Alberto busca recuperar centralidad con el apoyo en silencio de CFK
Tras las elecciones, el presidente busca reconstruir la autoridad presidencial; la ex presidenta lo apoya. El acuerdo con el fondo puede provocar otro debate interno del FdT en el Congreso

Sábado 20 de Noviembre de 2021

Los que ganaron dudan. La Argentina es más compleja para la oposición que durante los dos meses inter elecciones. ¿Fueron ocho semanas de espejismo para Juntos por el Cambio (JxC)? Los que perdieron por dos millones de votos (9,8 a 7,8), el Frente de Todos (FdT), creen que tocaron fondo con la pandemia, y que empezaron a remontar. Cifran las esperanzas en los dos millones de argentinos (por encima del promedio histórico) que no fueron a votar tampoco en noviembre, y que se presume podrían reencaminarse en una propuesta nacional popular exitosa durante los próximos dos años, luego de la frustrante experiencia de la economía nacional de precios y salarios. Una ecuación imposible para muchos.

Si ganó el que perdió, y perdió el que ganó, o viceversa, es parte de un debate inútil, por el sexo de los ángeles. El gobierno había quedado al borde del nocaut la noche del 12 de septiembre, y tras cartón se expandió un debate interno a cielo abierto: renuncias de ministros, la carta de Cristina Kirchner, un intento más agresivo de controlar precios, y territorialización de la campaña electoral, cuando todo el escenario indicaba que la caída del oficialismo se profundizaría y el tan anunciado crack político al peronismo kirchnerista, ahora sí, le había llegado su turno. No sucedió.

El matrimonio presidencial, Alberto y Cristina, se fue de pista en septiembre, pero con un par de volantazos y cabeza fría, aprovechó el palazo contra el guardrail, y volvió a la carrera en noviembre. La abolladura del golpe lateral quedó a la vista, aunque es un detalle menor; el FdT no se la dio de frente, sigue andando con la máquina peronista intacta, y en unidad. Depende de sí misma. La relación dañada en septiembre entre los dos referentes principales del peronismo forma parte de un momento político anterior de la Argentina: en el acto del día de la Militancia (semana que terminó), que la vice presidenta avaló y promovió, Alberto Fernández dialogó cara a cara con unos cien mil militantes en la plaza, en la búsqueda que más urge a la fuerza política gobernante, la de reconstruir la autoridad presidencial.

En diálogo en septiembre de la pareja presidencial se había interrumpido no por caprichos, ni vanidades, ni malos entendidos. Fue por diferencias políticas, que la hubo y las habrá, que con audacia y no sin desgaste, Cristina Kirchner decidió exponer ante la consideración pública. Mejor hablar de ciertas cosas, y que todos se enteren. Ocho semanas después, Alberto y Cristina hablan en privado, resulta evidente, y ya no se reprochan en público. La lectura política de la jefa del Senado prevaleció, Alberto la comparte y tomó un compromiso en su discurso con la militancia en la plaza, no habrá ajuste, y todas las decisiones políticas estratégicos del FdT se tomarán discutiendo. Incluso el imprescindible acuerdo con el FMI, del que todavía no se conocen los detalles, y que el presidente llevará al Congreso sin tener consensuada una postura definitiva de las distintas vertientes que conforman el frente gobernante.

“Con el FMI hay que acordar, o al menos posponer, se vienen los vencimientos, no hay mucho que inventar ahí”, dicen en el gobierno.

También Alberto usó la plaza para anticipar un anuncio sobre cómo resolvería el FdT en 2023 sus diferentes liderazgos, en las Paso, “desde el presidente hasta el último concejal”. Pareció un dato anticipado que no aporta al problema real de representación que sufre hoy el peronismo, las carencias económicas, la desigualdad, la violencia urbana. Sin embargo, que el peronismo kirchnerista incorpore las miradas diferentes en el frente gobernante, abra la discusión político a la sociedad y dirima en las urnas sus diferencias, constituye un cambio clave en el paradigma peronista kirchnerista. Después de Perón, Néstor y Cristina ya fuera de cualquier conjetura electoral futura (presidencial) ya no hay “ningún Maradona”, y no lo habrá por ahora. La definición de Alberto ante la multitud, al cabo, lo coloca en el único lugar posible para recuperar poder: no descarta que su propia figura pueda ir por la reelección – en el caso de dar un vuelco en la consideración pública- a la vez que garantiza que otras miradas prosperan, otros liderazgos, y que tendrán su oportunidad en las Paso 2023.

Ese viraje del peronismo, que pasa de la conducción férrea en la figura del líder indiscutido, a la búsqueda de las conducciones en las urnas, está impulsado, desde ya, por La Cámpora, la propia Cristina, y otros sectores del FdT. La decisión, audaz, da una vuelta de página a la tradición histórica. Aunque, por si sola, no garantiza el éxito. Solo las políticas adecuadas para sacar a la Argentina del pozo podrán reconciliar a los dirigentes con sus representados.