Policiales

Una patota asesinó a golpes a un joven artesano en Juan José Paso y las vías

Otros dos homicidios en Rosario. Cristian Talero tenía 22 años y a las 6 de ayer un grupo de pibes lo mató por diferencias barriales. Quemaron la casa de uno de los sospechosos.

Sábado 17 de Mayo de 2014

Pasadas las 6 de la mañana de ayer los estruendos de una batalla campal despertaron a los vecinos del asentamiento ubicado en Juan José Paso y las vías, frente a la subcomisaría 24ª y conocido como el "barrio Toba". "Primero se escucharon insultos y amenazas a los gritos; después tumberas (escopetas de fabricación casera), piedrazos y corridas. Al rato escuché que una de estas ratas (por los miembros de una patota) que andaban robando a los vecinos decía: «Ya está. Ese gil, gato de mierda, ya no va a joder más»". Así relató un vecino el asesinato de Cristián Talero, un artesano de la comunidad toba de 22 años que fue perseguido por entre 10 y 15 muchachos que lo asesinaron a golpes en la cabeza sobre las vías y el cruce con calle Carrasco. "Lo corrieron para matarlo. Le pegaron en la cabeza con ladrillos, botellas y hasta con los caños de las tumberas. Le hundieron la cabeza", agregó una doña, con el espanto reflejado en su rostro.

"El venía de tomar tranquilo y éstos, como no lo querían, lo corrieron y me lo mataron acá", contó entre sollozos Nancy, la concubina de Talero, mientras peritos, policías y gendarmes trabajaban en el lugar. Ya en presencia de varios periodistas, la mujer y otros parientes de Talero abandonaron la escena del crimen corriendo y se internaron por los pasillos que serpentean la villa hasta sus entrañas. Fueron hacia una casa ubicada sobre French al 2000, a escasos 150 metros del lugar donde yacía la víctima, clamando venganza.

"Esa es la casa de Cacu", explicó una doña. "Es un pibito de 14 años que anda robándole a todo el mundo", agregó. En cuestión de segundos, la casa apuntada, de material y chapa, comenzó a arder. Y mientras llegaban los bomberos, Nancy y Andrea, la madre de Cacu, empezaron a insultarse separadas por apenas dos metros y ocho gendarmes. "Acá vive uno de los que mató a mi marido", gritó sollozando la viuda. "¿Vos estás loca? ¿Cómo vas a venir a quemarme la casa así?", respondía enfurecida la madre de uno de los sospechosos. La vivienda precaria quedó reducida a escombros y a las 8.45 la mortera se llevó el cuerpo de Talero dejando en el lugar una guardia de Gendarmería que se mantuvo un par de horas más frente a la casa de French al 2000, entre las vías y Formosa.

Luego se sabría que mientras a Talero la patota lo cazaba para matarlo, Nancy había corrido los 70 metros que separan el lugar del crimen con la subcomisaría 24ª para pedir ayuda. La respuesta fue simple y sencilla: "Acá no tenemos personal". Cuando la mujer regresó a la zona donde habían atacado a su pareja, el hombre ya estaba muerto. Todo el trayecto que hicieron los homicidas estaba plagado de restos de bolsitas con poxi o pequeños potes de pegamento además de envases plásticos de fernet con cola.

Gavillas sin calma. Todo el espacio conocido como "barrio Toba", en Empalme, está dominado por una pobreza estructural combinada con la carencia de urbanización. Para circular por el barrio hay que caminar pasillos de un metro de ancho que serpentean el asentamiento rodeados de zanjas pestilentes y conexiones irregulares de luz y agua. Todo bajo la constante presencia de bolsitas de pegamento, la droga de los pobres, y la influencia de un par de quioscos donde conseguir otras cosas. Y, además, las gavillas de pibes sin calma ni códigos que hacen del robo piraña el hartazgo de los vecinos. "Con estos guachos no podés vivir más. Vas a la granjita, te chorean; vas a tomar el colectivo, te chorean; salís a la puerta de tu casa, te chorean; los mirás, y vienen con la tumbera y te balean. No se puede más porque son menores", contextualizó un vecino.

Cristian Talero tenía 22 años. Era artesano e hijo de un representativo dirigente del Centro Cultural Qadhuoqte. Tenía hijos, aunque en el pasillo en el que vivía nadie coincidía en la cantidad. También se dijo que tenía relación familiar con alguno de sus matadores, pero tampoco ese dato pudo ser confirmado. Vivía en French al 2000, entre las vías y Formosa. Hace dos años y medio, a metros de su casa, fue salvajemente asesinado de 30 balazos Elías Bravo, de 17 años. Fue la medianoche del 14 de octubre de 2011, en French al 2100, al otro lado de las vías. "Pero esto no es por los búnkers de droga", explicó una vecina.

Casi frente al pasillo donde vivía Talero, cruzando French, vivía Cacu, el apodo más mencionado por los vecinos como parte de la turba asesina. "Vino la mujer del muerto, me pateó la puerta de la casa y me la prendió fuego. Dice que mi hijo de 14 años le mató el marido y él no estaba acá. En esta casa había siete criaturas", se defendió Andrea, la mamá del sospechoso con los escombros y la humareda como telón de fondo. Los vecinos confiaron que la mujer es toba, como también los integrantes de la gavilla que atacó a Talero. "Nosotros estamos esperando para mudarnos mañana a una casa en la Zona Cero (Nuevo Alberdi Norte)", explicó la mujer, sin dejar de mirar con odio a todos los vecinos que presenciaban la escena: "Ustedes ya van a ver", dijo por lo bajo. Al escuchar eso uno de los bomberos que se retiraba del lugar bromeó con un compañero: "Vamos a tomar un café por acá porque me parece que vamos a volver pronto".

Sin piedad. "El tema está en que estos pibes (Cacu incluido) son una patota 15 o 20 guachos que andan robándole a los vecinos. Te agarran entre cinco o seis y te dejan en bolas. Vos querés ir a tomar el 101 a la esquina (Dominicana y Carrasco) y te chorean. Anduvieron toda la noche jodiendo, buscando a quien chorear. Se los escuchaba. Parece ser que a las 6 de la mañana se cruzaron con Talero, que estaba tomando con un amigo. Se putearon, se tiraron piedras y estos, que eran unos 15, los corrieron. Así fue 15 contra 2. Talero tuvo la mala suerte de que se tropezó en la vía, cayó y estos lo mataron a golpes en el piso. No tuvieron piedad. Después se escuchaba como lo contaban, riéndose entre ellos: «Este gato no nos jode más»", recordó un vecino del lugar.

El caso es investigado por el fiscal Pablo Pintos, de la Unidad Especializada en Homicidios, y por efectivos de la sección Homicidios de la Unidad Regional II de policía.

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