"Yo estoy pagando por lo que hice, pero quiero justicia para mi hijo"
"Les hubiese dado cualquier cosa, menos la vida de mi hijo. Esto es una carga y un dolor terrible para mí. Por eso no busco que me defiendan, yo ya estoy pagando por lo que hice. Sólo quiero que se haga justicia por mi pibe y mi familia". Walter Taborda apenas puede contener las lágrimas cada vez que se refiere a Milton, su hijo de 14 años, que murió una mañana de diciembre...

Domingo 16 de Noviembre de 2008

"Les hubiese dado cualquier cosa, menos la vida de mi hijo. Esto es una carga y un dolor terrible para mí. Por eso no busco que me defiendan, yo ya estoy pagando por lo que hice. Sólo quiero que se haga justicia por mi pibe y mi familia". Walter Taborda apenas puede contener las lágrimas cada vez que se refiere a Milton, su hijo de 14 años, que murió una mañana de diciembre pasado alcanzado por una bala disparada por el oficial de policía Guillermo Paz en un sospechoso e irregular procedimiento que tenía como intención detener a Taborda como sospechoso de una serie de robos en la localidad de Funes.

  La historia de este hombre de 35 años, que actualmente cumple una antigua condena por robo calificado en la alcaidía de la Unidad Regional II, es digna de un guión cinematográfico. Cuando faltan pocos días para que se cumpla el primer año de la muerte de su hijo, Taborda accedió a hablar con La Capital y el lugar donde se realizó la entrevista fue el patio del pabellón 4, sector del penal donde se alojan los "evangélicos".

  El lugar es un cuadrado "pelado", con paredes de unos 5 metros de altura y doble techo de rejas. Lo único que hay a la vista es una soga estirada a lo largo con ropa colgada y dos canillas con sus lavabos. Taborda llega al lugar y extiende cordialmente la mano derecha. Durante la nota estará junto a su defensor, Claudio Tavella. Lleva puesta una remera negra que en letras blancas reza: "Milton nunca te voy a olvidar".

 

Por mi hijo. "Yo se que lo que hice en mi vida me condena. Mi pasado y mi fama me condenan. Pero quiero defender la memoria de mi hijo", afirmó para aclarar los puntos desde el inicio.

  Taborda es un tipo robusto, que se expresa con claridad y que no tiene prejuicios al reconocer que tuvo problemas por militar en el bando opuesto al de la policía. Cuando el 5 de diciembre de 2007 su hijo de 14 años fue asesinado, él llevaba un año y ocho meses como prófugo de la Justicia. Purgaba una condena por robo calificado en la Unidad 3 y un día, aprovechando una salida transitoria, no retornó. Durante ese tiempo Taborda jura que evitó problemas y que llegó a trabajar como soldador en una empresa.

  "No volví al penal porque encontré a mi familia en la calle. A veces el diablo te da muchas cosas, pero la cárcel termina quitándotelas. Son circunstancias de la vida. Pero nunca tuve problemas y me mantuve al margen de todo", contó mientras desde el interior del pabellón se escuchaban los cánticos religiosos de sus compañeros.

 

Al salir de la escuela. Aquella mañana trágica del 5 de diciembre, Taborda junto a su mujer María del Carmen y Milton se habían encontrado en la escuela a la que concurría el adolescente, la Ceferino Namuncurá de Felipe Moré y Presidente Perón. "Eran las nueve menos cuarto. El pibe me mandó un mensaje de texto para que lo pase a buscar y fuimos con María del Carmen", contó El Gordo, apodo con el que conocen a Walter. Poco después los tres estaban en el Renault 12 en la estación de servicios de Matienzo y Perón, a 100 metros de la escuela. Taborda contó que conocía de antes al oficial Guillermo Paz. "Vivía a una cuadra de la casa de mi madre y yo sabía por comentarios de gente del barrio que estaba haciendo preguntas sobre mí", recordó.

  Paz y el suboficial Alejandro Abraham, que no vestían uniformes, llegaron al lugar en un Ford Fiesta gris. Los dos trabajaban en la seccional de Funes y, según declararon después, se aproximaron a Taborda porque lo investigaban por su presunta participación en varios robos ocurridos en esa ciudad. "Yo estaba sentado frente al volante y estos tipos aparecieron con las armas en las manos. Estacionaron el Fiesta al lado nuestro y bajaron los dos. Paz me dijo: «Walter vos sabés lo que venimos a buscar». Sinceramente no tengo idea qué querían. Tal vez hayan pensando que tenía una plata o que tenía la captura pendiente y me querían apretar", indicó.

 

Balazo letal. La primera reacción de Taborda, al ver las armas policiales, fue poner primera y arrancar. "Ahí fue cuando Abraham me disparó y me dio en el pecho. Yo seguí unos metros porque me asusté, creí que me querían matar, pero jamás pensé que volverían a tirar. Cuando escuché el segundo tiro, Milton dijo, sin llorar, «papá, me dieron a mi». Paré, en medio de la confusión no entendía nada. Salí del coche e intenté correr en busca de ayuda. Abraham me alcanzó, me tiró al piso y me puso el caño del arma en la cabeza. Pero ahí se dio cuenta de lo que pasaba. Mi mujer gritaba que habían matado al nene. Entonces le dije a Abraham «hacé lo que tengas que hacer» y me fui".

  Taborda interceptó a una mujer y le pidió la bicicleta. "Yo no la conocía. Le dije que me querían matar y entonces me entregó la bici. Llegué pedaleando hasta la casa de mi hija, en Seguí y Rouillón. Ahí me desmayé. Después me cargaron en un auto y me llevaron a la casa de mi papá, donde me bañaron y me hicieron las primeras atenciones", narró Taborda.

  Así, el hombre empezó a ofrecer detalles de su periplo como herido de arma de fuego y prófugo. Desde la casa de su padre fue a lo de la novia de un familiar. "Allí me vio una enfermera que vino especialmente de un pueblo. Me suministró sedantes y me sacó adelante", contó.

  Taborda aún no puede superar la muerte de Milton, al que llamaba Pájaro. En más de una oportundiad, dijo a este diario que se sentía responsable por su muerte. El día del entierro, en La Piedad, El Gordo aún convalecía por el balazo. Escondido y maltrecho se las arregló para asistir y darle el último adiós al único hijo varón que tenía.

  Estuvo prófugo ocho meses porque le imputaban, a raíz del incidente en el que murió Milton, resistencia calificada a la autoridad. Finalmente una patrulla del Comando Radioeléctrico lo detectó "en actitud sospechosa" y lo llevó a Jefatura. Allí, cuando lo identificaron, se supo quién era.