Martes 09 de Febrero de 2010
La presentación espontánea en Tribunales de un testigo le permitió a la Justicia identificar al
organizador y ejecutor de la emboscada contra el micro de la barra brava de Newell’s Old Boys
ocurrido la madrugada del jueves pasado. Según la declaración, se trata de un vendedor de drogas
ligado a la segunda línea de la banda del barrio Las Flores identificada como Los Monos. En aquel
ataque resultó gravemente herido Walter Cáceres, de 14 años, quien murió 36 horas después con tres
tiros en su cabeza y otro en la espalda. Además, otros dos hombres resultaron baleados.
Pero la declaración del testigo no quedó en esa acusación. También
denunció los lazos de corrupción entre la comisaría 11ª, con jurisdicción en una parte del barrio
La Tablada, y uno de los sectores del narcotráfico del sur de la ciudad (ver aparte). Eso motivó el
descabezamiento de la cúpula de la seccional de Lamadrid al 200 bis, es decir a escasos 200 metros
de la casa de Roberto Pimpi Camino, el ex líder de la barra leprosa.
Otro de los aspectos que relató el testigo el fin de semana fue que el
blanco del ataque era Diego Panadero Ochoa, el actual dueño del paraavalanchas leproso. Y dio un
elocuente dato: el precio ofrecido por el trabajo criminal fue de 10 mil pesos, una cifra similar
al canon que las barras rosarinas pagan a Los Monos por cada partido jugado en la ciudad.
Detenidos. Con la información aportada, la jueza de Instrucción Roxana
Bernardelli ordenó ayer cuatro allanamientos que depararon en la detención de tres jóvenes que
tendrían lazos de sangre con el principal imputado por la emboscada, según la denuncia del testigo.
Uno de los procedimientos se realizó en Pérez, en una casa de Guillermo
Tell 550, en una villa atrás del cementerio El Prado. Allí los pesquisas buscaron a Carlos Fernando
F., de 28 años y apodado Chino. Si bien el hombre no estaba en el lugar, los investigadores
recogieron importante documental que será clave para llegar hasta los ideólogos del ataque.
Los otros allanamientos se realizaron en la zona sur rosarina. En
Centenario al 200 no hubo resultado positivo; en un pasaje de Ayacucho al 6000 fue apresado Pablo
A., hermanastro del Chino; y en San Nicolás al 5200 cayeron Emilio y Jonhatan C., también
hermanastros del principal acusado. Estos tres muchachos, según la pesquisa, habrían sido parte de
la banda de pistoleros que llevó adelante el fatal ataque a tiros contra el micro de la barra
rojinegra.
Un pibe muerto. Mientras el cuerpo de Walter Gastón Cáceres era sepultado el
sábado, una persona llegó a los Tribunales y pidió hablar con la jueza Bernardelli. La magistrada
que investiga los hechos ocurridos pasadas las 3 de la mañana del jueves en la autopista
Rosario-Buenos Aires, a la altura de la calle Estrella Federal de barrio Las Flores, recibió al
testigo y escuchó atentamente su declaración. Entonces, la magistrada supo que la causa daba un
paso importante para identificar al organizador de la emboscada.
Fuentes allegadas a la causa indicaron que el testigo relató que, sobre
el filo de la medianoche del miércoles pasado, después de que Newell’s perdiera con Huracán
en Parque Patricios, pudo escuchar una conversación vía Nextel en la que una voz masculina le
ofrecía al Chino F. un trabajo que debía hacerse en forma urgente: atentar contra la vida del
Panadero Diego Ochoa, actual líder de la barra leprosa, quien regresaba en uno de los colectivos a
la ciudad tras ver ese partido.
No había mucho tiempo para montar el ataque: menos de tres horas, ya que
el colectivo con la barra rojinegra estaba viajando hacia Rosario. En la denuncia se dice que el
precio establecido era de 10 mil pesos, pero no se identifica al oferente.
El Chino se contactó entonces con varias personas y desapareció del
lugar donde estaba el testigo. Los investigadores estiman que en la emboscada contra el contingente
de Newell’s se utilizaron al menos dos pistolas ametralladoras del tipo FMK 3 similar a la
que utiliza la policía provincial y que emplea munición calibre 9 milímetros, y cuatro pistolas del
mismo calibre.
El ataque. Según testimonios recogidos por este diario, el micro de El Cóndor del
Sur que traía a los hinchas leprosos sufrió el reventón de dos neumáticos apenas atravesó el puente
sobre el arroyo Saladillo. Era la primera vez que la barra leprosa viajaba en ese micro. Entonces
el colectivo detuvo su marcha unos 600 metros más adelante, frente al barrio Las Flores, a la
altura de calle Estrella Federal. Allí estuvieron cerca de media hora a la espera de que otro
coche, que había llevado a un grupo de hinchas hasta Villa Gobernador Gálvez, fuera hasta el lugar
para permitir el trasbordo de los pasajeros. Todo eso lo hicieron en la soledad de la noche
aprovechando que, según varios testigos, en el lugar no estaba la camioneta de la Guardia de
Infantería que habitualmente custodia el acceso a la avenida de Circunvalación.
Cuando ese micro (amarillo) arribó y los hinchas comenzaron a pasar de
un coche al otro, sobre ellos cayó una lluvia de balas disparadas desde un cañaveral que separa la
ruta de la humilde barriada. Como consecuencia del ataque, repelido con pistolas desde uno de los
micros, Walter Cáceres fue alcanzado por cuatro proyectiles que le provocaron la muerte 36 horas
después en el Heca. En tanto, Diego Malcovic y Carlos Muratovic, sufrieron heridas pero no
corrieron peligro.
Los pesquisas dicen que en la balacera se dispararon más de 100
proyectiles calibre 9 milímetros. Muchas de esas vainas servidas fueron recogidas por los vecinos y
para recuperarlas se diligenciaron cinco ordenes de allanamientos el viernes.
Acusaciones. “Esto fue un tema interno de la barra. El asunto es así: la
barra brava anterior quiere venganza, quiere volver, y la muerte era para Diego Panadero Ochoa, el
que sacó a Pimpi Camino. Lamentablemente se equivocaron de colectivo y mataron a mi hijo”,
explicó el fin de semana Carlos Cáceres, el padre del chico asesinado (ver nota de abajo).
En ese orden, la persona que denunció al Chino F. relató ante la jueza
que momentos después del ataque escuchó otra conversación telefónica. “Todo salió perfecto.
El micro se paró justo frente a donde estábamos nosotros”, le dijo el principal sospechoso a
su interlocutor.
Negocios sucios. Fuentes de la investigación señalaron que el Chino es un
revendedor de drogas suministradas por Los Monos y que en la denuncia se identifica con nombre,
apellido y apodo a su proveedor.
Asimismo, según lo documentado sobre la base de los elementos
secuestrados en los allanamientos, el Chino envió un mensaje de texto diciendo que debía
desaparecer de los lugares habituales y que se marchaba de Rosario.
Ahora la Justicia deberá develar las identidades del grupo que acompañó
al muchacho a dar el golpe: una banda de al menos cinco personas, entre las que habría estado
Chamí, uno de los hijos de Pimpi Camino.
A partir de las derivaciones de la causa y tal cual adelantó este diario
ayer, la pesquisa quedó en manos de la División Judiciales de la UR II. Los avances efectuados
desde el sábado permitieron tender un cerco sobre los ejecutores materiales. Queda determinar quién
fue el autor intelectual del atentado. l