Policiales

Va a juicio un motociclista que causó un doble homicidio en 2013

El trágico episodio ocurrió en enero de 2013 en la zona sur. Al ser detenido, el muchacho dijo que iba en el rodado como acompañante

Domingo 06 de Marzo de 2016

Dos años atrás, a fines de enero de 2013, una moto de competición acelerada a más de 200 kilómetros por hora impactó de lleno contra Adelina Narcisa Arrieta, una mujer de 74 años a quien sus vecinos de Gutiérrez y Serrano conocían como “La Varela”. La mujer nada puso hacer al caerle encima el peso del rodado cuando cruzaba la calle para ir a jugar a la quiniela. En el accidente murió también Guido Núñez, el dueño del rodado valuado entonces en 240 mil pesos y que había comprado esa misma semana. Sin casco, salió despedido como en una catapulta y murió en el acto. Los vecinos vieron que otro joven se alejó corriendo del lugar, pero al ser detenido como quien manejaba el rodado afirmó que no era él sino Núñez quien conducía. Una reciente resolución, sin embargo, lo responsabilizó como autor de un doble homicidio culposo por el que irá a juicio en un juzgado Correccional.

Sin intención. La medida fue tomada por la ex jueza Correccional 7, Hebe Marcogliese, quien dejó ese despacho para integrarse a la planta de magistrados que conducen el nuevo sistema penal. La resolución alcanzó a Pablo Andrés Alarcón, de 27 años, quien está en libertad y seguirá así durante el proceso acusado de dos muertes cometidas por negligencia, pero no con intención homicida.

   La jueza planteó que la investigación “da cuenta de la responsabilidad penal de quien fuera imputado en la declaración indagatoria”. Y advirtió que “es menester disponer el procesamiento como autor penalmente responsable de los homicidios culposos de Adelina Narcisa Arrieta y Guido David Núñez”. En el mismo decreto le trabó un embargo a Alarcón sobre sus bienes hasta cubrir la suma de 150 mil pesos.

   “Alarcón era amigo de Guido”, dijo el abogado Marcos Cella, quien actúa como querellante en representación de la familia de Núñez. “El dijo que iba como acompañante, que manejaba el dueño de la moto y que tras el accidente se fue de la escena, pero distintas pruebas y la declaración de testigos dan cuenta de que el conductor era él”, planteó el letrado al conocerse la resolución.

La tragedia. El accidente ocurrió el 30 de enero de 2013 en Gutiérrez e Hipócrates, en la zona sur. Según la crónica que publicó entonces este diario, varios vecinos dijeron que la moto era escoltada o perseguida por un Volkswagen negro. “La moto venía a los pedos y el auto venía siguiéndola. Si lo perseguían o lo acompañaban no lo puedo asegurar. Lo que sí es que todo el mundo vio el auto negro”, dijeron. Según precisó Cella, al parecer era un vehículo de la ex Brigada de Investigaciones de la Jefatura que perseguía a la moto.

   Núñez, con fama de escruchante (ladrones de domicilios en ausencia de sus dueños) y enemistado con otros pibes del barrio, había adquirido esa semana la Yamaha 1000 R1 por la que perdió la vida. El vehículo se descontroló a unos 200 kilómetros por hora y se arrastró sobre el asfalto hasta terminar contra el portón de una casa. “¡Hijo de puta, mirá lo que hiciste!”, le gritó un vecino y testigo al conductor de la moto, que se levantó tambaleante. “Cuando al pibe le cayó la ficha salió corriendo hacia el Fonavi. Así como estaba, rengueando”, agregó.

   En el derrape final la moto impactó de lleno contra Arrieta, una vecina de toda la vida en la zona y que cruzaba la calle. Pero no alcanzó a llegar a la mitad de la calzada cuando la impactó de lleno la Yamaha negra. Su cuerpo quedó casi lacerado, con estallido de cráneo y mutilaciones. “No sabés el ruido que hacía esa moto. Parecía que era un avión. Venían a todo lo que daba. Una verdadera locura”, apuntó otro vecino. En el descontrol, Núñez, que iba como acompañante, voló por el aire y murió allí mismo. “Vi el velocímetro estancado en 200 kilómetros por hora”, aseguró una mujer.

   Arrieta vivía con un nieto en Esteban de Luca y Serrano, en una casa con un parrillero en la vereda. Era viuda y madre de tres hijos, uno de ellos policía. Jubilada, había improvisado en su casa un quiosco y tenía como hábito jugar a la quiniela. Por eso sus vecinos solían verla caminar desde su casa hasta una agencia de Gutiérrez y Cucha Cucha.

   “Era un relojito. Pasaba para jugar a las cuatro quinielas, la veías a la mañana, al mediodía, a la tarde y a la nochecita. Y era ganadora”, la recordaba ayer un hombre. “Era una buena vecina. Pasaba por esta vereda y nos decía: «¡Ah! Que buena sombra que tiene usted»”, rememoró sobre una de las víctimas del caso penal que ahora se encamina a juicio escrito.

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