Política

"Cambiemos se aferró al poder con vitalidad y oficio, como los peronistas"

Andrés Malamud se recibió con honores en la carrera de Ciencias Políticas de la UBA. Doctorado en el Instituto Universitario Europeo. Vive en Portugal y trabaja como investigador de la Universidad de Lisboa.

Domingo 21 de Julio de 2019

Andrés Malamud es uno de los cientistas políticos más consultados. El profesional pasa su tiempo part time entre Portugal y Argentina, lo que le permite tener una mirada diferente al grueso de los politólogos de cercanía. "Con esta economía ningún oficialismo ganaría las elecciones. Pero Cambiemos no es cualquier oficialismo: es la coalición de no peronistas que aprendió a gobernar como los peronistas, aferrándose al poder con vitalidad y oficio", sentencia Malamud.

En una entrevista con La Capital, dice no estar sorprendido por la derrota de Frente Progresista a nivel provincial, pero sí por la debacle del socialismo en la interna frente a Pablo Javkin: "Esa fue una novedad de impacto nacional", asegura.

—La sensación es que el país, políticamente, está parado como hace cuatro años atrás. Con algo peor: parece haber más intención de votar "en contra de" que "a favor de". ¿Está de acuerdo?

—Sí, y el mismo Jaime Durán Barba declaró algo parecido: ésta es una elección entre el miedo y la decepción. Pero las terceras opciones naufragaron, así que es difícil culpar a las dos que fueron exitosas en sobrevivir.

—El gobierno nació con la idea de generar "un cambio cultural" pero termina llevando a Pichetto como candidato a vice. El mismo Pichetto que se reconoce como "la vieja política". ¿Perdió el nylon de lo nuevo el macrismo?

—La expresión "cambio cultural" siempre me pareció irreal. Cristina ganó con el 54 por ciento y, cuatro años después, Macri ganó con el 51 por ciento: es un legítimo cambio electoral. No le adjudico mayor entidad que a cualquier otra alternancia en democracia.

—¿Por qué el gobierno publicita la elección que viene como de vida o muerte, al punto que dice que está en juego la democracia?

Es racional: en una elección, el objetivo es diferenciarse. Pero si una elección pone en riesgo a la democracia, la democracia ha fracasado. No creo que sea el caso.

—-¿El gobierno no va a ganar las elecciones por la economía, pero puede perderlas por la economía?

—Sí, claro. Con esta economía ningún oficialismo ganaría las elecciones. Pero Cambiemos no es cualquier oficialismo: es la coalición de no peronistas que aprendió a gobernar como los peronistas, aferrándose al poder con vitalidad y oficio.

—¿Observa que la polarización entre el peronismo y el macrismo llegó para quedarse o que puede haber un tercero en pugna?

—Terceros no hay. El espacio político argentino es bipolar: de un lado, los sectores populares representados por el peronismo; del otro, las clases medias representadas por los partidos no peronistas (aunque recluten dirigentes peronistas). En Argentina, clase mata ideología; por eso, el peronismo puede ser neoliberal en una década y progresista en la siguiente, y Cambiemos puede ser gradualista un bienio y ajustador al siguiente.

—¿Un triunfo de Kicillof o de Vidal en provincia de Buenos Aires definirá un eventual ballottage o puede haber triunfos cruzados?

—Ningún resultado bonaerense anticipa el resultado provincial. Una derrota ajustada de Vidal, por ejemplo, podría impulsarla a cargarse al hombro el ballottage y recorrer el país pidiendo el voto para Macri "para no repetir la injusticia bonaerense". Hay antecedentes: en 1989, el electorado porteño percibió como una estafa que un contubernio entre el PJ y la UCeDé le birlara la banca senatorial a De la Rúa en el colegio electoral, y en 1991 lo compensó con una victoria abrumadora para diputado. El resultado cruzado inverso, Fernández en Nación y Vidal en provincia, es más improbable.

—¿Le sorprendió la decisión de Cristina de no ser candidata presidencial pero quedarse un escalón más abajo de la escalera?

—Sí. Por mérito suyo o incapacidad mía, Cristina siempre me sorprende. Aun si al final no tiene éxito, la estrategia fue inteligente: en un sólo día, los gobernadores peronistas que apoyaban su fórmula pasaron de 5 a 13.

—¿Qué debería hacer la fórmula peronista que no está haciendo?

—No soy experto en campañas electorales, pero hay algo evidente: es necesaria una estrategia. Y no está claro que el Frente de Todos la tenga. La división del trabajo no es clara, el candidato presidencial está sobrecargado de funciones y la candidata a vicepresidenta no es capaz de explicar que rol cumpliría en un eventual gobierno.

—¿Y que debería hacer el binomio Macri-Pichetto que no está haciendo?

Sigo sin ser experto en campañas, pero da la impresión de estar haciendo lo que hay que hacer, y bien. Cambiemos no gobernará muy bien, pero haciendo campaña es inigualable.

—¿Usted, que es radical, cómo evalúa la posición del radicalismo, que ni siquiera fue convocada para integrar la fórmula presidencial?

—El radicalismo es un partido de expresión territorial más que ideológica. Su aspiración consiste en mantener y eventualmente ampliar las gobernaciones, intendencias y legisladores que posee. Como demostró Julio Cobos, la vicepresidencia no acarrea grandes beneficios partidarios.

—¿Los gobernadores peronistas van a jugar a fondo con la fórmula F-F?

—Algunos jugarán a fondo, otros no. Lo mismo sucede con los intendentes del conurbano. La mayoría de los gobernadores peronistas fue reelecta este año y tiene aspiraciones para 2023: a ellos les conviene un presidente sin reelección (Macri) que uno que pueda reelegir (Fernández).

—¿Qué representan estas Paso, al margen de que serán una gran encuesta?

—Las Paso son un censo, no una encuesta, porque votan todos. Y son un censo con consecuencias por dos razones: la primera es que las listas que no lleguen al piso del 1,5 por ciento serán eliminadas; la segunda es que los electores utilizarán los resultados para reorientar su voto en la primera vuelta, buscando hacerlo útil.

—¿Le sorprendió la derrota del Frente Progresista en Santa Fe?

—No mucho, las encuestas lo anticipaban. Lo que me había sorprendido fue la derrota del socialismo en la interna municipal de Rosario. Pablo Javkin es una novedad de impacto nacional.

—¿No es anormal que la única opción de izquierda sea el trotskismo? ¿No le hace falta una opción socialdemócrata a la grilla electoral?

—No observo opciones socialdemócratas en casi ningún país de América latina. Las categorías ideológicas europeas no se llevan bien con nuestro continente.

—¿Es optimista o pesimista respecto de la recuperación del país?

—Optimista, siempre. Aunque siempre me equivoco (risas).

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