Contundente testimonio contra Lo Fiego y Marcote
Se retomaron ayer las audiencias por la Causa Díaz Bessone en el Tribunal Oral Federal Nº2 (TOF-2) de Rosario, que juzga los delitos de lesa humanidad que se produjeron en el ámbito del II Cuerpo de Ejército durante la dictadura procesista.

Martes 15 de Marzo de 2011

Se retomaron ayer las audiencias por la Causa Díaz Bessone en el Tribunal Oral Federal Nº2 (TOF-2) de Rosario, que juzga los delitos de lesa humanidad que se produjeron en el ámbito del II Cuerpo de Ejército durante la dictadura procesista.

El primero en declarar fue Francisco José Reydo, quien fue secuestrado el 14 de octubre de 1976 y permaneció privado ilegítimamente de su libertad hasta el 18 de abril de 1979. Entre los miembros de la patota que fue a buscarlo a su casa se encontraba uno de los imputados en la causa, el «Ciego» José Rubén Lo Fiego. Al igual que la mayoría de los testigos, señaló a este represor como uno de los responsables de llevar a cabo las torturas, junto con el «Cura» Mario Alfredo Marcote, también imputado.

“El «Ciego» me torturaba junto con el «Cura». Este me decía: «Soy el dueño de la vida y la muerte, soy Dios; así que yo decido que hablás»”, dijo el testigo ante el TOF-2.

Al ser preguntado por el fiscal de la causa, Gonzalo Stara, describió a ambos imputados: “El «Ciego» tenía una voz muy clara y muy autoritaria, podríamos decir una voz profunda; usaba lentes muy gruesos, peinado a la gomina hacia atrás, era morrudo, grandote. El «Cura» era mucho más delgado que el «Ciego»; a veces tenía lentes, a veces no”, señaló Reydo.

Reydo también recordó que durante su cautiverio en el Servicio de Informaciones (SI) se encontró con otros compañeros: “Me dejan en «la favela», ahí estaban el «Ciruja» José Oyarzábal, Eduardo Laus, Gustavo Píccolo, Carlos Pérez Risso; son los que alcancé a ver. Me arrastro hasta ellos, lo toco al «Ciruja», le digo: «Ciru, soy yo, Pancho». José me dice: «Panchito, aguantá, que no caiga nadie, que no pase ningún compañero por esto». Laus me pone la mano en el hombro, no dice nada, pero esa mano en el hombro me decía todo, era compañerismo, era solidaridad”.

En otro tramo de su relato dijo: “Para mí, haber estado con Píccolo, Pérez Risso, Laus y Oyarzábal fue una bendición de Dios; la fortaleza que ellos me dieron para resistir fue maravillosa”.

Eduardo Laus y José Oyarzábal, junto a Daniel Oscar Barjacoba, Analía Murgiondo, María Cristina Márquez, Sergio Abdo Jalil, y Cristina Noemí Costanzo integran el grupo de siete personas que fueron asesinadas cerca de la localidad de Los Surgentes, provincia de Córdoba, el 17 de octubre de 1976, luego de permanecer cautivos en el SI.

Reydo también mencionó con emoción a la familia Bettanin, diezmada por la dictadura: “Una mujer me baja la venda y me dice quién era, era la madre de Leonardo Bettanin, Elba (Ferraro de Bettanin); estaban también María Inés (Luchetti de Bettanin, esposa de Leonardo) embarazada y otra mujer, una vecina de los Bettanin. Elba caminaba de un lugar a otro y decía que la habían torturado y que la habían violado. Quiero pedirle al tribunal, con sumo respeto, que consideren a las violaciones un delito de lesa humanidad, por una cuestión de respeto a las mujeres que las han sufrido”.

Con mucha emoción, Reydo cerró su testimonio de este modo: “Me gustaría terminar con las que fueron las últimas palabras de los compañeros de Los Surgentes, antes de ser fusilados: ¡Viva la Patria!”.

Por la tarde declaró Mirta Wurn, hermana de Hilda Juana Wurn. Hilda fue secuestrada, a los 36 años, en octubre de 1976 y permanece desaparecida. “Hilda era profesora de filosofía. Me comentó que trabajaba con Lescano en la educación de adultos. Militaba en Montoneros. Cuando mataron a Lescano y a Rodríguez Araya, ella dijo: «Ahora me toca a mí»”. (Se refiere a Eduardo Luis Lescano, quien fue docente y secretario del Ministerio de Educación de la provincia, asesinado en septiembre de 1975).

En otro tramo de su declaración, Wurn dijo emocionada: “A mi hermana la respeto muchísimo, era una idealista, dio su carrera, sus pertenencias; cuando no le quedó nada, dio su vida”.

Al finalizar, la testigo cerró su declaración preguntando al Tribunal y a las partes: “¿Alguien sabe algo sobre dónde desapareció mi hermana, en qué fecha; alguien sabe algo acá?”. Por la desaparición de Hilda se encuentra procesado Ramón Genaro Díaz Bessone.