Policiales

Una cruel historia familiar se ventiló en la imputación por el crimen de un hombre

Mauricio Ariel G. fue acusado de asesinar a Hugo Ceresso el miércoles. Se lo había advertido a su ex pareja y está a las puertas de una dura condena

Sábado 12 de Octubre de 2019

"Para que sufras". Así acostumbraba cerrar la frase Mauricio G. cada vez que le anunciaba a su esposa Flavia lo que haría si ella decidía dejarlo. "Voy a matar a cualquiera que esté a tu lado. Después voy a matar a los chicos y después te voy a matar a vos. Para que sufras". Luego de 23 años juntos y de tener cuatro hijos, todo en el marco de una relación marcada por la violencia de género, la primera parte de esa amenaza se cumplió el miércoles. Hugo Mariano Ceresso fue asesinado cuando esperaba a la ex mujer de Mauricio G. frente al Hospital Alberdi. Dos días antes Flavia y sus dos hijos menores se habían ido a vivir con él tras interponer una restricción de acercamiento que no alcanzó a protegerlos. Ceresso estaba en un auto con los chicos, que en vano intentaron frenar la furia de su padre cuando éste apareció caminando y lo atacó con 15 cuchilladas.

Duras calificaciones

Mauricio G. no fue imputado sólo de un simple crimen. Por esa intención adicional de causarle dolor a Flavia, la fiscal Georgina Pairola lo acusó como autor de un homicidio calificado por el propósito de causar sufrimiento a su ex pareja. Una figura penal de uso poco frecuente, que prevé una pena de prisión perpetua y está inspirada en las leyes de protección integral y erradicación de la violencia contra las mujeres.

El hombre de 42 años también fue acusado de provocarle un corte en el rostro a Flavia cuando ella advirtió el ataque e intentó detenerlo. Por eso fue imputado de lesiones leves agravadas por el vínculo y por mediar violencia de género.

La jueza Silvia Castelli le dictó la prisión preventiva por el plazo legal de dos años. Consideró que el crimen fue cometido de una manera "tosca" pero no por eso desordenada. Y tuvo en cuenta la "cronicidad" de la violencia psicológica, física y sexual cometida contra Flavia y sus hijos.

El crimen fue a las 17.30 del miércoles cuando Mauricio G. se acercó con un cuchillo de mango plástico y una hoja de 14 centímetros al auto donde se encontraba Hugo, en Puccio y Agrelo, frente al Hospital Alberdi. Flavia se había separado del acusado y mantenía con Hugo un noviazgo desde hacía algunos meses. Incluso,dos días antes se había mudado con dos de sus hijos a la casa de Ceresso.

Frente a los chicos

Como el miércoles habían internado al padre de Flavia, ella realizaba algunos trámites mientras Hugo la esperaba en su Chevrolet Corsa rural con Kiara, de 15 años, y Mateo, de 10, hijos de ella y el ahora acusado.

En ese momento Kiara advirtió que su padre se acercaba caminando con un cuchillo en la mano. Pensó que iba a atacarla a ella y no pudo articular palabra, pero tocó en el hombro a Hugo, quien bajó del auto y enseguida recibió 15 profundas puñaladas y murió por una hemorragia masiva de tórax. En medio del ataque Flavia salió del hospital, se topó con la escena y resultó herida en el pómulo izquierdo.

También Kiara intentó frenar a su padre, pero el hombre arremetió con el cuchillo contra ella, que logró esquivar el golpe. Mateo se alejó llorando y se abrazó a una mujer que caminaba por la plaza Alberdi. "Salvame", le dijo. Con la ropa ensangrentada y el cuchillo en la mano, Mauricio G. se fue caminando hasta Superí y Maza, donde algunas personas que habían visto lo ocurrido lo retuvieron hasta la llegada de la policía y adonde Flavia, en estado de shock, se acercó a increparlo: "¿Por qué me hiciste esto? Me arruinaste la vida a mí y a tus hijos", gritó.

Golpes y amenazas

Al explicar el trasfondo del crimen, la fiscal Pairola detalló un catálogo de crueldades sufridas por la familia. Contó que Mauricio sometía a Flavia y a sus hijos con amenazas, golpes y actos violentos. "Mi vida no me importa, mis hijos no me importan. Si yo no te tengo a vos no me importa nada. Toda persona que se acerque a vos la voy a matar", solía repetir.

Pairola relató que Flavia y Mauricio llevaban 23 años juntos y 15 de casados. En su declaración, ella contó que los problemas de agresión comenzaron cuando su primera hija cumplió un año. "Todo lo que hacía era cuestionado. Ella hacía algo y para él lo hacía mal. Por eso tomó la decisión de separarse", explicó la fiscal. Flavia se fue a vivir a la casa de su madre, pero al tiempo él fue a buscarla y le dijo: "Si no te vas conmigo, mato a la nena".

Desde que volvieron, las discusiones y peleas eran algo de todos los días. "Con la gente era una persona y cuando estábamos solos me hacía de todo", contó Flavia. Dijo que una vez le pegó una piña en el pecho y que la agresión más grave fue hace diez años, cuando frente a sus hermanos le dio una trompada en la boca que le incrustó un diente en el paladar. Incluso tenía que pedirle permiso para bañarse porque él quería "asegurarse de que no se bañe después de estar con otro" y solía olerla cuando volvía a la casa. También le exigía la clave del celular y le revisaba los mensajes.

La última discusión fue el viernes anterior al crimen. Como ella demoró unos minutos en comprar unos repuestos para el auto, él le pegó un cabezazo en la frente y le dijo: "Con vos no puedo contar para una mierda". Luego le ordenó que cocinara: "Si te pido que cocines verga, lo cocinás. Total todo lo que cocinás, lo cocinás mal". Tras ello le destrozó el celular. Los hijos de la pareja también describieron esas situaciones cotidianas por las que dos de ellos padecen ataques de pánico y alteraciones nerviosas.

En junio, según relataron los hijos y una amiga de Flavia, ella había comenzado a salir con Hugo, operador y chofer de la remisería que llevaba jugadores al club Olimpia, donde trabajaba Mauricio. Los dos hombres se conocían pero no tenían trato.

"Él tenía 52 años pero se sentía como una persona de 17 porque se había enamorado a esta edad. Ella también, porque encontró el compañerismo y la paz que en su casa no tenía. Hacía dos días que se habían mudado juntos, habían esperado muchos meses para concretarlo", contó una amiga de Flavia.

El 8 de octubre Flavia realizó una presentación en la Secretaría de Violencia Familiar donde gestionó una orden de restricción para Mauricio. Pero la medida no fue suficiente. Según pudo reconstruir el entorno de la mujer, Mauricio llevaba "dos días siguiéndolos" y por eso sabía que el padre de ella había sido internado y fue al hospital a buscarlos para concretar su amenaza.

Sin patologías

El test psicológico realizado a Mauricio G. en el Consultorio Médico Forense arrojó que muestra “arrepentimiento, dolor y culpa” y que eso “no implica una patología mental de magnitud para impedirle comprender los alcances del proceso penal”. El hombre ayer no declaró, lloró y entró en shock durante la audiencia en la que lo acompañó la defensora oficial Susana Brindisi.

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