Un policía va a juicio por el crimen alevoso de un docente
La Cámara Penal confirmó el procesamiento del subcomisario Alejandro Scalcione por matar al profesor de historia Nelson Rosso en la casa de la víctima en Oliveros. El tribunal que revisó el caso, integrado por tres jueces, mantuvo la severa calificación legal que afrontará el uniformado: homicidio calificado por alevosía, un delito que se pena con prisión perpetua. Este encuadre fue aplicado al caso porque según pericias balísticas y datos de la autopsia le disparó a la víctima cuando estaba durmiendo.

Lunes 29 de Marzo de 2010

La Cámara Penal confirmó el procesamiento del subcomisario Alejandro Scalcione por matar al profesor de historia Nelson Rosso en la casa de la víctima en Oliveros. El tribunal que revisó el caso, integrado por tres jueces, mantuvo la severa calificación legal que afrontará el uniformado: homicidio calificado por alevosía, un delito que se pena con prisión perpetua. Este encuadre fue aplicado al caso porque según pericias balísticas y datos de la autopsia le disparó a la víctima cuando estaba durmiendo.
  A partir de esta resolución de la Sala IV de la Cámara Penal el caso se encamina a la etapa de juicio. Por la grave figura penal que afronta Scalcione, de 44 años, es un caso previsto para ser debatido en un juicio oral y público, tal como estipula la transición al nuevo Código Procesal Penal en la provincia.
  El defensor del policía había apelado para plantear que se cometieron falsedades en el acta policial y que su cliente habría actuado bajo un estado de emoción violenta. Pero los jueces Rubén Darío Jukic, Juvencio Mestres y Ramón Ríos no detectaron irregularidades en la investigación y remarcaron que ningún elemento acredita que Scalcione haya actuado bajo un estado de desborde emocional.
  Por el contrario, recordaron que él mismo fue quien esa madrugada llamó a los policías, les mostró el lugar donde había dejado el arma, los condujo a la habitación donde estaba Rosso y admitió que él lo había matado. También destacaron que el primer examen médico practicado al policía tras su detención lo encontró “lúcido y orientado en tiempo y espacio”.

Agravante. Los camaristas señalaron que hay elementos para sostener el agravante de la alevosía, que se aplica cuando el homicida se asegura que la víctima esté en una situación de indefensión. “El panorama descripto en las actas iniciales y visto en las fotos, junto a los rastros balísticos, autorizan a probabilizar una acción homicida mientras la víctima se hallaba durmiendo”, dijeron los magistrados.
  Un dato que refuerza ese encuadre, según la resolución, es que en la manta que cubría a Rosso quedó perforada por una bala que le atravesó la parte posterior de la cabeza y luego impactó en el respaldo de la cama. Otro tiro le dio a la víctima en el tórax. El ataque se produjo la madrugada del 18 de abril de 2009 en una casa de Maipú al 300 de Oliveros. Se presume que el docente recibió el primer balazo mientras estaba acostado boca abajo. Ese impacto, según las pericias, no fue letal. Habría provocado que Rosso se sacudiera y se diera vuelta en la cama.

Confesión. Entonces recibió el otro disparo, que ingresó por el pecho, lastimó la arteria aorta, atravesó un pulmón y se detuvo prácticamente a un milímetro de salir del cuerpo. Tras los disparos, Scalcione llamó a la policía de Oliveros y reveló que había matado a una persona. “Soy Alejandro Scalcione. Lo maté porque me hizo endeudar y después me echó como un perro”, fueron las palabras que escucharon los uniformados apenas llegaron a la casa.
  Scalcione y Rosso, de 61 años, se habían hecho amigos unos ocho meses antes cuando compartían el colectivo que los trasladaba a Rosario, donde ambos trabajaban. El policía era jefe del destacamento policial del Hospital de Emergencias. El docente daba clases de historia en colegios como el San Francisco Solano y San Patricio. También fue durante años el encargado de la biblioteca del Convento San Carlos.
  La confianza hizo que el profesor le alquilara a Scalcione una parte de su casa para que atendiera pacientes, a los que asesoraba como psicólogo social en temas como adolescencia, familia y accidentes de tránsito.