Domingo 30 de Octubre de 2022
Leandro Busatto, diputado provincial por el Frente de Todos (FdT), busca pegar el salto de su trabajo legislativo al máximo cargo del Ejecutivo santafesino en las elecciones del año que viene. Si bien aún falta fijar el cronograma electoral, el titular del bloque del FdT ya trabaja junto a su espacio (La Corriente) para armar una candidatura a gobernador que reúna no solo a peronistas sino a otros sectores identificados con el progresismo.
De relación distante, y por momentos confrontativo, con el gobernador Omar Perotti, Busatto sostiene que hoy la relación está mejor porque se están administrando mejor las diferencias en el PJ provincial. “Perotti no es solo gobernador por méritos propios sino por el esfuerzo del todo el peronismo santafesino”, sostuvo el legislador en una entrevista con La Capital.
-Perotti todavía no fijó el cronograma electoral, pero ya hay movimientos de dirigentes que apuntan a una candidatura. ¿Usted se va a postular para gobernador?
-Sí, voy a ser candidato por el espacio de La Corriente. Estoy caminando la provincia para construir una alternativa que tiene que reivindicar una forma de ver y entender el peronismo, y también una serie de valores que tienen que ver con la reivindicación de los sectores populares y progresistas. La provincia de Santa Fe, por primera vez en mucho tiempo, va a un esquema binario. De un lugar va a estar la centroderecha, que está cada vez más a la derecha, y que va a terminar en Juntos por el Cambio (JxC). Nosotros tenemos que construir en el sentido opuesto: un gran frente popular que logre aglutinar el peronismo y a aquellos sectores con los que tenemos más o menos coincidencias sobre algunas cosas. Cuando digo más o menos es porque la Argentina y la provincia también necesita los grises. Tenemos que buscar en los sectores progresistas algunos grises que nos permitan resguardar intereses comunes de la sociedad.
-¿Con que sectores está hablando?
-Desde Ciudad Futura, pasando por Carlos Del Frade, hasta los movimientos populares y sociales, los sindicatos. Más allá de los nombres propios, estamos tratando de buscar coincidencias con aquellos sectores de la política que defiendan las cosas que nosotros entendemos que el Estado santafesino debe tener, inclusive de mejorar. Porque al peronismo productivista de Perotti hay que agregarle el peronismo distributivo, mucho más amigable con los laburantes, más conciliador con los trabajadores del Estado. Este gobierno de Perotti no lo ha hecho. También hablamos de un peronismo que aborde el tema de la seguridad de otra manera.
-¿Cómo está su relación con el gobernador?
-De respeto y entendiéndonos diferentes. Cuando uno entiende que puede pensar diferente en algunas cosas te respetan más o a uno lo deja más tranquilo. El error que suele cometer un político es que todo tiene que ser a imagen y semejanza de uno. Y el gobernador creyó que el peronismo tenía que ser a imagen y semejanza de él, y nunca fue así. Perotti no es solamente gobernador por un conjunto de méritos propios, sino por el esfuerzo de un montón de sectores del peronismo que, abrazados en la idea de una causa común, dejamos nuestras diferencias y ambiciones de lado. Nos comprometimos a trabajar por los santafesinos y en un momento esas diferencias volvieron a surgir porque el método de hacer política de Perotti, o la visión sobre algunas temas era diferente, con lo cual no lo hace ni mejor ni peor, pero sí tenemos la posibilidad de vernos diferentes. El día que volvieron a entender que la diferencia en política es un valor y no un disvalor, mejoramos de vuelta la relación. Hoy tenemos una relación normal. Nosotros queremos que al peronismo le vaya bien. El problema es que el gobernador se tiene que convencer de eso.
-En este armado, ¿ya pensó con quién va a integrar la fórmula?
-Primero, estamos trabajando a conciencia con la idea de proyectar un conjunto de discusiones. Venimos trabajando en la construcción programática y territorial. Creo que la política tiene que escuchar más de lo que habla en este 2022 y el año que viene presentar una serie de propuestas que nos permitan decirle a los santafesinos qué vamos a ser el día que gobernemos. El atraso de las elecciones nos benefició a quienes estamos generando acuerdos en función de crear una formula que exprese no solamente nuestros sector sino a otros sectores también. En ese trabajo estamos. Mi compañera de fórmula seguramente va a ser mujer y del sur provincial.
-¿Como observa particularmente lo que ocurre tanto a nivel provincial como nacional?
-Estamos en una etapa de mucha complejidad. Se acercan momentos de definiciones y el peronismo tiene que hacer un esfuerzo tanto en la Nación como en la provincia de volver a entretejer un armado, ampliando las fronteras de los límites del peronismo que le permita expresarse a un sector importante de la sociedad que quiere persistir en la idea de algunos parámetros construidos del posperonismo. Porque aquí se juegan dos proyectos. Uno es la de reafirmar la idea de un Estado presente: salud pública, educación pública, paritarias, sistema jubilatorio solidario. Lo otro es un retroceso a un Estado preperonista: donde el 5 ó 10 por ciento vive como quiere y el resto tiene que vivir como puede. Con defectos y con virtudes, el peronismo tiene que darse una discusión de la actualización de esos pilares con los cuales se fundó el Estado de bienestar, pero sin lugar a dudas no se puede renunciar de antemano a seguir sosteniendo esos pilares para construir una Argentina que, al menos para nosotros, trajo los mayores niveles de igualdad en América latina a partir de la llegada del peronismo.
-¿La herramienta política va a seguir siendo el Frente de Todos o tiene que haber una experiencia distinta?
-El Frente de Todos tuvo un acierto y se creó en el momento justo. Tuvo un sentido, que fue oponerse a las políticas de ajuste, pero tuvo un proceso de degradación al no haber encontrado un funcionamiento institucionalizado. Es decir, pudimos construir algo en contra de, pero después no supimos utilizar ese Frente de Todos para diseñar las políticas que nos permitiera transitar este tiempo construyendo políticas de acuerdos que nos permitan enfocar esto en un modelo más amplio. Me parece que hay que rediseñarlo.
-¿Cuáles fueron los errores que se cometieron?
-No sé si hay errores, hay factores que conspiran con ese tipo de construcciones. Primero el factor cultural. En la Argentina los liderazgos son muy personales, con características muy hegemónicas y en el Frente de Todos no había un liderazgo. Había uno que es el más importante, que es el de Cristina, pero también emergió el liderazgo del presidente, de Sergio Massa. Hay un sector que está referenciado en los movimientos sociales, en el movimiento obrero. En esas cuestiones hay que convivir y al Frente de Todos le costó mucho lograr eso. Lo segundo que atentó contra la subsistencia del Frente de Todos fue la falta de institucionalización de la política: el no discutir más allá del día a día de la gestión el rumbo político del gobierno y hacia dónde queríamos ir. Lo tercero, que fue un hecho azaroso, que fue la irrupción de la pandemia, que a nosotros nos golpeó de lleno. El peronismo es un espacio político que gestiona y vive en la calle, y estuvimos los primeros dos años fuera de la calle. Luego vino la guerra...
-También se consumieron en una guerra interna, sobre todo del kirchnerismo con Guzmán y después vino Massa a hacer un ajuste mucho mayor al que proponía Guzmán. No se entiende bien por qué se desató ese conflicto.
-Tampoco lo entiendo. Guzmán fue un ministro que llevó adelante una tarea difícil, que fue administrar la economía en medio de un acuerdo con los acreedores privados y con el FMI. Uno puede decir que le hubiese gustado más otro tipo de acuerdo, pero no sé si había otra posibilidad. Después creo que hubo algunas variables que mellaron su gestión y terminaron tensionando al interior del Frente de Todos. Una fue la idea del crecimiento de la macroeconomía por sobre sobre el reflejo del bienestar de la microeconomía. La idea de que la economía crece pero no se recuperan los salarios. Eso hizo eclosión. A mí tampoco me gusta que se hable de economía con la gente afuera. Y luego su salida fue poco decorosa y poco seria.
-Cuando se fue Guzmán la inflación oscilaba entre el cuatro y cinco. Ahora entre el seis y siete. ¿Eso fue producto de la crisis política?
-Por primera vez en mucho tiempo la política puso en crisis la economía y no la economía a la política. Cuando Guzmán se va, había una tendencia a la baja y cuando renuncia la inflación vuelve a subir, junto con una corrida cambiaria tremenda. Eso de alguna manera todavía lo estamos pagando o tratando de parar. Por otro lado, me da la sensación de que vos podés ser un muy buen ministro, muy técnico y solvente en términos económicos, pero si no tenés alguna noción de cómo hacer política vas a tener problemas.
-Algunos índices económicos son buenos, como el crecimiento y la baja del desempleo, pero aún así este gobierno tiene un alto nivel de rechazo. ¿Cuál es la explicación?
-Hay algunos datos que son sorprendentes. La Argentina crece por tercer año consecutivo. Esto no se lograba desde la época de Néstor y Cristina Kirchner. También exhibe buenos números en la macro. De hecho, la última muestra del Indec da menos del 5 por ciento de desempleo en Rosario. Paralelamente los salarios pierden por goleada frente a la inflación. Ahí hay dos temas. Yo creo que el gobierno debería enfocarse más en las políticas distributivas y que la Argentina debe lograr una estabilidad de precios que no tiene. Aun con la guerra, los precios de los alimentos en el mundo se han estabilizado y en Argentina no. Tenés que dar ahí una batalla contra los formadores de precios. Evidentemente así como los gobiernos de Néstor y Cristina fueron criticados muy fuertemente por la menara de encarar el problema de la inflación desde la Secretaría de Comercio Interior, el otro método, la creencia que el mercado todo lo regula, tampoco funcionó. Hay que rever la pelea contra la inflación, que es la pelea por la puja distributiva. Y esa pelea no suele ser pacífica.
-En medio de un clima inestable, tanto en lo político como en la económico, van a tener que salir a hacer campaña. ¿Cómo se van a enfocar?
-La campaña del año que viene claramente va a ser la puja por dos etapas. Cuando fuimos a elecciones en 2015, Macri no había gobernado la Argentina, la derecha no había gobernado la Argentina tan vernáculamente. Hubo experimentos neoliberales, incluso dentro del peronismo con Carlos Menem, pero era la primera vez que la derecha se presentaba a elecciones para disputar el poder. Macri en ese momento prometió gradualismo, que las cosas buenas no se iban a tocar, que los trabajadores no iban a pagar impuesto a las ganancias. Gobernó el país durante cuatro años y a juicio de la mayoría de los argentinos lo hizo muy mal. El año que viene vamos a poder cotejar si la gente quiere que vuelva la derecha, además con la idea de un ajuste ya anunciado, o si quiere, aun con nuestros defectos, que sigamos gobernando los que queremos una Argentina diferente en relación al rol del Estado. La diferencias entre el antes y el ahora es que tenemos que cotejar nuestra gestión con los cuatro años de Macri. Ya no son los doce años del kirchnerismo versus la promesa eterna de una derecha moderna. Ahora son cuatro años de una derecha que va a volver más dura que nunca versus cuatro años de un gobierno que tiene mucho para mejorar, pero que tiene en el peronismo la idea de recuperar la economía con toda la gente adentro.