Política

A la espera de la vacuna, Fernández inyecta iniciativa política a su gobierno

La crisis se mantiene, pero tras la carta de Cristina el presidente y su administración empezaron a marcar la agenda pública

Domingo 22 de Noviembre de 2020

Mientras la llegada de la vacuna contra el Covid-19 se hace esperar el gobierno nacional empezó a inyectar dosis de iniciativa política a su gestión de cara a fin de año. Alberto Fernández sigue transitando por un sendero estrecho y resbaladizo pero al menos empieza a marcar la agenda pública.

   Casualidad o no, el giro del gobierno nacional coincide temporalmente con la carta que Cristina Fernández de Kirchner publicó en sus redes el 26 de octubre, un día antes del décimo aniversario de la muerte de Néstor Kirchner.

   Para el sociólogo Carlos De Angelis el texto de la vicepresidenta tuvo un peso importante. “Quitando el barroquismo con el que escribió la carta su mensaje es que ella es la madre de la criatura y que Alberto gobierne”, sostiene el especialista en opinión pública.

   A su entender, la salida del gabinete de María Eugenia Bielsa y el ingreso de Jorge Ferraresi fue una jugada fuerte, pero el presidente perdió la oportunidad para mover más fichas y reiniciar su gobierno.

   De acuerdo al politólogo Federico Zapata la epístola de Cristina tuvo dos impactos en la coalición. Por un lado, afirma, delimitó el campo de las responsabilidades: es Alberto Fernández el que debe ordenar la cadena de mandos y el empoderamiento de Martín Guzmán debe leerse en esa clave. Por el otro, añade, la carta ordenó una agenda de discusión: el programa económico de modernización y la relación con el sector privado. “CFK no desarrolla una propuesta, un qué hacer —advierte el director de la consultora Escenarios—. Pero desde su liderazgo, le despeja el camino a Alberto Fernández para que ensaye una estrategia en los dos frentes”.

   El politólogo Juan Negri considera que la administración Fernández no recuperó iniciativa política, sino que la adquirió por primera vez. “Fuera del primer momento de la pandemia el gobierno nunca mostró gestión, no pudo articular un discurso unificado, daba la sensación de haber una especie de vacío de poder”, cuestiona el profesor de la Universidad Torcuato Di Tella.

   Y agrega: “Es notorio en el último mes un comienzo de iniciativa política. Algunos movimientos de cierto ordenamiento de la economía habían empezado antes, pero la carta fue un llamado atención importante, a la manera de Cristina”.

   En tanto, el sociólogo Gabriel Puricelli prefiere no especular sobre los efectos de la carta. “Su único impacto constatable ha sido proveer un pretexto para una especie de kremlinología adivinatoria que no tiene nada que ver con el análisis político”, sostiene el vicepresidente del centro de estudios Laboratorio de Políticas Públicas, en una comparación con el estudio de los movimientos de los protagonistas del poder soviético durante la Guerra Fría. “El gobierno sí ha recuperado iniciativa a partir del empoderamiento del ministro Martín Guzmán y de la decisión de poblar la agenda legislativa de fin de año”, afirma.

Ortodoxia y progresismo

Lo cierto es que en este camino el gobierno ensaya una mixtura entre medidas ortodoxas —bonos en dólares y suba de tasas de interés para domar el dólar, fin del ATP y del IFE, y aumento de tarifas en 2021— e iniciativas en otro sentido, como el aporte extraordinario de las grandes fortunas y la legalización del aborto. ¿Será esta la marca del gobierno de Alberto Fernández, ajuste con progresismo?

   Negri cree que la coyuntura político-económica no deja mucho margen de maniobra a la mayoría de los gobiernos y el ajuste parece ineludible. Sin embargo, el especialista alerta que en su búsqueda de atender a todos los sectores de la coalición en ciertos temas como Vicentin y Venezuela el gobierno va para la derecha, después para la izquierda y al final se queda en el lugar inicial. “La ley de blanqueo de capitales que impulsa Guzmán es contradictoria con el impuesto a las grandes fortunas, al gobierno todavía le cuesta unificar una política”, critica.

   Por su lado, Puricelli observa que el gobierno empezó a coordinar las políticas fiscal, económica y monetaria, y “está superando poco a poco la cacofonía que dio lugar al súper cepo”. De todos modos, recuerda: “Peronismo y política fiscal restrictiva no son antónimos, como lo demuestran el giro de Perón con Gómez Morales en 1949 y el gobierno de Néstor Kirchner. Incluso CFK, aunque después haya tomado la dirección contraria, logró que 54% de los votantes la acompañaran con su promesa de «sintonía fina»”.

   Zapata propone una mirada de largo plazo: desde la década del 70, remarca, la Argentina no logra encontrar un modelo de acumulación y desarrollo transversal al sistema político, y la crisis de la moneda es un emergente de ese problema de fondo. “Para resolverlo, el gobierno deberá estabilizar la macroeconomía e introducir reformas estructurales —analiza—. Sin esos dos frentes resueltos, es difícil que el país recupere un horizonte de desarrollo inclusivo”.

   En este sentido, el consultor considera importante que todos los sectores acompañen con responsabilidad y se evite una saturación de demandas (“una puerta 12 contra el Estado”, grafica) que termine en una crisis total. “El gobierno debe construir la imagen de Alberto Fernández «modernizador», un puente superador de las antinomias derecha-izquierda”, sugiere.

Camino tenso

El otro interrogante es sobre la viabilidad del sendero que eligió el gobierno, tanto por arriba —al nivel de la coalición de gobierno— como por abajo: en su base de apoyos y la sociedad en general. De Angelis observa un camino tenso, pero aparentemente viable. “En 2017 Macri mandó el proyecto de cambio de la fórmula jubilatoria, que fue un antes y un después para su gobierno y eso no va a pasar ahora —contrasta—. Sí habrá un diciembre tórrido, en el que mucha gente que está en la casa y se quedó sin ingresos va a salir a buscar trabajo, y eso impactará en los datos de desempleo. Igual, soy más de la idea de implosiones que de explosiones, ya que el conurbano bonaerense está medianamente contenido por la ayuda de los gobiernos”.

   Según Puricelli, en la medida en que el gobierno “logre evitar una crisis propiamente dicha”, es esperable que el peronismo mantenga la fidelidad de su base. “Históricamente, lo ha logrado, tanto cuando ha optado por la responsabilidad fiscal como cuando ha optado abiertamente por una agenda neoliberal, como fue el caso en los 90”, recuerda.

   Zapata considera que la grieta detiene el tiempo. “Podemos pasarnos décadas peleando y destruyendo poder nacional —alerta—. Es el Vietnam de la política argentina”. En su opinión, la llave para sacar al país del pantano la tiene el peronismo, vía “un proyecto de modernización inclusiva”.

   Negri es más pesimista. “Hay dos alternativas: o Alberto sigue compensando a medida que intenta avanzar y volvemos a foja cero, o bien el gobierno decide romper lanzas y pierde apoyo en la coalición y su base. Por los dos caminos habrá inviabilidad”, alerta.

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