Una mujer y dos nenas baleadas en demencial ataque en Villa G. Gálvez
El sábado a la noche, una pareja pasaba junto con su hija de 6 años por la puerta del club Defensores de Belgrano, en el barrio Talleres de Villa Gobernador Gálvez. La mujer empujaba un cochecito con un bebé de un año. El muchacho distinguió a dos jóvenes en el patio de una escuela ubicada enfrente del club sin imaginar que en segundos quedarían atrapados...

Lunes 08 de Diciembre de 2008

El sábado a la noche, una pareja pasaba junto con su hija de 6 años por la puerta del club Defensores de Belgrano, en el barrio Talleres de Villa Gobernador Gálvez. La mujer empujaba un cochecito con un bebé de un año. El muchacho distinguió a dos jóvenes en el patio de una escuela ubicada enfrente del club sin imaginar que en segundos quedarían atrapados en medio de una balacera. Tal cosa ocurrió cuando uno de ellos abrió fuego contra un motociclista que pasaba por el lugar.

  El destinatario del ataque salió ileso y continuó la marcha, pero el padre de los chicos se paralizó cuando la nena se desplomaba al suelo con un balazo en el pecho. A unos pocos metros, la madre de la criatura también cayó con un proyectil en una pierna. No fueron las únicas víctimas: una chica de 13 años también fue alcanzada por un tiro en una pierna.

 

Un pelotón. La ráfaga de balazos resonó en el cruce del bulevar San Diego y Alvear. En la ochava sureste se levanta la escuela de educación técnica Nº 485 Vicecomodoro Marambio. Enfrente, en la ochava noreste, está el club Defensores de Belgrano, una entidad barrial con algunas canchas de fútbol. El movimiento de personas era incesante porque se realizaba la fiesta de fin de año con la entrega de trofeos a los chicos que participan en las diferentes categorías.

  Cerca de las 21 del sábado Javier Ruiz, de 29 años, su esposa Elisa, de 24, y sus hijos, Camila y un bebé de 18 meses pasaron por allí. Planeaban hacer la compra semanal en un supermercado a una cuadra de allí.

  El matrimonio iba por San Diego cuando sintieron la estampida contra un quiosco ubicado sobre Alvear. Varias detonaciones retumbaron en el techo de una construcción precaria que bordea al alambrado del club. Javier levantó la vista y observó a dos muchachos en el patio de deportes de la escuela. Giró la cabeza y vio a un motociclista que transitaba por San Diego hacia el este. Ya no tuvo tiempo de escapar. "En un primer momento no me di cuenta que eran tiros. Pensé que eran cohetes", contó Javier a La Capital.

  El muchacho distinguió entonces a uno de los muchachos que disparaba a mansalva con una pistola nueve milímetros contra el motociclista. Javier estaba a unos pocos metros de una columna del alumbrado público cuando oyó los gritos de Elisa. "Me dieron en la pierna", balbuceó la mujer mientras le brotaba sangre. Al mismo tiempo, Camila se desprendió de los brazos del padre y cayó. Un balazo le había perforado el abdomen. Ya para entonces, los agresores se habían esfumado.

 

Desesperación. Javier se paró en medio de la calle y le pidió ayuda a un automovilista, pero el hombre no se detuvo. Sí lo hizo una mujer. "Me tiré encima del auto para que frenara", contó Javier. Antes de irse, el muchacho vio a una chica caída sobre la vereda a unos pocos metros. Era Yamila González, de 13 años, que fue alcanzada por un proyectil en la pierna derecha y la internaron en el hospital Provincial. Mientras tanto, la conductora llevó a Elisa y Camila al hospital Gamen.Los médicos comprobaron que una bala le había perforado la pierna izquierda.

 

La intervención. En el trayecto, el rostro de Camila empalideció. La chica perdía temperatura y vomitaba. "En el Gamen, los médicos decidieron trasladarla al hospital de Niños Víctor J. Vilela. El proyectil le provocó nueve perforaciones en el intestino y los médicos debieron extraerle 20 centímetros de ese órgano. Anoche estaba internada en la sala de terapia intensiva en estado reservado. Le habían desconectado el respirador artificial.

  Una fuente policial señaló que el autor de los disparos ya fue identificado por la policía. Los agentes de la comisaría 29ª allanaron su casa, pero no lo localizaron. En la vivienda, los uniformados secuestraron una caja con municiones de calibre nueve milímetros. A su vez, en la escena del suceso, los pesquisas hallaron ocho vainas servidas. Esa evidencia explica la magnitud de la balacera: el cargador de una pistola nueve milímetros contiene trece proyectiles.