Un jubilado de 79 años fue asesinado a puñaladas en su casa para robarle
"Abuela, están atacando al viejito". El nieto de Ofelia lanzó el aviso, pero varios vecinos ya venían escuchando los gritos y gemidos de Francisco Jorge Muñoz, un ex marino mercante de 79 años, que fue asesinado a puñaladas en su casa de Empalme Graneros. Los homicidas, una mujer y dos hombres...

Miércoles 24 de Diciembre de 2008

"Abuela, están atacando al viejito". El nieto de Ofelia lanzó el aviso, pero varios vecinos ya venían escuchando los gritos y gemidos de Francisco Jorge Muñoz, un ex marino mercante de 79 años, que fue asesinado a puñaladas en su casa de Empalme Graneros. Los homicidas, una mujer y dos hombres, alcanzaron a escapar con una bolsa de plástico en la que se habrían llevado el botín a pesar de la reacción de varias personas que comenzaron a arrojarles todo tipo de objetos y hasta llegaron a perseguirlos. Los investigadores policiales aseguraban ayer que el trío estaba identificado y que su detención sería inminente.

Casa propia. Muñoz, que era viudo y vivía solo, llegó hace poco más de 4 meses al barrio tras comprar una casita en Garzón 1410 Bis, en el sector más postergado y humilde de Empalme Graneros. Se trata de una vivienda a la que se accede por un pasillo de unos diez metros de largo y que cuenta con un patio delantero de piso de material, una habitación, baño y cocina comedor. La fachada está prolijamente pintada de verde agua, al igual que las persianas blancas y las rejas negras. En la parte trasera también tiene un patio de tierra.

  De acuerdo a lo que pudieron reconstruir los pesquisas de la seccional 20ª, el lunes cerca de las 5 de la tarde, Muñoz se había reunido en su casa con dos personas conocidas. Un hombre y una mujer que al parecer lo ayudaban con algunas tareas de la casa. El varón, cuyo nombre no trascendió, sufre un problema en la vista y usa en forma casi permanente lentes oscuros. Esa persona se encargaba de vez en cuando de cortar los yuyos en el patio trasero de la casa de la víctima.

  Según la policía, ese hombre es pareja de una mujer que a su vez ayudaba a Muñoz con la limpieza interna de la casa. Anteayer, el matrimonio se reunió junto a don Francisco para tomar algo, cuando a los pocos minutos llegó otro visitante que se sumó a la rueda.

  La agresión se desató cerca de las 10 de la noche. Los investigadores creen que el trío intentó asaltar a Muñoz y que el jubilado se resistió en forma tenaz. La víctima recibió una decena de puñaladas. Las más graves estaban ubicadas en el cuello y el tórax. También tenía algunas heridas en los antebrazos, típicas de quien intenta defenderse de una agresión así.

El alerta. Los gritos del anciano, además de los ruidos y el desorden propios de una pelea trascendieron las paredes de la casa. Varios vecinos escucharon los gemidos de Muñoz mientras peleaba con sus agresores. "Uno de los nenes avisó. Así que salí al patio y agarré primero una maza y la tiré contra la pared. Después una botella sobre el techo", contó ayer Alfredo, vecino de Muñoz. Lo mismo hicieron otros habitantes del barrio, que forzaron la huida de los homicidas.

  "Son del barrio. A uno le dicen Cieguito y a la mujer, directamente Gorda. Salieron corriendo por la puerta de adelante de la casa y algunos vecinos salieron a correrlos, pero alcanzaron a escapar", contó una chica que también vive muy cerca de don Muñoz, pero que prefirió no dar su nombre. "Viven acá cerca", se excusó.

  El jubilado cayó herido de muerte en la cocina comedor de su casa, cerca de la puerta principal, bañado en sangre.

Identificados. Fuentes de la comisaría 20ª, que actúa por razones de jurisdicción, indicaron que los presuntos autores del crimen ya están identificados. "Los fuimos a buscar a sus domicilios, pero están de vuelo. Calculamos que para después de Navidad vamos a tener novedades", resumió uno de los investigadores que no pudo precisar qué le robaron a don Francisco.

  En las casitas cercanas a la del hombre asesinado ayer se percibía cierto pesar por el horrible final. "Era un hombre de hablar poco, pero nunca tuvo problemas con nadie. También era muy confiado, dejaba entrar a mucha gente a su casa. Nosotros lo ayudábamos con lo que se podía. Lo enganchábamos a la luz y los chicos le daban una mano para sacar la basura", agregó Alfredo.