Sábado 07 de Mayo de 2016
Dos meses después de haberse entregado en la cárcel de Rosario al verse cercado por la policía que lo buscaba por haber matado a un hombre de la fuerza en pleno centro de Rosario y en el marco de un robo, el veterano y reconocido convicto Ricardo Albertengo fue imputado ayer por el fiscal Ademar Bianchini por el asesinato del suboficial Mauro Matías Mansilla, cometido el 8 de marzo mientras gozaba de una salida transitoria, y por el robo calificado a una escuela de música de Buenos Aires al 900 del 22 de febrero. Así, sobre el detenido pesan las acusaciones de robo calificado y homicidio doblemente agravado por criminis causa y por tratarse de un empleado policial, uno de los delitos más grave del Código Penal que prevé una condena a prisión perpetua.
Concluida la imputación, y ante un pedido de la defensa, el juez José Luis Suárez propuso un cuarto intermedio hasta hoy cuando se discutirá la medida cautelar, es decir cuántos días de prisión preventiva le darán al acusado. Sin emabrgo Albertengo ya está preso cumpliendo una condena a 37 años de prisión por delitos cometidos con anterioridad.
Albertengo no es un preso común. Tiene 49 años y al quedar detenido en marzo pasado quedó a disposición de la jueza de Ejecución Penal Luciana Prunotto, quien controlaba la condena que ya tenía impuesta y que vencía el 1º de febrero de 2031. Con esa tranquilidad, la de tener al acusado detenido, no fue hasta ayer que el fiscal Bianchini cumplió con la formalidad de imputar al convicto por la muerte de Mansilla.
Concentrado. Escoltado por dos efectivos de GEOP (Grupo Especial de Operaciones Penitenciarias) muñidos de ametralladoras, Albertengo entró a la sala tribunalicia con un chaleco antibalas. Allí lo esperaban cuatro policías y media docena de periodistas. Llamó la atención la falta de público en una audiencia tan esperada, sólo entendible debido a la premura con que se convocó la imputativa a pesar de que Albertengo llevaba dos meses detenido. La impopular tarea de velar por los derechos de Albertengo, un convicto ya condenado socialmente, estuvo en manos de la defensora oficial Maricel Palais.
Albertengo, que tiene antecedentes policiales desde 1987, dejó claro desde que se sentó en el banquillo de los acusados que era un delincuente de pedigree. Concentrado al extremo, se sentó a la diestra de sus defensora a leer a pie puntillas la imputación al tiempo que el fiscal Bianchini la iba formulando. Pocas veces levantó la mirada del papel e hizo acotaciones muy puntuales a su abogada.
El robo. Bianchini le imputó el robo a una escuela de música ubicada en Buenos Aires al 900. Según la Fiscalía, Albertengo llegó al lugar la tarde del 22 de febrero y haciéndose pasar por un padre interesado en que su hijo aprendiera guitarra. Entonces encañonó a tres personas con un revólver y después de 40 minutos se llevó 7 mil pesos en efectivo.
Lo llamativo de la imputación fue la puntillosa descripción que dieron las tres víctimas de la fisonomía de Albertengo. Los testigos reconocieron su rostro al examinar 1.485 fotos de un álbum policial de fotos. Y por eso le imputaron robo calificado por uso de arma de fuego no habida en concurso real con privación ilegítima de la libertad en carácter de autor y como hecho consumado.
Ese robo sería vital en el destino de Albertengo y del suboficial Mansilla. Es que la tarde del martes 8 de marzo, cuando caminaba por peatonal Córdoba, una de las víctimas del robo a la escuela de música identificó a Albertengo y junto a su hermano decidieron perseguirlo. El convicto se dio cuenta de lo que ocurría y trató de evadirla. Al pasar por la proveeduría de la Asociación Empleados de Comercio, de Corrientes 460, Verónica requirió la ayuda del suboficial Mansilla, quien hacía adicionales en el lugar. Le contó que Albertengo la había asaltado y se lo marcó. Estaba vestido de la misma manera que el día de robo a la escuela de música. Le dijo que probablemente llevaba un arma en su mochila. Y Mansilla no dudó, por lo que comenzó a pedir refuerzos vía handy.
El crimen. Albertengo, al sentirse rodeado, ingresó al Centro de Estudios Sociales (CES) ubicado en el primer piso de Corrientes 377. Por detrás llegó Mansilla pidiendo refuerzos por handy. "Vos quedate quieto ahí arriba", dice que gritó el policía. Albertengo esperó en el descanso de la escalera y cuando Mansilla comenzó a subir, le disparó tres veces con un revólver. Uno de esos proyectiles, calibre 38 largo, impactó en el cráneo del suboficial. Sin titubear bajó los escalones, le quitó la pistola calibre 9 milímetros a Mansilla y se fue caminando por Corrientes hacia el norte.
De esa manera, Albertengo fue imputado por los delitos de homicidio agravado por el uso de arma de fuego doblemente calificado por criminis causa y por ser la víctima un miembro de las fuerzas de seguridad pública, en concurso real con portación de arma de fuego de guerra sin la debida autorización legal.
A la hora de debatir la medida cautelar, la defensora Palais esgrimió su estrategia. La abogada pidió un plazo de entre 24 y 48 horas para poder "controlar las evidencias planteadas" por el fiscal y "poder asegurar así el derecho a la defensa". "Esta defensa se enteró el jueves por la noche que el viernes a la mañana debía afrontar una audiencia imputativa. Esta es una causa compleja de gran trascendencia pública y amerita que se puedan controlar las evidencias que se han mencionado", indicó la defensora pública.
El fiscal Bianchini se opuso a lo requerido, pero el juez José Luis Suárez entendió que ameritaba el pedido de la abogada. Aunque advirtió: "No tomen este pedido como una regla". Así, la audiencia entró en cuarto intermedio hasta hoy, cuando se debatirá la medida cautelar. En la ocasión el fiscal Bianchini será reemplazado por uno de sus pares de la Unidad de Homicidios ya que desde ayer está de licencia.