"Comé aceite"

Martes 28 de Mayo de 2019

En medio del desenfreno de quienes pugnaban por hacerse de algo de valor del supermercado La Sandro, de Mister Ross 750, se registró una situación curiosa. Una mujer trataba de llevarse un atado de escobas de paja. En el interior del local, ya desvastado, con el piso cubierto por botellas partidas, bolsas de harina (o de azúcar) rotas, y de otro sinnúmero de artículos, un policía que trataba que el destrozo fuese menor, le dijo a la joven “comé aceite, nena”. En efecto, a un metro de las escobas había seis botellas de un litro y medio de aceite Cocinero.

Las maniobras para infundir terror a los rosarinos fueron exitosas, al menos durante unos días. Desde una emisora radial se advertía sobre el avance de una temible columna integrada por vecinos armados con palos y todo tipo de armas, que avanzaba en distintos barrios para concretar (o repeler, según el caso) desmanes. La especie cobró tal fuerza que llegó a convencer a algunos policías. La Capital intentó hablar con “la columna” y recorrió barrios de la zona norte, sur y oeste. Así, en Lamadrid y Grandoli, los cronistas se toparon con gendarmes que desmintieron las versiones. En esas instancias, pasó por el lugar un camión de la EPE que llevaba algunos policías en la caja. Allí se anoticiaron que la amenaza era infundada. Un detalle, los policías llevaban pasamontañas que les cubrían las caras.

A fin de confirmar la información de los gendarmes, los cronistas se dirigieron al sur de la ciudad por San Martín hasta la Circunvalación, y por ésa enfilaron al este. El móvil del diario era una combi VW pintada azul oscuro. Al llegar al cruce con Ayacucho, un móvil del Comando Radioeléctrico paró el transporte para saber por dónde iba “la columna”. Costó convencer a los efectivos que se trataba de una versión maliciosa. Al final, pidieron que se diera aviso a la seccional de Pueblo Nuevo.

El chofer se acercó a la comisaría por una calle poco iluminada. De pronto, desde las azoteas comenzaron a disparar escopetazos. El chofer asomó la cabeza por la ventanilla y con un tono de voz elevado varias octavas por el miedo comenzó a gritar “Diario La Capital, diario La Capital”. Afortunadamente el incidente no causó heridos. Esta vez, también, el comisario no podía creer que lo de la columna era mentjra. Por fin, mandó a los vecinos que estaban armados en los techos que se fueran a dormir.