Lunes 30 de Junio de 2008
Los dos hombres conocieron la madrugada del sábado a dos chicas en un boliche y, luego de prodigarse algunas caricias, las dos parejas enfilaron hacia el departamento de uno de los caballeros, en el macrocentro de la ciudad. Allí continuaron los arrumacos y las promesas de amor efímero. Entonces, cada pareja dio rienda suelta al deseo y tuvieron un encuentro íntimo. Tras la noche de placer, los anfitriones se quedaron profundamente dormidos y, cuando despertaron, se encontraron con que sus acompañantes se habían marchado. Pero no se habían esfumado con las manos vacías: se habían llevado 150 dólares, 120 pesos, un reproductor de DVD y cuatro teléfonos celulares. Decepcionados y aún somnolientos, los dos caballeros contemplaron la escena mientras se contactaban con un cerrajero para que les abriera la puerta. Es que las muchachas se habían tomado el trabajo de cerrar el departamento y llevarse la llave.
Los protagonistas de esta historia de amor trunca son Lucas Mario T., de 37 años, y Alejandro Agustín M., de 32. La medianoche del viernes, los dos hombres fueron a bailar al boliche situado en Brown y avenida Francia. En la discoteca posaron su mirada sobre dos muchachas y las invitaron a moverse en una de las pistas al compás de música electrónica. Luego de bailar frenéticamente durante algunas horas, llegó la invitación de rigor. "¿Qué les parece si vamos a mi departamento?", preguntó Lucas. Y las dos jóvenes aceptaron sin vacilar el convite.
Entonces, los cuatro fueron hasta un departamento de Balcarce al 100 bis. Allí compartieron algunos tragos y, un rato después, cada pareja unió sus cuerpos con pasión ardiente. Tras ello, los caballeros acabaron desplomados sobre la cama. Una profunda somnolencia los había invadido. Al parecer, según una fuente policial, las muchachas habrían puesto algún somnífero en los vasos de sus acompañantes. Lucas y Mario durmieron profundamente hasta el mediodía del sábado y, cuando se despertaron, se sorprendieron al advertir que habían desaparecido los 120 pesos y los 150 dólares que el dueño de casa tenía guardado en un mueble. Tampoco estaban el reproductor de DVD y cuatro teléfonos celulares.
Los dos hombres se miraron azorados y se percataron del engaño. Tal vez pensaron que no debieron confiar en los gestos de amor que les prodigaron dos mujeres que acababan de conocer. Después quisieron abrir la puerta, pero no pudieron. Las dos damas los habían dejado encerrados y se habían llevado la llave. Resignados, en el anochecer del sábado, fueron hasta la comisaría 3ª y radicaron la denuncia.