Jueves 17 de Noviembre de 2022
A unas 35 semanas de las elecciones primarias de 2023, la marcha de retorno de Cristina para encabezar el reagrupamiento de las fuerzas políticas del campo nacional popular tuvo su primer capítulo en el Estadio Único de La Plata. Un punto de partida alto en volumen y calidades de presencias, en el fervor de sus seguidores, y lo principal: en la búsqueda de la lideresa por plantar los ejes con los que pretende volver a convocar a quienes se alejaron electoralmente del FdT o directamente expresaron el rechazo en 2021 con otras opciones electorales.
El atentado fallido contra su vida, hace 77 días, fue transformado en una oportunidad: “Quiebre del pacto democrático” de 1983 llamó Cristina al intento de magnicidio en la puerta de su casa de Juncal 1411, en la Recoleta de Buenos Aires. Y llamó a todos los partidos políticos a reconstruirlo, “nadie puede pretender la muerte del adversario político”.
En ese punto, la vicepresidenta abrió el tema a la inseguridad ciudadana, el delito que condiciona gravemente la vida de millones en los centros urbanos. Y sorprendió: “Ningún partido lo pudo solucionar, terminemos con el debate berreta de los mano dura y los garantistas”. Pidió más gendarmes en el Conurbano bonaerense y fustigó con dureza la política macrista de Seguridad, “que puso a una Miss Argentina en el ministerio (Seguridad) y a la hermana a controlar los gastos reservados”.
Cristina hizo equilibrio entre defender los fundamentos y los logros del ciclo kirchnerista 2003 a 2015, y abrirse a las demandas de sectores políticos por fuera de los propios. Llamó a Hipólito Yrigoyen el “primer presidente nacional y popular”, reivindicó el juicio a las juntas militares de 1985 que promovió Raúl Alfonsín y subrayó: “Néstor y yo nunca estuvimos con la violencia y nos mantuvimos con Perón”, en clara alusión al devenir de las organizaciones armadas de origen peronista que actuaron en la primera mitad de los años 70, y enfrentaron a Perón.
Con todo, el hilo conductor de un discurso histórico, con pretensión didáctica, “para entender el presente y proyectar el futuro”, repasó el rol clave del "Partido Militar" (golpes de Estado desde 1930 a 1976) y su sustitución en la etapa actual por el “Partido Judicial”.
Cristina no mencionó los juicios que enfrenta y que apuntarían a una condena en primera instancia en los próximos meses, pero relacionó cómo las decisiones de un puñado de jueces “impactan en la vida de todos ustedes”. El ejemplo: el costo de internet en octubre —desregulado por una cautelar judicial a pesar de una ley que lo establece como servicio público regulado— “aumentó en octubre 12 por ciento, el doble que la inflación, que fue del 6,3 por ciento”.
La otra pata principal del renovado armado discursivo de Cristina, con el que piensa meterse en el fragor electoral de 2023, fue fustigar las políticas neoliberales: las privatizaciones, por caso, de Aerolíneas Argentinas y jubilaciones. “Ya lo hicieron en los años 90 y fue un fracaso total para el país y para los argentinos”, sintetizó.
Con el acto de La Plata, las disputas internas en el FdT que tanto centimetraje ocuparon hasta hace pocos meses, han quedado en el pasado. Cristina igual se sigue cuidando en “no reprocharle nada a nadie”, y en aclarar: “Las cosas que decimos son para ayudar" a la gestión de Alberto Fernández. Cuando la multitud atronó en el estadio con la consigna “Cristina presidenta”, la lideresa escuchó con tranquilidad y contestó con una frase de Perón: “Todo a su medida y armoniosamente”. Desde ya, sería políticamente innecesario y hasta negativo un anuncio tan temprano de una probable candidatura. Falta demasiado tiempo, rosca, acuerdos, y tomar el pulso de los hombres y mujeres de a pie para tamaña decisión.
“La fuerza de la esperanza”, consigna mega exitosa en la campaña del Frente para la Victoria en 2011, volvió engalanar el escenario del estadio Maradona de La Plata. “Sabemos hacerlo”, reiteró Cristina, porque “ya lo hicimos”, y mostró una curva histórica de la participación del salario de los trabajadores sobre el Producto Bruto Interno nacional.
Los único tres momentos donde alcanza e incluso supera por poco el 50 por ciento: primer gobierno peronista, año 1974 (tercer gobierno de Perón) y último gobierno de Cristina Kirchner. Si un problema clave del actual gobierno de Alberto Fernández es el deterioro de los ingresos de los trabajadores —votantes mayoritarios del peronismo—, “¿por qué no hacer lo mismo ya hizo este movimiento político, tres veces?”, se pregunta Cristina, mientras todo indica que puso primera para un proceso político que tiene altas chances de volver a colocarla a la cabeza de una propuesta electoral.