Policiales

Un hombre fue blanco de un ataque a balazos que era para otro y murió

Se llamaba Cristian Alcaraz. Tenía 27 años, dos hijos y trabajaba en un laboratorio. Desde una moto dispararon once tiros cuando ayudaba a mudarse a un amigo, a quien iban a buscar.

Miércoles 15 de Junio de 2011

El lunes por la tarde Cristián Francisco Alcaraz regresó a su casa del trabajo con la quincena en la billetera. Llevó su pequeño hijo al médico, le compró medicamentos en una farmacia y a las 19 estaba ayudando a un amigo a mudar unos pocos muebles en una casa de pasillo de Amenábar al 100 bis, en barrio Tablada. Una hora más tarde, cuando entraban una cama, por el lugar pasó una moto con dos hombres encapuchados. Uno de ellos sacó una pistola calibre 9 milímetros y empezó a disparar al bulto contra los de la mudanza. Uno de esos plomos le atravesó el brazo derecho a Alcaraz, se le incrustó en la zona axilar y lo mató.

"Mi sobrino estaba en el lugar equivocado en el peor momento. Y la ligó de rebote", reflexionó ayer uno de sus familiares.

El blanco del ataque no era Alcaraz, de 27 años, sino uno de los dueños de casa en el 134 bis de Amenábar, entre Esmeralda y el pasaje Santafesino. Las doñas de la cuadra relataron que cuando comenzaron los disparos Alcaraz alcanzó a cubrirse entrando por el pasillo, pero se dio cuenta que uno de sus amigos había quedado en la vereda y al salir encontró la muerte.

"Los balazos eran para Enzo, quien andaba con muletas. Cuando empezaron los tiros Cristian se metió adentro y cerró la puerta, dejando a Enzo afuera. Cuando se dio vuelta, salió a ayudarlo y recibió varios disparos. Tenía uno en el pecho, otro que le rozó la cara", comentó una joven de la cuadra.

Mientras el escape de la Yamaha Crypton aún seguía resonando, todos en el lugar sabían que el que había jalado el gatillo era el hombre que todos conocen como Kelo. "Es un veterano re atrevido", según la definición de la joven vecina.

Ayer por la mañana, una brigada de la sección Homicidios detuvo a Kelo en los pasillos de Spiro y Cepeda, en la Villa del Tanque, donde vive. Fue identificado como Luis Ramón M., de 50 años, con prontuario abierto en el que se destaca un homicidio y lesiones graves en el año 2000, por el que fue condenado a cuatro años y seis meses de prisión.

¿El móvil? Kelo y Enzo son cuñados. El domingo la hermana de Enzo llegó con una lesión el brazo que le deparó 12 puntos de sutura. Enzo reaccionó y terminó enfrentado con Kelo. Los vecinos recordaban ayer la promesa vociferada por Kelo hacia su familia política: "Los voy a matar a todos". Y esa sentencia no tenía límites.

Padre de familia. Cristián Francisco Alcaraz vivía en una humilde casa de Garay entre Esmeralda y Santafesino, el pasaje con aire de bulevar. Tenía dos pequeños hijos de 3 y 11 años. Y trabajaba desde hacía tres años en el laboratorio Apolo, de Alem al 2800. "Mi hermano estaba trabajando el día que robaron", recordó Mariana, uno de los hermanos del muchacho asesinado. La mujer se refería al robo de 73 mil pesos ocurrido en en el laboratorio el 22 de febrero pasado donde una delincuente mató de un balazo al empleado Carlos Cotugna, de 46 años.

Cerca de las 19, Cristian llegó a la vivienda de Amenábar al 134 bis. Ahí vive Enzo, de 26 años, junto a su familia. La hermana de Enzo, Elizabeth, de 20 años, tiene un pequeño hijo con Kelo y en el barrio la reconocen por un apodo que ni a Gabriel García Márquez y todo su realismo mágico se le habría ocurrido: Papapa.

Siempre que los vecinos y familiares de Enzo se refieren a la mujer, lo hacen por su alias. La mujer vivía en la esquina de la casa de Alcaraz, aunque entre ellos no había ningún tipo de relación. "Kelo estaba muerto de celos por Papapa. Y eso no era sólo por los hombres sino también por las mujeres. Si yo -dijo una vecina adolescente- estaba cerca de ella, Kelo amenazaba con matarme".

Cerca de las 20, tres muchachos estaban en la puerta del 134 bis de Amenábar y entraban los últimos muebles: eran Alcaraz, un pibe apodado Ema y Enzo, quien se moviliza con muletas, ya que hace pocas semanas recibió un balazo en una pierna en un hecho denunciado como intento de robo.

En eso estaban cuando una Yamaha Crypton roja que venía por Esmeralda dobló por Amenábar hacia el río. Iban dos hombres con sus cabezas cubiertas con capuchas. Cuando estaban a unos pocos metros de los muchachos, el acompañante -Kelo, para la pesquisa-, sacó una pistola y empezó a disparar al bulto. Las marcas de impactos y vainas servidas secuestradas, realizadas por los peritos de criminalística, comenzaban a la altura de la entrada al pasillo y se prolongaban más allá de la bocacalle de Santafesino. La policía colectó de la escena del crimen once vainas servidas calibre 9 milímetros. Siete plomos dieron en el frente de la casa de Amenábar 140 bis.

"Todo fue muy rápido. Cuando comenzaron los balazos, los pibes se metieron adentro. Cristian entró y la puerta se cerró. Afuera quedó Enzo, con las muletas, que se tiró al piso. Cristian se dio cuenta que afuera había quedado Enzo, abrió la puerta y al pisar la vereda varios balazos le pegaron. Y su cuerpo cayó sobre Enzo", explicó una vecina. Según confiaron fuentes allegadas a la investigación, el balazo que terminó con la vida de Alcaraz, le perforó el brazo derecho y terminó su recorrido en la zona axilar, sin orificio de salida. Murió en minutos. Los de la moto se escabulleron.

De rebote. "Queremos que quede claro que lo de mi hermano no fue un ajuste de cuentas. Era un laburante que no se metía con nadie. Mi hermano la cobró de rebote", explicó Mariana.

Kelo quedó a disposición de la jueza de Instrucción Alejandra Rodenas, quien lo indagará en las próximas horas. A Cristian Alcaraz lo sepultarán hoy por la mañana en el cementerio La Piedad.

Billetera

Mariana sostuvo que cuando su hermano Cristian Alcaraz cayó baleado tenía en la billetera la quincena completa que el Laboratorio Apolo le había pagado el lunes a la tarde por su trabajo regular. "Esa billetera no aparece. La policía nos dice que sólo tenía el celular. Pero nosotros sabemos que llevaba la billetera", dijo Mariana.

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