Policiales

Un subcomisario admitió el crimen de un docente que era su pareja

Era el jefe del destacamento del Heca. Aceptó que le disparó en el marco de una relación tortuosa. Adujo que hubo un tercer hombre en la escena del hecho, algo que no refirió antes. Y que por eso reaccionó.

Martes 20 de Marzo de 2012

"Yo maté a Rosso", afirmó el subcomisario Alejandro Scalcione ante una pregunta del fiscal Aníbal Vescovo ayer a la mañana en el inicio del juicio oral en el que se juzga al oficial por homicidio. Un rato antes había contado que el crimen fue el desenlace de una relación de pareja tortuosa que había mantenido con el profesor de historia Nelson Regaldo Rosso hasta que la madrugada del 18 de abril del 2009 le disparó los dos balazos mortales en una casa de Oliveros.

"Entré por el portón principal (de la vivienda de Rosso), fui a la habitación y lo llamé. Después ingresé al consultorio y guardé en el bolso unos papeles para instalar el gas en mi casa. Volví a la pieza para avisarle que me iba y en ese momento salió un hombre acomodándose la ropa. Detrás venía Rosso y comencé a reprocharle porque estaba esa persona en la casa. El (por Rosso) se fue a la habitación y se acostó en la cama. Me dijo que «me iba a destruir y que no quería verme más en Oliveros». Me senté en la cama y él me tiró un manotazo. Sentí frío y al mismo tiempo transpiraba. En ese momento vi un nube de pólvora y humo. Me levanté y llamé a la policía. Rosso jadeaba, desarmé el arma por instinto y esperé afuera que llegara la policía", relató ante la mirada del juez Ismael Manfrín, a cargo del tribunal oral.

Con pena de perpetua. Scalcione era jefe del destacamento policial del Hospital Clemente Alvarez al ocurrir el asesinato. Llegó al juicio acusado por el fiscal Vescovo de homicidio calificado por alevosía y uso de arma de fuego. La misma calificación requirió en el alegato inicial del caso, Raúl Superti, uno de los abogados querellantes. A su vez, la defensa del policía, a cargo de Luis Tomasevich y Eduardo Campisciano, solicitó que el crimen se encuadre en la figura penal de homicidio por emoción violenta.

El fiscal Vescovo argumentó que la víctima estaba indefensa cuando el subcomisario le disparó. "Se aprovechó de que Rosso estaba recostado en la cama y no podía salir de la habitación por las reduciones dimensiones del cuarto", acusó. A su vez, Superti afirmó que el acto fue una ejecución. "Era consciente de que la víctima no podía defenderse porque sabía que estaba durmiendo. Además entró a la casa en forma sigilosa para no despertar a Rosso", afirmó el letrado.

Sin embargo, Tomasevich aseguró que su cliente no es responsable del reproche penal que le formularon la fiscalía y la querella. Y enumeró algunas anomalías en la investigación del caso. "Se modificó la escena del crimen y algunas pericias se realizaron en la etapa posterior 32 meses después del hecho", comentó el letrado.

Tras los alegatos de las partes, fue el turno de Scalcione. El subcomisario -vestido con un jean y camisa- se sentó frente a la audiencia y comenzó a hilvanar un relato con un tono calmo, aunque en el final pareció que estuvo a punto de quebrarse. Memoró el inicio de su relación con el profesor de historia cuando el 12 de septiembre del 2009 se conocieron en un colectivo interurbano cuando él iba a su casa de Puerto Gaboto y el profesor de historia a su vivienda de Oliveros. En su exposición se mezcaron las desavenencias de la pareja y las infidelidades. "Rosso se sentó (en el colectivo) al lado mío. Conversamos y, antes de llegar a Oliveros, me invitó a su casa. Tuvimos una relación íntima y me fui a mi casa. Después comenzamos a vernos y nos fuimos enamorando", recordó.

La mudanza. A raíz de la relación con Rosso, el oficial decidió "blanquear la situación" con su pareja, Roberto P., con el que vivía en Puerto Gaboto. Entonces Scalcione se mudó a Oliveros y alquiló una casa en esa localidad. Además de jefe en el destacamento del Heca, el policía acusado además se había graduado como licenciado en psicología social y sexólogo. Para ejercer esta profesión, Rosso le cedió un cuarto para instalar un consultorio

En diciembre del 2009, un desacuerdo separó fugazmente a los dos hombres. "Me mostró un mensaje de texto de un hombre con el que (Rosso) había intimado antes de conocerme. Este hombre quería que tuviéramos una relación de tres. Fue la primera discusión con él. Me fui indignado a mi casa, pero me llamó para pedirme perdón y continuamos la relación", explicó.

El profesor de historia también le pidió que atendiera a su hija porque tenía problemas de comunicación y dificultades para estudiar.

En una de las consultas, Scalcione le propuso a la chica que realizara un curso de gerontología. La muchacha aceptó la propuesta, pero su decisión trajo aparejado un nuevo conflicto entre el profesor y el subcomisario. "Como dependía del padre, yo le propuse pagarle los estudios, pero cuando una tía -es psicóloga- no pudo afrontar el pago, Rosso le dio el dinero a la hija y entonces discutimos porque yo quería afrontar el costo para no entorpecer el tratamiento", sostuvo.

Agobio económico. Los dos hombres se separaron nuevamente. El policía se fue a vivir a una casa deteriorada de un complejo Fonavi que había comprado con un crédito, pero regresó a la casa de Rosso agobiado por urgencias económicas. "Le pedí que me dejara atender en el consultorio porque, a raíz de los créditos que tenía, cobraba 500 pesos por mes y me ayudaba con los dos pacientes que tenía. El miércoles anterior al hecho me llevó medio pollo hervido en un tupper a mi casa. Me dijo que volviera con él y, como le dije que me diera un tiempo para pensarlo, me tiró el tupper al suelo", indicó.

Dos días después, Scalcione regresó a la propiedad de Rosso para atender a dos personas. Luego de las consultas, se subió a un colectivo y fue al Heca. Ese día le habían asignado un control policial de taxis y colectivos.

A las 23.30, comenzó la recorrida en un patrullero de la comisaría 13ª y a las 2 del día siguiente volvió a Oliveros. Casi dos horas después se desató el violento suceso. El subcomisario gatilló su arma reglamentaria, una pistola nueve milímetros, y dos balazos mortales perforaron la nuca y el corazón del profesor de historia.

¿Recién ahora?. Durante la instrucción del caso, Scalcione no había mencionado que, cuando llegó a la casa de Rosso, en Oliveros, la madrugada del 18 de abril del 2009, había otro hombre en la vivienda con el que, según afirmó, el profesor había tenido un encuentro íntimo.

-¿Por qué lo incorpora en el caso a este hombre recién hoy?, le preguntó el fiscal Vescovo.

-Porque detrás de esta persona había gente del Poder Judicial. El proponía reuniones sexuales. Era una personalidad de Oliveros y el dueño de una escuela de enfermería.

Araña y mosca

Para explicar la conflctiva relación que mantuvo con Rosso, el subcomisario y sexólogo Scalcione recordó detalles de la convivencia con el profesor. “Era celoso. Me marcaba con quienes podía estar. Además solamente podía atender a parejas y a mujeres. Además hubo una referencia verbal que me impactó. Me dijo «yo soy la araña y vos la mosca». Yo interpreto que quiso decirme que la araña se iba a devorar a la mosca”, contó.

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