Policiales

Un periodista y su familia sufrieron un violento robo en su vivienda

Golpe en el barrio Sarmiento. La esposa de Ubaldo "Pato" Mauro se vio sorprendida por dos ladrones en la cocina. La maniataron junto a su marido y uno de sus hijos.  

Miércoles 25 de Febrero de 2015

"Tenemos de rehenes a tu marido y a tu hija. Si no nos das la plata los vamos a matar", fue lo primero que escuchó Adriana de dos hombres armados que la sorprendieron ayer al mediodía en la cocina de su casa de barrio Sarmiento, en la zona norte de la ciudad. Los ladrones, a quienes luego se sumó un tercero, amenazaron a la mujer, le pegaron y maltrataron psicológicamente, y la maniataron junto con uno de sus hijos. Así se alzaron con alrededor de 50 mil pesos en distintas monedas que la familia tenía ahorrados.

Luego de veinte minutos, y una vez que había vuelto el marido de Adriana, a quien también dejaron maniatado, los tres hampones se fueron —no se descarta que un vehículo con un cómplice los haya estado esperando— con el dinero, un anillo y, curiosamente, ningún otro elemento de valor más allá de unos juegos de play station.

Amenazas. Eran cerca de las 12 del mediodía de ayer cuando Ubaldo Mauro, periodista de la sección La Región de La Capital, salió de su casa de José C. Paz al 800 para llevar en el auto a su hija de 18 años a una clase de manejo. En la vivienda quedaron su mujer, Adriana, un tío de ella, sus hijos de 16 y 13 años y un amigo del más chico.

La mujer estaba cocinando cuando de pronto se encontró con dos hombres armados de entre 25 y 30 años en el interior de la casa. Hasta ayer las víctimas no entendían cómo y por dónde habían entrado, más allá de que aparecieron por la puerta que da a la calle.

"No entendía nada. Lo primero que pensé fue que eran amigos de mi marido, que acababa de salir", recordó la mujer sobre los segundos previos a recibir la primera amenaza. "Me dijeron —añadió— que tenían de rehenes a mi marido y a mi hija, que si no les daba la plata los iban a matar. Y entonces uno de ellos comenzó a pegarme puñetes en la cabeza, creo que para asustarme, porque no eran golpes muy fuertes".

En ese marco entró en escena un tercer delincuente, de la misma edad aparente que los otros, también con pelo corto y la cara descubierta.

Constantemente amenazada por quien parecía llevar la voz cantante del trío y se encargaba de violentar a las víctimas, Adriana empezó a buscar ahorros que distintos miembros de la familia tenían escondidos en diferentes lugares.

Así fue entregando a los hampones unos euros que tenían ahorrados y unos pesos que le habían regalado a uno de los chicos. A eso se iba sumando cada peso que la mujer iba encontrando y unos dólares que eran de su hija.

"Les dimos todos nuestros ahorros, pero la verdad es que no sé qué habría pasado si no hubiéramos tenido dinero", reflexionó la mujer respecto del botín, que estimó en "algo menos de 50 mil pesos en total".

Arriba. Mientras la mujer buscaba el dinero para los ladrones y su tío se estaba bañando, en una de las habitaciones de la planta alta dormía uno de sus hijos y en la otra estaba el más chico con un amigo. Curiosamente, contra lo que suele suceder en estos casos en que los delincuentes no dejan nada sin revisar, ni siquiera entraron a esos cuartos.

"Escuché que algo pasaba y cuando me di cuenta de que estaban robando metí las tablets y los celulares debajo de la mesa de luz. No llamé a la policía porque me daba miedo que me escucharan. Pero ni siquiera entraron", contó uno de los hijos de Ubaldo y Adriana.

Una vez que la mujer le había entregado gran parte de los ahorros, uno de los ladrones le dijo: "Vamos para arriba a ver qué tenés ahí". Entonces tiraron a la mujer y a uno de los chicos a una cama y los ataron con prendas de vestir.

Las amenazas recrudecieron. "Me decían que si no les daba más plata le iban a clavar alambres en los ojos a mi hijo. En un momento me ahogaron con una frazada. Pero ya no sabía de dónde sacar más dinero", recordó.

Diez minutos después. Entre cinco y diez minutos después de la irrupción de los ladrones volvió Ubaldo. "Creo que no imaginaban que volvería tan pronto. Estacioné el auto, entré y me llamó la atención no ver a nadie. En eso, lo primero que me encuentro son dos tipos que salían de una habitación. Me dijeron «tenemos a tu familia arriba» y que un amigo me había entregado. Yo trataba de tranquilizar la situación. Les dije «muchachos, llévense lo que quieran, pero no hagan ninguna macana»", relató Mauro.

Luego de darles unos dólares que estaban escondidos en otro libro y un anillo que llevaba puesto, el periodista también fue maniatado con su mujer e hijo. "Ahí me empezaron a decir que les entregara más plata, yo les decía que no teníamos más, que ya les habíamos dado todo, y entonces le pegaban a mi marido", recordó Adriana.

Zona liberada. Durante el atraco, contaron las víctimas, los hampones se comunicaban con alguien o al menos eso querían hacerles entender. En un momento uno refirió que podían trabajar tranquilos porque la zona "estaba liberada".

Unos veinte minutos después de haber ingresado, y al parecer conformes con el botín reunido, los ladrones decidieron retirarse. "Nos dijeron que nos quedáramos quietos y en silencio, y que ni se nos ocurriera llamar a la policía", recordó Mauro, quien les entregó un llavero para que los ladrones pudieran abrir la puerta e irse.

Luego de que los delincuentes se fueron, una persona dijo que a esa hora vio abandonar la cuadra a un vehículo que podría ser un Renault Sandero y que no reconocía como de algún vecino, aunque había estado estacionado en la zona durante un rato largo.

"Por como hablaban, me sonó que no eran rosarinos", apuntó finalmente Ubaldo, mientras seguía pensando cómo y por dónde habían ingresado los delincuentes.

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