Política

"Con el gobierno de Macri las políticas sociales retrocedieron al siglo XIX"

Daniel Arroyo, graduado en Ciencia Política, ex viceministro de Desarrollo Social (2003-2007) y actual diputado nacional, electo por el Frente Renovador en 2017.

Domingo 08 de Septiembre de 2019

Aunque prefiere no subirse a ningún cargo de antemano, Daniel Arroyo sabe que su nombre suena fuerte como ministro de Desarrollo Social en un casi seguro gobierno del Frente de Todos (FdT), desde el próximo 10 diciembre. Fue viceministro de Desarrollo Social con Alicia Kirchner durante la presidencia de su hermano Néstor, y luego ministro en la misma área, en la provincia de Buenos Aires. Graduado en la UBA, en Ciencia Política, especialista y consultor internacional en políticas sociales, sumó vocación política a su alto perfil técnico y reconocimiento en el mundo académico. Integró el Frente Renovador, fue electo diputado nacional en 2017, aunque luego se alineó con Felipe Solá, en Red por Argentina, bloque de diputados que preside en la actualidad.

"No es lo mismo comer que no comer. En la Argentina hay un problema de hambre, real", advierte, sobre la situación dramática que soportan millones de argentinos. En una entrevista exclusiva con LaCapital en su despacho del piso 11 en el edificio anexo al palacio del Congreso, Arroyo agrega: "Eso es mate cocido y un pedazo de pan, son más chicos en comedores comunitarios, y más chicos que se quedan a comer en las escuelas. Se produce un desborde, por exceso de gente y eso, luego, genera tensiones".

—¿Por qué llegó a este punto el hambre a la Argentina?

—Porque bajó el ingreso de las familias y subió el precio de los alimentos.

—¿Soluciona algo una declaración de emergencia alimentaria?

—La emergencia hay que declararla. Todos los movimientos sociales la plantean, hasta la UIA (Unión de Industriales de la Argentina) lo plantea. Lo razonable sería que el gobierno nacional la declare.

—¿Qué implicaría en la práctica la declaración de la emergencia alimentaria?

—Reasignar partidas presupuestarias a los comedores comunitarios, y comprar de manera rápida simplificando los procesos licitatorios. Es como si tenés una inundación y necesitás comprar de manera rápida colchones para asignarlos a los centros de evacuados.

Sin embargo, existe una emergencia vigente, que se viene prorrogando, el instrumento jurídico ya lo tiene el gobierno. ¿Por qué es necesario volver a declararla, o ampliarla?

—Se han declarado varias, en los últimos años. La última es de 2016, cuando se declaró la emergencia social que creó el salario social complementario a través de las organizaciones sociales. Equivalente a medio Salario Mínimo Vital y Móvil (que alcanzará unos 16 mil pesos en octubre). Una nueva emergencia alimentaria obligaría a reasignar partidas específicamente a los alimentos. El Estado transfiere hoy a las provincias 130 pesos por persona por mes, los mismos 130 pesos que transfería en 2016. Las provincias lo complementan con otros aportes.

—Durante la etapa del kirchnerismo la ayuda social tendió a universalizarse. Con el macrismo volvieron algunos modos discrecionales. ¿Cómo imagina el futuro desde el 10 de diciembre?

—El actual gobierno fue desarmando los programas de "segunda generación", niñez, jóvenes, actividades productivas, créditos, violencia de género, todo lo que genera movilidad social ascendente, y volvió a los bolsones de comida. La política social retrocedió al siglo XIX.

—¿El acuerdo con las organizaciones sociales, del actual gobierno, entregando comida, no termina, además, abonando la tesis del clientelismo con los pobres y otras descalificaciones que expresan sectores políticos de la Argentina?

—No, yo creo que los movimientos sociales son parte de la solución y no del problema. Hay que articular, y en tres dimensiones, primera en asistencia alimentaria. Porque pobreza hubo también antes de Macri, sin embargo, ahora hay mucho más, en gran medida por el costo de los alimentos. También por los costos de los servicios y por el endeudamiento de las familias en los barrios, de manera informal a tasas siderales. En 2001 tuvimos 57 por ciento de pobreza, sin embargo, los alimentos no eran tan prohibitivos por costos como ahora.

—Para bajar los costos de alimentos, harina de trigo, leche, carne, ¿hay otro modo que no sea subir retenciones a las importaciones, garantizar un cupo para consumo interno?

—La política social siempre estará asociada a un marco económico general. La salida de la Argentina pasa por la reactivación, el crecimiento, consumo interno. Si se amplia la torta de la riqueza, todo empezará a tener otro color. En materia social, imagino cuatro políticas para el próximo 11 de diciembre: ley de góndolas, impidiendo que ninguna empresa tenga más del 30 por ciento de la góndola. Apoyo a los pequeños productores con créditos. Para que tengan escala y competitividad. Y luego una intervención decidida del Estado en la cadena de valor. No es posible que el litro de la leche arranque a 7 pesos en el campo y termine a 55 en el supermercado.

—Si le tocara volver a trabajar en un cargo relevante en Desarrollo Social, ¿qué diferencias y similitudes tiene la Argentina de 2019 con la de 2003?

—En 2003 tuvimos más pobreza (57 por ciento), más desocupación, y un contexto internacional más favorable por el precio de los commodities.

—¿Para el precio interno de alimentos, si no se aplican retenciones, el valor de los commodities pueden ser un problema y no un beneficio?

—En la Argentina si no hay una política activa del Estado no hay manera porque lo que genera actividad económica no genera trabajo. El gobierno actual tiene un problema conceptual, entiende que hay que vincularse al mundo con soja, minería, sector financiero y salarios bajos. Más que una política económica es una idea de negocios. Nos proponen jugar un partido con un árbitro que tiene la camiseta del equipo contrario. Por lo demás, ese esquema deja a 20 millones de personas afuera del sistema. ¿La Argentina debe abandonar esos rubros?, por supuesto que no. Pero el país también es construcción, textil, comercio, metalmecánica, turismo y mucho más. Son las cosas que mueven a la economía y le dan laburo a un pibe que arranca.

—Macri, y el sistema comunicación que lo apoya, repitieron constantemente que el camino empieza por "abrirse al mundo"...

—Es una idea absurda. Y con la llegada de Trump ya ni tiene sentido discutirla. Porque el propio Estados Unidos se cerró al mundo.

En los últimos 15 meses se derrumbó la economía, la imagen presidencial, se aceleró la unidad en el FdT con un desenlace impensado: la fórmula FF ganó por más de 4 millones de votos y quedó a sólo 120 mil de obtener el 50 por ciento. ¿Cómo se explica?

—En 2017, la sociedad ya sabía que había problemas, pero como en un matrimonio, le pareció que había que dar otra oportunidad, que era muy poco tiempo. Tras cartón viene la reforma previsional que fue una catástrofe, luego las devaluaciones, aumento de precios, Fondo Monetario y demás. Ya en 2018 la sociedad había roto con Macri, aunque no sabía bien por dónde iría. Luego con la unidad de peronismo, con la candidatura de Alberto, la gente dice es por acá.

—¿Quién o quiénes tuvieron la mayor virtud en la formación del FdT?

—Muchos, aunque el actor central es Alberto. En 2017 tuve mi primera sesión (recién asumido como diputado) el 14 de diciembre, cuando se termina aprobando la reforma previsional (que voté en contra). Esa noche me voy decepcionado, y pensando que el único camino era la unidad. A los tres días empezamos a trabajar con Alberto y otros compañeros con una idea, sin Cristina no se puede, con Cristina sola no alcanza. Luego trabajamos fuerte, y surge la decisión determinante de Cristina al anunciar la fórmula.

¿El sábado 18 de mayo se enteró de la fórmula FF por el video que publicó Cristina?

—Sí, impresionante la inteligencia de Cristina. Sobre todo, por elegir a Alberto. Todos en política tenemos un tiempo, un momento, y este es el momento de Alberto.

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