Policiales

Un policía de civil repelió el robo a una granja y mató a un asaltante

Fue en la mañana de ayer en Deán Funes al 3600, cuando dos ladrones robaron algo más de mil pesos No está claro qué hacía el policía en el lugar. Fue indagado y sigue en libertad

Jueves 28 de Octubre de 2010

La calle estaba desierta cuando un flamante camión Ford estacionó ayer a la mañana frente a un local de venta de huevos de San Francisquito. En la calma de un barrio que dormía, los empleados comenzaron a descargar mercadería. Pero la quietud del feriado se quebró de repente: dos hombres que llegaron en moto encañonaron a tres personas, robaron del local unos mil pesos y todo terminó de la peor manera. Un policía de civil que estaba entre las víctimas se tiroteó con los ladrones y mató a uno de ellos de un tiro en el pecho.

La muerte de Héctor Manuel Rivero no fue instantánea. El hombre de 32 años alcanzó a subir a su moto y se desplazó unos veinte metros por la vereda, en un intento desesperado y vano por escapar. No pudo esquivar el final. Se desplomó justo en la esquina, a la sombra del gomero de una plaza, en un camino que separa una hilera de hamacas descoloridas de una zanja a cielo abierto.

Rivero estaba evadido de la cárcel de Coronda y el año pasado había protagonizado una resonante fuga tras sustraerle el arma a un agente penitenciario que lo custodiaba (ver aparte). Junto a su cuerpo inmóvil quedó una pistola calibre 9 milímetros con la numeración limada. Su cómplice, en tanto, huyó en otra moto y con el dinero del robo.

El policía que abatió a Rivero es un suboficial de la Brigada de Orden Urbano, de 34 años, y con diez de antigüedad en la fuerza. Fue indagado por homicidio por el juez de Instrucción Gustavo Pérez de Urrechu, quien estuvo en el lugar y dispuso que siguiera en libertad mientras se investiga el caso.

Descarga incompleta.Un reguero de monedas caídas en la vereda, desparramadas entre restos de balas, era la imagen que parecía sintetizar lo ocurrido minutos antes en una granja familiar de Deán Funes 3676. Allí, en el garaje de una casa, funciona desde hace varios años una huevería que vende por mayor y menor. La dueña de casa, Elvira L., de 48 años, atiende al público a través del hueco enrejado de una puerta. Con ella viven dos hijos mayores de edad que trabajan fuera de la casa. En el momento del asalto uno de ellos no estaba y el otro dormía.

"Yo estaba durmiendo. Me desperté con los primeros ruidos del camión", contó el muchacho a este diario, sin identificarse. El plan inicial, dijo, era realizar la descarga de huevos el martes a la noche, pero los choferes postergaron la tarea por los cortes que realizan en el puente Rosario—Victoria los trabajadores despedidos de Sancor. "La idea era descargar de 7 a 8 de la mañana y después cerrar respetando el feriado. Necesitábamos mercadería para los últimos días de la semana", contó.

De sorpresa. Así fue que a las 7.30 apareció por calle Deán Funes un camión Ford 1831 con caja térmica blanca y se detuvo frente al almacén. Llegaba desde la granja El Porvenir, de la localidad entrerriana de Crespo.

Uno de los transportistas comenzó a bajar cajas al almacén y otro se quedó en el vehículo. De la tarea participó además un policía de civil, franco de servicio, que según numerosos vecinos trabajaba como custodio del camión. Sin embargo, desde la Jefatura de policía remarcaron que el efectivo no estaba en el lugar como vigilador sino que había ido a ayudar con la descarga porque es un amigo cercano de la familia.

Los ladrones irrumpieron cuando "terminaban de descargar y estaban por cerrar las puertas", según alcanzó a contar el hijo de Elvira. Su relato se cortó a la mitad cuando lo llamaron desde su casa y sus familiares desistieron de seguir hablando con la prensa.

Posible cómplice. Alrededor del vallado que la policía dispuso entre el negocio, el camión y la plaza, un grupo de vecinos murmuraba detalles del asalto mientras esperaban con impaciencia que llegaran a censarlos. "Nos despertaron los disparos. Fueron seis, bastante seguidos", contó en la puerta de su casa Verónica, una vecina.

Según fuentes policiales, los asaltantes eran al menos dos que llegaron en sendas motos. Al parecer los acompañaba una chica que se quedó afuera del negocio. Los dos hombres obligaron al policía y a uno de los transportistas a entrar al local, donde también redujeron a la dueña del comercio. Luego le dijeron al suboficial que se arrojara al piso y "el policía se recostó sobre su arma para que no la advirtieran".

Luego los maleantes llevaron al transportista y a la dueña de casa a la cocina, donde reunieron una suma estimada entre 1.000 y 1.500 pesos. "En un momento el policía se movió, los ladrones se dieron cuenta y uno efectuó un disparo con un arma 9 milímetros. El empleado policial repelió la agresión y se originó un enfrentamiento", dijo un vocero policial.

De acuerdo con constancias del caso se realizaron en total cinco disparos, dos de ellos del arma del maleante. Rivero, según el relato de las víctimas a la policía, era el que llevaba el arma y la voz de mando. Recibió un balazo con orificio de entrada en la zona costal derecha y salió del negocio. Al parecer los disparos continuaron en la vereda, mientras huía en moto hacía la plaza. En ese trayecto los policías de la División Judiciales que llegaron al lugar identificaron y marcaron con cartones numerados las vainas servidas que quedaron como huellas del fatal asalto.

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