Policiales

Vecinos demolieron el búnker donde mataron a un "soldadito" de 12 años

El peor final para un pibe en Ludueña. Fue la noche del viernes, 24 horas después del crimen de Rolando Adrián Mansilla en el techo del quiosco de Magallanes al 300 bis.   

Domingo 14 de Junio de 2015

Una "asamblea popular" de vecinos de la zona de Magallanes al 300 bis decidió el viernes a la noche, al filo de las 22, poner fin al búnker de "El Diente", el lugar donde 24 horas antes había sido asesinado Rolando Adrián Mansilla, el chico de 12 años que custodiaba el lugar desde el techo y recibió tres balazos de un par de maleantes que llegaron en moto. Los vecinos tiraron abajo el lugar, lo demolieron sin dejar nada en pie. "Ayer al mediodía (viernes) nos metieron el cuento de que la Municipalidad iba a tirar abajo el búnker. A la tarde vino el dueño queriendo soldar de nuevo el portón. Y nosotros ya vimos cómo termina eso. Hoy ya iban a estar vendiendo droga de nuevo. Así que a la noche agarramos y lo tiramos abajo. Si quieren droga van a tener que caminar un poco más". La voz del hombre afincado en lo más pobre del barrio Ludueña resonó como el discurso de un mitín de campaña. Pero no hubo aplausos ni vivas. Sólo el silencio que sigue a la muerte.

El día después de que los medios nacionales e internacionales se hicieran eco de que un pibe de 12 años había sido asesinado sobre el techo de un quiosco de venta de drogas, la geografía de Magallanes al 300 bis se había modificado. Los pocos vecinos que el viernes se animaron a hablar con la prensa, esta vez no estaban en la vereda. Sólo había algunos carreros que trataban de conseguir chapas, tirantes, escombros o algún que otro bloque o ladrillo hueco que no hubiera sido afectado por la ira popular. Entre esos escombros podían verse derrumbadas paredes de más de 60 centímetros de ancho de lo que fuera el búnker. Y en la calle había bronca para todos.

Irracional. El jueves, al filo de las 21, el pibe Rolando Mansilla estaba sobre el techo del búnker de "El Diente" prestando custodia a otro chico que vendía adentro del quiosco: un nene de 10 años. Como daño colateral de una balacera ocurrida esa tarde en Olavarría al 900 bis, en la que resultaron heridos gravemente dos muchachos, ya de noche una moto se estacionó frente a Magallanes 354 bis. Dos hombres bajaron y en lugar de comprar droga dispararon al aire al menos dos veces. No hubo intención en ellos de robar el búnker. Cuando el pequeño vigía se asomó para proteger el quiosco, hubo un intercambio de disparos que finalizó con un balazo en el cráneo de Rolando. El chico murió sobre el techo y su sangre se derramó sobre la vereda. Junto a él quedó una bomba molotov que no tuvo tiempo de usar.

"Hace muchos años que este búnker está acá y ahora todos vienen porque mataron al pibito. La semana pasada un vecino fajó a la mujer y salió en todos los medios. Y del búnker vienen a hablar ahora que el pibito ya está muerto", dijo desafiante e indignado un joven vecino mientras sostenía una botella de cerveza en la mano. El búnker de "El Diente" se fue transformando en el polvorín que nadie quiso oler y la política y la Justicia ignoraron. La sociedad sólo se ocupó de Rolando Mansilla por su muerte.

"Hay mucha indignación porque nosotros esto lo vivimos a diario. Muchas veces vimos cómo a los pibitos los molían a palos para que vendieran. Y si les dejaban una bolsa de jala (cocaína) o marihuana para vender y la caja no les daba, a los pibitos los obligaban a trabajar gratis hasta que cubrieran la perdida", explicó una doña de la cuadra.

Complicidades. Cada vecino y su discurso era una postal en sí misma. Nadie quería fotos. Hablaban por indignación, no porque les conviniera. "Yo tengo 25 años y soy falopero. Esto es Ludueña papá. Siempre hay alguien que te la vende. Antes era La Roche (valium o lexotanil). Y cuando no hubo más pasaron al clonazepam y al rivotril. Pero siempre hay alguien que te la vende. Estos pibitos son nuevitos y se piensan que tumbando esto ya está. Que esto es lo peor. Y no saben qué es La Roche. Ustedes vienen acá ahora porque mataron al pibito. Pero no les importa. Como tampoco les importa a los políticos. Acá la única solución es que limpien el arreglo que tienen con la comisaría 12ª (Ludueña) y con la 20ª (Empalme Graneros). Los de la Policía Táctica caminan hasta la esquina, pero por acá no pasan. Vayan a las comisarías y limpien desde ahí, porque sino nunca se va a terminar", explicó uno de los residentes del barrio.

Y entre el barullo de gente se mezclaban los vecinos con personas que no eran de la zona. Y estaban los familiares del dueño de la casa derrumbada. "¡Uh! ¿Ves esa EcoSport negra en la esquina? Esos son ellos (los dueños del búnker). Están mirando quién está hablando con ustedes (los periodistas). Y ese que está ahí (marcó disimuladamente a un muchacho que llevaba puesta la capucha del buzo) es el hermano del dueño de la casa en la que funcionaba el búnker", explicó un joven. Entonces, sin más charla, se puso la capucha y se camufló entre los que hurgaban entre los escombros.

 

Vacíos. En 2003, el periodista Cristian Alarcón presentó su libro "Cuando me muera quiero que me toquen cumbia", donde cuenta el contexto en el que vivió y murió Víctor "El Frente" Vital, el ladrón de 17 años más popular en las villas del norte del Gran Buenos Aires. En el prólogo de ese libro se lee: "A dos años de mi llegada al barrio, los chicos de la generación que creció sin el particular y cuestionable orden que defendía SINGLE_LEFT_QUOTEEl Frente' Vital, les roban a las ancianas y a los niños del lugar. Buscan 10 pesos para una próxima dosis de mentirosa altivez. Se conforman ya no con la reivindicación del propio ser al tomar por asalto el status prohibido de las marcas famosas, sino con un paraíso artificial que da una bolsa de Poxirán o intoxicados con las pastillas diseñadas para calmar la angustia del perfecto pequeño burgués diluidas en el peor vino ofertado por el almacenero, al que tarde o temprano asaltarán, simplemente porque los tiempos han cambiado en contra nuestra y ya no hay ley, no hay iguales, no existe el milagro de la salvación". Y remató: "Esta historia intenta contar ese final y el comienzo de una era en la que ya no habrá un pibe chorro al que poder acudir cuando se busca protección ante el escarmiento del aparato policial, o de los traidores que asuelan como el hambre la vida de la villa".

"Nosotros no queremos que en ese hueco se haga nada. Que se lotee y se hagan dos casas, como debió ser siempre. No queremos ni una plaza, ni un centro comunitario. No queremos rancherío. Sólo queremos que se instalen dos familias y construyan sus casas, porque si no van a volver a instalarse los vendedores de droga", explicó otro vecino.

"Sabemos que nada va a cambiar porque a los políticos no les importa y hay mucho dinero en juego. La droga es mucha plata. Pero ahora, el que quiera comprar droga va a tener que caminar un poco más", dijo otro vecino con tono de victoria pírrica ante la caída del búnker.

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