacidad electoral, construcción política, liderazgo). Además, Kicillof hereda problemas serios y estructurales como para distraer mucha energía en ser una competencia con Alberto. Básicamente, necesita el auxilio financiero del gobierno nacional para poder hacer algo más que pagar los sueldos y cumplir con las deudas que recibe. Además, en principio, si alguien está antes la lista de sucesión es Máximo, más que el gobernador. En todo caso alguna competencia se podría instalar si el cristinismo lo anima a Kicillof a darle pelea a Alberto en el plano simbólico (cultura, derechos humanos, desarrollo social, seguridad, por ejemplo).

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario