Policiales

Una familia destruida al encontrar entre ellos al asesino de su hijo

Son los padres de Sebastián Tedesco Gasseuy, cuyo cuerpo mutilado apareció en un basural. Por el atroz crimen está preso y confesó un ex policía que era novio de la hermana de la víctima.

Sábado 09 de Julio de 2011

Una mujer puede estar enamorada de un futuro asesino, abrirle las puertas de su familia y hasta dormir con él. Esa parece ser la historia de Yamila Gasseuy, la joven mujer que compartió sus días con Maximiliano Cristian Irusta, un ex policía de 25 años que está preso y confesó haber asesinado, quemado y tal vez descuartizado a Sebastián Tedesco Gasseuy, hermano de su pareja, y cuyo cuerpo maltrecho fue hallado en un basural de la zona oeste el 15 de junio.

Aquel día, un ciruja que revolvía basura en el relleno sanitario de Presidente Perón al 8000 tiró de un cable y se sobresaltó al ver cómo, de entre los residuos, asomaba una cabeza y parte de un torso calcinado. Era el cuerpo de Sebastián, que tenía 31 años y había sido visto con vida por última vez el martes 14 por la tarde, cuando se subió a su Kawasaki Ninja 650 y le dijo a los suyos que se iba a la casa de Maximiliano, quien no sólo era pareja de su hermana sino también su deudor.

Irusta le había pedido a Tedesco unos 5.000 pesos para completar un negocio y prometió pagarle parte de esa suma al cabo de un mes. Pero pasaron cuatro meses y la deuda, por los interéses pactados, trepó a unos 8.000 pesos. Tedesco era "familiero", y al estar su hermana de por medio dejó pasar el tiempo. El muchacho se dedicaba a negocios de gestoría y tenía la paciencia de un hermano, era curioso y salía con Jorgelina desde unos tres años atrás.

Durante ese tiempo de deudas y reclamos Yamila quedó en una situación incómoda. "Maxi, ¿cuándo vas a arreglar con mi hermano? Llamalo, no me banco más esto", le dijo varias veces la joven a su novio según recordó en la entrevista que mantuvo con La Capital. "Pero él se hacía el malo, el que no escuchaba" dijo Yamila a punto del llanto. "Era violento, más alto que yo; y yo soy una mujer", deslizó la chica buscando un atenuante a su incapacidad de defenderse.

La cita final. El martes 14 de junio Irusta citó a Tedesco en una estación de servicios de la zona oeste. Fue una semana de lluvias y extrañamente Sebastián fue con su moto al encuentro. Al llegar, quien sería su asesino había cambiado el lugar de reunión y entonces fueron a la casa de Irusta, en Santa Fe al 5100, a pasos de pasaje Decretada. Allí, para Terdesco, comenzó una pesadilla a ojos abiertos.

El acusado dijo ante la Justicia que se reunieron, discutieron por esa vieja deuda y pelearon cuerpo a cuerpo. Que para defenderse de la agresión tomó un cuchillo y tiró un puntazo mortal al cuello a Tedesco. Que cargó el cadáver en un Fiat 600 y llegó hasta un paredón de Rivarola y Las Palmeras, en el extremo oeste de la ciudad, donde bajó el cuerpo, lo roció con nafta, le prendió fuego y se marchó.

Sin embargo, las pericias hechas a Tedesco en el Instituto Médico Legal dicen otra cosa. Basilio Martínez, abogado de la familia Gasseuy, explicó que de acuerdo a los forenses Sebastián murió de un certero golpe en la cabeza y que luego le asestaron 15 puñaldas. "Las fotos del expediente son espeluznantes. Sólo un montruo sin sangre pudo haber hecho esto", dijo el letrado con 40 años de experiencia en el fuero penal.

El caso es que el cuerpo calcinado quedó enredado entre la basura y, presuntamente, una pala mecánica de la empresa Lime levantó los deshechos y los tiró en el basural en el que después fueron hallados por un ciruja. Una primera hipótesis sostiene que la máquina mutiló el cuerpo durante las tareas de remoción de basura.

"No me cierra el trozado accidental. Una máquina no corta por las extremidades ni aparecen pedazos prolijamente desmemebrados, es una cosa uninforme lo que queda. En este caso los pedazos aparecieron prolijos: la cabeza, el tronco, las extremidades, un brazo" sostuvo el abogado. Para el profesional hay otra cosa: "Una motosierra y una alevosía sin precedentes". En esa noche está el secreto y sintetiza la vida de Maximiliano Irusta, un ex policía separado de la fuerza y con carpeta médica.

Yamila, que pidió al cronista no salir en fotos, relató: "Yo confío en mi hermano, no en quien fue mi novio. Ese martes Sebastián estaba enojado, le dijo a Maxi que no podía ser tan incumplidor, le había cambiado dos veces el día de reunión así que se encontaron el martes. Esa semana llovió y desde ahí mi hermano no vino nunca más por culpa de este hijo de puta", remarca en presente.

Lo pensó y lo hizo. Emilio Gasseuy, "padre de corazón" de Sebastián, no duda en que el crimen fue premeditado. "Máxi lo armó, le cambio los lugares de reunión, le sacó el celular para desincriminarse. Lo tenía todo pensado. Y Yamila lo apretó a éste tipo para que devuelva la plata. La nena se salvó de casualidad", cuenta mientras trata de detener sus lágrimas.

"Lo empecé a llamar a Maxi la misma noche del martes y le pregunté dónde estaba mi hermano. Me dijo que se había ido y que ya le había dado 2.400 pesos. Eran las 21.30 y llovía. Y Seba no andaba con la moto en la lluvia", dijo Yamila. El miércoles la chica fue a casa de Irusta y le costó entrar. "¿Que hiciste con mi hermano guacho?", lo increpó.

"Me mostró el celular y aparecía como que mi hermano le había mandado mensajes de texto. Le dije que los mensajes no tenían sentido, que no coincidían. Y el no sabía donde meterse", recordó la chica. "Esa no es la forma de escribir de mi hermano, él no escribe así", le recriminó Yamila, quien supone que el mismo Irusta mandó mensajes a su celular desde el teléfono de Tedesco y de esa manera pretendió enturbiar pistas.

No conforme con eso, ante la poca importancia que su novio le daba al tema y la preocupación familiar por la ausencia de Sebastián, la joven persistió en su inquisitoria. "En la casa había dos litros de perfumina Procenex y otros cinco litros en el patio, sin abrir. Los dos litros estaban usados, me llamó la atención y se lo dije. Me preguntó si lo acusaba de algo y le dije que sí", recordó la joven mujer.

El último intento. La siesta del miércoles 15 de junio los familiares de Sebastián hicieron la denuncia en la comisaría 13ª por la averigüación de paradero. Fue casi al mismo tiempo en que el ciruja encontraba el cadáver del muchacho. Ya en la morgue, los peritos dactiloscópicos trabajaron para identificar el cuerpo calcinado encontrado en el basural y efectivos de la subcomisaría 21ª dieron cuenta del hallazgo de la Kawasaki Ninja negra en el barrio 7 de Septiembre. La sombra empezaba a cubrir a la familia Gasseuy.

"Un día hablé con Maxi y le dije que lo había vendido a Seba por la moto. Que él sabía lo que pasó. Y este mal nacido me contestó que no, que cómo iba a hacer eso". dijo Emilio Gasseuy, el padre de la víctima. "Poco después me llamaron de la morgue, me dijeron que había un cuerpo que no se sabía si era femenino o masculino. Fui, le ví la cabeza y me pareció reconocerlo. Pedí a Dios que no fuera él, pero le comenté al médico que mi pibe tenía un tatuaje en la nuca. Era él. Es macabro y se ve la saña con que lo mató", recordó.

Tras reconocer el cadáver de su hijo, Emilio fue a denunciar a Irusta. Al muchacho lo citaron varias veces desde la seccional pero nunca se presentó y la jueza de Instrucción Alejandra Rodenas pidió el allanamiento de su casa. Una vez allí, y tras pericias con reactivos químicos en el piso, una mesa y las alacenas, los lamparones de sangre brotaron de la nada. El hombre, acorralado, pidió hablar con el comisario Ernesto Chamorro, jefe de la Sección Homicidios. "Perdí", le dijo Irusta al uniformado.

"La policía trabajo bien, la jueza nos atendió de primera" dijo Rosita, la dolorida madre de Sebastián Tedesco."¿Cómo pudo haberlo matado asi? ¿Yo, cómo sigo?", se preguntó desde su corazón partido. ¿Se puede perder todo en un minuto? ¿Se puede convivir con un asesino?. Sí, se puede.

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