Policiales

Una familia vivió una madrugada de pesadilla a manos de dos ladrones

María vive en una humilde casa de pasillo hecha con chapas y material. Está en Presidente Roca al 6300, a pocos metros de la cortada Arrieta, en el barrio Las Flores Este.

Jueves 06 de Agosto de 2020

María vive en una humilde casa de pasillo hecha con chapas y material. Está en Presidente Roca al 6300, a pocos metros de la cortada Arrieta, en el barrio Las Flores Este. Con ella habitan sus tres hijos y dos nietos. Para sobrevivir hace lo que puede; vende dulces y tortas asadas. A pesar de esa pobreza, la madrugada de ayer dos hombres con barbijo ingresaron a su casa, le robaron lo poco que tenía y la amenazaron. Le dijeron que si no abandonaba la vivienda volverían a la tarde y matarían a uno de sus nietos. La mujer le dijo a LaCapital que no tiene problemas "con nadie" y cree que el atraco "fue al voleo". A la tarde, tras denunciar lo ocurrido, un móvil policial custodiaba el ingreso al pasillo del asentamiento en el vive.

Los delincuentes robaron "lo poco que tengo", dijo María antes de enumerar: un televisor 20 pulgadas; la ropa y los documentos de sus sus nietos, de 11 y 7 años; medicamentos y utensilios que usa en su merendero, donde se alimentan unos 80 chicos del barrio. "El padre Sebastián, de la iglesia Virgen del Valle, me vino a buscar durante la pandemia y como sabe que yo cocino me dijo de poner un comedor, y así lo hicimos", contó María.

Según allegados a la familia, los ladrones tenían "entre 23 y 25 años". Uno de ellos llevaba puesto un barbijo y el otro un pañuelo. No portaban armas de fuego, "solo un palo y un cuchillo", según contó María. Y recordó que hasta amenazaron con violarla. Los vecinos dicen que no tienen ni idea de quiénes pueden ser y que las usurpaciones, una de las hipótesis del ataque, "no ocurren mucho en esta parte del barrio".

Amenazada

"Me pasaban un palito por mis partes íntimas y me decían que me iban a violar delante de mis nietos. Al lado de mi casa está el cuarto donde duermen mis hijas y yo tenía miedo de que fueran a la pieza de ellas", dijo María. Es que la casa tiene una singular construcción. Mientras la mujer habita una edificación principal, el resto de la familia vive en cuartos alejados a unos metros. "Uno de los que entró estaba pasado de drogas y me decía que me iba a matar, que abandonara la casa antes de las siete de la tarde y que si gritaba me violaba. El otro lo tranquilizaba". Todo eso a lo largo de cuatro horas.

A pie y por la puerta, tal como llegaron, los maleantes se llevaron algunos electrodomésticos, ropa, un celular y dos garrafas. A primera hora de la mañana la mujer fue entrevistada por la TV local y pidió "por favor, que un fiscal se haga cargo, necesito custodia policial. Me van a matar a mi nieto si no dejo la casa. No sé que quieren poner acá".

A la tarde, tras esa denuncia que quedó registrada en la seccional 19ª, el fiscal de Flagrancia Pablo Lanza ordenó que se le asigne una custodia permanente por 30 días en la puerta de la casa. Y también les sugirió que no den más entrevistas. La familia también tomó sus recaudos: llevó un Pitbull como perro guardián.

María se quejaba ayer con frustración e impotencia. "Con un crédito de la Ansés pude poner una puerta y una ventana que antes era de chapa y resulta que cuando no tenía ni puerta ni ventana nunca entró nadie. Ahora que tenía apenas eso ya entraron ladrones".

Reina, una de las hijas de María, trabajó hasta hace un tiempo en un local de belleza. Ayer contó que "hace 24 años" que viven allí. "Nunca pedimos plata a nadie y todos teníamos trabajo, pero ahora aflojó un poco y estamos buscando algo. No le debemos dinero a ningún particular ni prestamista y no tenemos problemas con nadie. Mi mamá está muy conmocionada y ya le cuesta hablar, está como abrumada. Nunca nos pasó esto", aseguró.

A los investigadores les llama la atención que los maleantes estuvieron en la casa cuatro horas y se retiraran recién a media mañana. A la tarde una brigada de la Agencia de Investigaciones (AIC) revisó la vivienda y levantó huellas y rastros, en tanto un patrullero quedó en la entrada al pasillo mientras los vecinos buscaban explicaciones. "Es buena gente y hace mucho que viven en el barrio, pero uno nunca sabe" dijeron. El perro Pitbull se movía libre por los pasillos y los dos patios de la casa, pero fue atado cuando llegó la policía y revisó el lugar.

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