Policiales

Víctima de su marido, y acusada de matarlo a puñaladas, fue liberada

Un camarista ordenó la libertad con reglas para Gabriela B., que estaba en prisión preventiva por el crimen de Donato Méndez ocurrido hace 13 meses.

Lunes 27 de Enero de 2020

Los veinte años de maltrato que soportó Gabriela B., una mujer analfabeta y víctima de violencia de género que está acusada de matar a su marido un año atrás, pesaron en la decisión de un juez que la semana pasada la dejó en libertad. El camarista Javier Beltramone consideró que no existe peligro de fuga de esta mujer humilde que tiene a su cuidado a tres hijos de 1, 3 y 5 años y que recibe el acompañamiento de un centro de salud del barrio. Sólo deberá presentarse a firmar una vez por semana y seguirá con tobillera electrónica sin permiso para salir de Rosario.

La decisión dejó sin efecto el arresto domiciliario que pesaba sobre Gabriela, una medida que había sido tildada de excesiva no sólo por su defensa sino también por el Comité de América Latina y el Caribe por la Defensa de los Derechos de las Mujeres (Cladem), organización que habló de "violencia institucional" y "encarnizamiento judicial" con una mujer vulnerable a la que no le llegó antes la asistencia del Estado, que recién apareció para criminalizarla.

La decisión fue adoptada el jueves durante una audiencia de apelación en los Tribunales provinciales de Balcarce 1651. La mujer estaba desde septiembre bajo un régimen de arresto domiciliario con tobillera electrónica. En diciembre, el defensor Martín Riccardi había pedido que se hiciera más flexible el esquema para que Gabriela pudiera acompañar a una colonia de vacaciones a su nena más chica. Como ese pedido fue denegado, el abogado apeló.

El encargado de revisar el planteo fue el camarista Javier Beltramone quien tras escuchar a las partes y el breve relato de Gabriela evaluó que no existe peligrosidad procesal, es decir que la investigación no corre riesgos con la mujer en libertad. Incluso advirtió que aún debe constatarse la teoría de la acusación en un caso donde no sólo está imputada Gabriela como autora de las puñaladas provocadas a su marido Donato Méndez sino también un hijo de la pareja acusado de haberlo atontado previamente a golpes.

Aguantando por miedo

Madre e hijo plantearon que esa situación se produjo cuando Donato, a quien describieron como un hombre violento, intentó golpear a su hija menor con el filo de un cuchillo. Dijeron que Gabriela intentó proteger a su hija pero Donato comenzó a golpearla y entonces el hijo golpeó a su padre al salir en defensa de su madre.

La mujer de 40 años fue detenida nueve meses después del crimen, en septiembre pasado. Una semana antes había sido apresado el hijo mayor de la pareja, Nahuel, por un disturbio en Amenábar y Sarandí. Entonces se detectó que tenía un pedido de captura por el crimen de su padre ocurrido el 15 de diciembre de 2018 en el barrio Triángulo.

El chico de 19 años fue imputado al día siguiente y a raíz de su relato, en el que mencionó a su madre como autora de las puñaladas, la policía fue a buscar a Gabriela. La detuvieron en su casa de pasaje 1886 al 4400, la misma donde ella vivió una tortuosa relación que sólo terminó con la muerte de su pareja.

"Le pongo una mano en el corazón: jamás le di una puñalada a Donato. No se lo hice en toda la vida que él me estropeó, ¿se lo voy a hacer ahora? Estuve aguantando a ese tipo por miedo, porque no tenía adónde llevar a mis hijos, por estar bajo un techo. ¿De qué me valió?", declaró Gabriela entre pausas para llorar cuando fue imputada por el fiscal Adrián Spelta. La mujer, que además fue víctima de abusos sexuales por parte de su padre en la infancia, es analfabeta y está desempleada.

La última escena

Donato Méndez era su esposo y tenía 45 años. Fue hallado muerto en su casa el domingo 16 de diciembre de 2018. El día anterior había cobrado 2 mil pesos e invitó a un compañero de trabajo y a su jefe a comer pescado a la parrilla. Un cuñado de la víctima contó que pasaron el día comiendo, tomando vino y cerveza y consumiendo cocaína. Luego llegaron de visita Nahuel y su novia. El joven declaró que cerca de la medianoche su padre, exaltado, le pegó a su hermanita menor con el mango de un cuchillo y cuando su madre intentó defenderla, Donato la golpeó en la cara al grito de "vos no te metás".

Eso provocó la reacción de Nahuel, que vivía en situación de calle y tenía una ríspida relación con su padre tras haber sido amenazado de muerte por él. "No podía estar más con Donato porque él me discriminaba, no me quería", dijo. Según la acusación, el joven golpeó al padre con un inflador, el golpe atontó a Donato y luego su esposa lo apuñaló. Esa noche la familia se fue de la casa y al hombre lo hallaron muerto el día siguiente. La autopsia determinó que murió a las 9 de la mañana por un traumatismo de cráneo, 20 golpes en distintas partes del cuerpo y 13 puñaladas.

"Jamás le puse una puñalada a Donato. Lo que hice fue atender a mis chiquitos", dijo en la primera audiencia Gabriela. Sin parar de llorar, contó que su pareja la maltrataba, que por una golpiza estuvo a punto de perder el último embarazo, que él también les pegaba a sus hijos y que si su nena lloraba la ponía boca abajo, prendía el calefón y la metía bajo el agua. "Tenía que aguantar por miedo. Yo dormía con los ojos abiertos por miedo a él. Toda la vida estuve aguantando a ese tipo porque no tendía dónde estar. Tenía que aguantar que él se drogara y nosotros no comíamos", relató, y agregó que la obligaba a prostituirse con sus compañeros de trabajo.

Nueve denuncias

En la audiencia de apelación del jueves intervino en reemplazo de Spelta la fiscal Georgina Pairola, quien admitió que el crimen ocurrió en un contexto de violencia de género pero pidió que se confirme el arresto preventivo porque aún debe esclarecerse el crimen. Sin embargo el juez tuvo en cuenta las particulares circunstancias del caso, la situación de desamparo en la que estaba la acusada y el dramático y documentado historial de violencia. También advirtió que Nahuel ya había recuperado la libertad, lo que a su criterio volvía incongruente que la madre siguiera presa.

Para el camarista tampoco aparece "claramente demostrada" la teoría fiscal. En su decisión pesó "la cantidad de denuncias previas" —nueve— que había realizado la acusada contra la víctima. Por ello en vez de alivianar el régimen de arresto domiciliario, directamente le otorgó la libertad con la obligación de firma semanal y la prohibición de salir de Rosario. La audiencia fue presenciada por una psicóloga que asiste a Gabriela, que además recibe el acompañamiento de un centro de salud del barrio. Una red que se armó tras el crimen.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario