Sábado 06 de Junio de 2009
Camila Vim nació y se crió en un marco de pobreza estructural, en el criadero de chanchos que sus abuelos maternos tienen en la zona rural de Ibarlucea, 12 kilómetros al noroeste de Rosario y a la vera de lo que se conoce como el camino a Funes. Allí, en circunstancias que la policía aún trata de determinar, la nena de 4 años recibió ayer por la mañana un disparo de escopeta calibre 16 desde muy corta distancia que le provocó la muerte en forma instantánea. Junto a ella, en el trágico momento, había sólo dos personas: su tío materno, de 31 años, y una tía de 14, también hermana de la mamá y con un severo retraso mental. Por el trágico hecho, la policía detuvo al hombre, quien se había ido de la precaria vivienda a bordo de un desvencijado camión pero después asumió lo ocurrido, aunque manifestó que se le escapó un disparo cuando manipulaba la escopeta.
"¿Cómo puede ser que la mató? Yo a mi hija la dejé bien. ¿Cómo puede ser que él estaba con esa arma?". Desolada y sin paz, Soledad, la mamá de Camila, vociferaba su dolor en la puerta de la subcomisaría 17ª de Ibarlucea poco después del mediodía soleado del viernes. Del otro lado de la puerta, tras las rejas, Alfredo Enrique Vim, su hermano de 31 años, estaba detenido y acusado de ser el autor material de la muerte de la pequeña. El hombre, quien además de ayudar en el criadero de chanchos familiar, cirujeaba en Rosario con un viejo camión Bedford, será indagado en las próximas horas por la jueza de Instrucción María Laura Sabatier.
Ambiente desolador. La familia Vim tiene su criadero en Ibarlucea hace poco más de una década. Allí, entre pistas de engorde y lugares de recría de chanchos, gallinas y gansos, nació y se crió Camila. La nena era hija de Soledad, de 25 años, pero vivía junto a sus abuelos maternos, su tío Alfredo y su tía discapacitada, en una modestísima construcción de ladrillos, de 6 por 4 metros, sin ventanas y con techo de chapa, que se erige junto al lugar donde comen basura los animales.
El tristísimo contexto de la postal se completa con un escenario de pobreza extrema, matizado por el penetrante olor del chiquero en un terreno que tiene al menos tres hectáreas. En otra vivienda, distante varios metros de ese lugar, vive Soledad con su actual pareja —que no es el papá de la nena— y un bebé de 9 meses.
La casa de Camila es de un sólo ambiente y una única puerta de ingreso. Dos camastros, una mesa, algunas sillas y una cocina es el escueto mobiliario del lugar.
"Son una familia muy reservada. Podríamos decir que son bastante cortos. Crían chanchos y animales de granja. Y no hacían mucha actividad social con los vecinos. El más conocido era este pibe, al que le dicen Negro porque era el que más salía del lugar", confió un vocero policial en referencia al muchacho que ahora está detenido.
Dudas y certezas. Cuando pasadas las 11 de la mañana la policía llegó al lugar se topó con un cuadro desgarrador. Tirada en el piso, entre la mesa y una de las camas, estaba el cuerpo de Camila. Todavía llevaba colgada su mochilita escolar. La nena había recibido un escopetazo calibre 16, con munición perdicera, ejecutado desde corta distancia. Eso hizo que el cartucho le quedara incrustado en la cabeza y que el feroz impacto le destrozara el cráneo sobre su lado izquierdo. En ese mismo lugar quedó la escopeta, prolijamente apoyada contra la cama, dejada por quien había jalado de su gatillo.
De acuerdo a lo que pudieron reconstruir los pesquisas, todo ocurrió entre las 8.45 y las 9 de la mañana. Antes de esa hora, Soledad había partido hacia Rosario para cuidar a su pequeño hijo de 9 meses que está internado en el Sanatorio de Niños Zona Norte. La pareja de la mujer, en tanto, se había ido a trabajar a la Comuna de Ibarlucea.
En la casa sólo quedaron Camila, su tío Alfredo Enrique y su tía discapacitada de 14 años. El abuelo había salido y la abuela atendía a los animales en el criadero. La única testigo directa de lo ocurrido, dijeron los voceros, fue la menor imposibilitada de expresarse con normalidad.
En un primer momento los rumores colocaron como posibles ejecutantes de la tragedia a la tía y a la abuela de la niña. Pero con el correr de las horas todo recayó en el muchacho de 31 años. "Lo que relató el tío de Camila es que estaba manipulando la escopeta y se le escapó el tiro accidentalmente. La abuela, que estaba fuera de la casa, dijo que no escuchó nada", indicó una fuente allegada a la causa.
Pero los pesquisas consultados se mostraban cautos a la hora de abrir conjeturas sobre lo ocurrido. Las distancia del disparo y lo lineal de la trayectoria (el impacto dio de lleno en el cráneo de la nena) cuestionaban la hipótesis del accidente. Además, se pudo saber que la escopeta en cuestión solía estar descargada.
¿Huyó? Otro punto que compromete al detenido es que después de efectuar el disparo, se subió al viejo camión Bedford con caja volcadora y emprendió el viaje, como era de costumbre, para cirujear en la ciudad de Rosario.
Efectivos de la Brigada de Homicidios de la Unidad Regional II le salieron al cruce y lograron detenerlo a la altura de Eva Perón al 6600. El cuerpo de Camila permaneció en la escena del crimen hasta las 15.45, cuando la mortera de la Municipalidad de Rosario arribó al criadero para trasladarla hasta el Instituto Médico Legal.