Domingo 18 de Diciembre de 2016
Cuando el ministro Maximiliano Pullaro se dirigió por lo bajo al secretario de Seguridad de la Nación, Eugenio Burzaco, para decirle "vamos a tirar una mentirita con esto del WhatsApp" como el medio por el cual los pesquisas llegaron a detener a Villarroel, no sabía que el camarógrafo de un canal santafesino estaba probando el sonido y había abierto su micrófono. Por eso, su frase en voz baja quedó grabada. Lo que Pullaro quizás no sabía tampoco era la trascendencia que iba a tener su desliz tuvo y olvidó que esa red social se jacta de que sus mensaje son cifrados, por lo que no pueden verlos terceros fuera de los destinatarios o partícipes de una charla.
Lo cierto es que el ministro se ganó un regaño del gobernador Miguel Lifschitz: "En boca cerrada no entran moscas", dijo el mandatario. Y Pullaro explicó que quiso "proteger la fuente" que permitió avanzar con la pesquisa y que no necesariamente pudo ser WhatsApp sino escuchas telefónicas de dudoso origen, conforme algunas especulaciones que se realizaron en la Legislatura, ámbito en el cual ahora se buscan explicación a la actitud del ministro y desde la oposición exigen explicaciones formales o su citación.
Como haya sido, el eje de le noticia se corrió del peor y menos pensado de los modos para el gobierno. La sospecha sopló hacia el propio poder político y el abogado defensor del narco detenido, quien cayó tras las rejas junto a su mujer y tres de sus laderos, recibió en bandeja un valioso elemento que usará para desprestigiar las pruebas obtenidas contra su cliente, al "cabo de una larga investigación de inteligencia de la justicia federal y las fuerzas federales y provinciales en conjunto", según el anuncio oficial primigenio.