Lunes 27 de Octubre de 2008
Un joven oficial de la policía rosarina usó su arma reglamentaria de la peor manera posible para poner fin a la conflictiva y tensa relación que mantenía con su ex pareja. El muchacho, agobiado por la situación, mató a su pequeño hijo de 2 años con un disparo en la cabeza y luego se quitó la vida de la misma forma. El drama tuvo como escenario una vivienda de la ciudad de San Lorenzo en la que residía el agente tras su reciente separación y fue descubierto por la propia madre de la criatura.
Matías Hernán Micechi tenía 25 años y en diciembre pasado había egresado con el rango de oficial subinspector del Instituto de Seguridad Pública. Desde entonces prestaba servicios en el Cuerpo Guardia de Infantería de la Unidad Regional II, donde era bien considerado por compañeros y superiores.
Pero más allá de su trabajo, Micechi atravesaba por una situación de crisis en su pareja. Tras separarse de su esposa, Susana María V., de 20 años, el muchacho se había instalado en un departamentito que se levanta detrás de la casa de su abuelo, en Gurel 810, en el barrio Bouchard de San Lorenzo. El matrimonio tenía un hijo, Tomás, de 2 años, quien vivía con su mamá en una vivienda del Batallón de Arsenales de Fray Luis Beltrán.
Mensajes sin respuestas. La tarde del sábado, Micechi fue a buscar a su hijo a la casa de la mamá y lo llevó para pasar el fin de semana en San Lorenzo. "El policía iba a cuidar al nene porque la mujer estaba trabajando en un salón de ventas", explicó un investigador.
El mismo vocero comentó que la vida de pareja del oficial y su esposa era tortuosa. Al parecer, ella había decidido terminar con la relación y él no lo aceptaba. La última vez que se vieron fue el sábado a la tarde y, en esas circunstancias, hubo una fuerte discusión antes de que el uniformado se marchara con Tomás.
Poco después, Susana intentó tranquilizar a Matías a través de mensajes de texto. "Se puede arreglar", le había indicado en uno de los textos que obran como prueba de la pesquisa. Sin embargo, Micechi nunca los respondió. Eso inquietó a la mujer, que cerca de la 1 de la mañana del domingo, cuando terminó de trabajar, decidió ir a la casa del policía para conversar y ver al pequeño. Pero nadie abrió la puerta.
Sin embargo, la chica distinguió por la cerradura que había luz en el interior de la propiedad. Y, preocupada, fue a buscar al padre del oficial, Raúl Micechi, para saber si tenía novedades sobre su hijo y su nieto. El hombre dijo no saber nada de ellos y se contactó con la Unidad Regional XVII. Hasta la casa llegó una comitiva que ante la falta de respuestas derribó la puerta de la casa. Apenas ingresaron divisaron una escena desgarradora.
El nene estaba acostado en la cuna con un balazo en la cabeza. "Al parecer, cuando recibió el disparo, el chico dormía", contó el vocero consultado. Sobre la cama principal, en tanto, yacía el cuerpo sin vida de Micechi en medio de un charco de sangre. También tenía un tiro en la cabeza. El portavoz policial señaló que el uniformado mató a su hijo con su arma reglamentaria —una pistola 9 milímetros— y luego se suicidó.