Policiales

Un nuevo crimen en un sector de la zona norte atravesado por la pobreza extrema

Mario Ardiles fue asesinado de un disparo en la cabeza a pocos metros de donde en los últimos meses hubo otros dos asesinatos

Miércoles 22 de Septiembre de 2021

Mario Marcelo Ardiles, de 34 años, fue asesinado en la puerta de su vivienda, uno de los últimos ranchos acumulados sobre Polledo y Cullen y Ugarte, en la zona norte. Dos personas que llegaron en moto a la puerta de la casa lo llamaron por su nombre y cuando el hombre salió lo mataron de un disparo certero en la cabeza. A pocos metros de ese lugar en los últimos meses fueron asesinados un adolescente de 15 años y otro joven de 22, uno en mayo y otro en marzo. Tres crímenes ocurridos en un contexto de pobreza extrema, en un rincón de la ciudad sin urbanizar.

A medida que se avanza hacia el norte calle Polledo se convierte en un camino de tierra paralelo a las vías. Las viviendas, muy humildes, se apilan sobre un costado y del otro abundan pastizales y basura. Es un punto difuso de la ciudad que queda en medio de los barrios Nuevo Alberdi, Roberto Fontanarrosa y Cristalería.

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Lo que queda a la vista es que no hay urbanización ni recolección de residuos, tampoco alumbrado público. En ese escenario ocurrió el asesinato de Mario Marcelo Ardiles. "No se pudo ver quién era el que disparó por la oscuridad que hay en el lugar", describió a La Capital una vecina allegada a la familia de la víctima. "Lo que pasa es que acá nadie hace nada. Tendrían que estar abiertas las calles y poner luces para que haya más seguridad", reclamó la mujer.

Las horas posteriores a un asesinato ocurrido en barrios vulnerables suelen dejar la misma imagen: el lugar queda señalado por las cintas de seguridad y los guantes de látex que utilizan los investigadores para inspeccionar la escena del crimen. Luego quedan ahí, se convierten en un desecho más en una zona en la que abunda la basura desparramada por el suelo. Así se identificó la mañana de este miércoles el ingreso a la casa de Ardiles, donde sus familiares recibieron a La Capital sin demasiado que expresar más que la angustia por el asesinato del hombre. Además señalaron una vaina servida que los peritos no se habían llevado.

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En ese mismo punto fue que lo mataron. Según describieron fuentes de la investigación la víctima estaba con su pareja en la casa cuando dos tipos que llegaron en moto lo llamaron por su nombre. Al salir, Ardiles recibió un balazo certero en la cabeza.

"La verdad no sé qué pudo haber pasado. Todos acá en la cuadra lo conocen y él no se llevaba mal con nadie", contó su cuñada. "Vivía del cirujeo como nosotros, salía a la mañana y volvía a salir a la tarde", agregó.

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A pocos metros de la casa de Ardiles vive su madre, en la misma hilera de casas sin numerar que se levantan sobre Polledo cuando se vuelve un camino de tierra. Todos los vecinos consultados identificaron a la víctima como el hijo de Martina, la doña que atiende a pulmón un comedor para las familias del barrio.

"Le damos de comer a 120 chicos y grandes. El almuerzo, dos veces a la semana", contó Martina a La Capital. El comedor se banca con lo conseguido por la familia y era en esa parte en la que Mario ayudaba a su madre. Ella largó un llanto doloroso al recordar que sostenía el proyecto con la colaboración de su hijo. Asimismo contó que no sabe por qué lo mataron, que si bien se veían seguido él no le transmitía todo lo que le pasaba. "Él no me contaba porque como yo ando enferma no me quería traer problemas, entonces no me contaba nada", dijo Martina.

El crimen de un adolescente

El domingo 9 de mayo pasado fue asesinado a balazos Eric Elián Luque, de 15 años. Ocurrió a pocos metros de donde este martes mataron a Ardiles. "Desde que mataron al otro chico no se sentía nada, ahora parece que empezaron de vuelta", contó una vecina. "Acá te das vuelta y te matan", agregó otro hombre. Todos sugieren pero nadie precisa, apenas se limitan a relacionar ambos hechos a "tema de drogas".

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Cuando fue asesinado Eric Elián Luque su padre habló con La Capital e intentó dimensionar la vida de su hijo, acaso la vida de un chico. "En las redes sociales se publican muchas cosas y en las noticias que se leen también. Mi hijo era un chico, una buena persona, no un delincuente", dijo el hombre en aquella ocasión. Lo que se mencionó en ese entonces fue que el asesino había tirado "al voleo" con la intención de atemorizar al barrio y usurpar viviendas.

Meses atrás de ese hecho, a mediados de marzo, habían matado en esa misma zona a un joven de 22 años. Francisco Antonio Olivera acababa de llegar a su casa junto a un adolescente de 14 años cuando fue atacado a tiros desde otro rodado. La mecánica fue la misma que la del reciente crimen de Ardiles. Los agresores llamaron a la víctima por su nombre y cuando el joven se dio vuelta lo balearon. Él murió antes de llegar al hospital, por la gravedad de un balazo que le había atravesado el pecho. El adolescente tuvo suerte y solo fue alcanzado por un disparo en el hombro.

En este sector difuso de la zona norte la violencia parece nutrirse de las vulnerabilidades que provoca la desigualdad social, que no se expresa solo en la precariedad de las viviendas o en la ausencia total de servicios públicos. También se encuentra en la exposición a la que se someten los vecinos en un contexto de violencia como este. Al menos ese parece ser el panorama luego de cada crimen, cuando el silencio es la principal y tal vez la única prevención para evitar algo peor.

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