Viernes 25 de Septiembre de 2009
Silvio Omar Broardo (40) era un guardiacárcel que vivía en el barrio Acosta, en la ciudad de Córdoba. Ayer, a las 8 de la mañana, se suicidó de un balazo en la cabeza, en plena calle. Fue cuando se enteró por la radio que la noche anterior había asesinado sin querer a una joven de 22 años mientras intentaba hacer un acto de justicia por mano propia.
La tragedia, que conmocionó a los cordobeses, comenzó el miércoles a la tarde. Fue cuando dos ladrones que se movían en una motocicleta –dos "motochorros"– le robaron la cartera a la esposa del penitenciario Broardo. Minutos después, un control policial logró detener a uno de los arrebatadores, pero el otro logró escapar.
Las víctimas del asalto llamaron al 101 y poco después una patrulla ubicó a la moto Honda gris en el vecindario. El acompañante se largó y pudo escabullirse, pero el motociclista fue apresado. Lo identificaron como Elvio Lucas Albarracín (27), con domicilio en barrio Empalme. Los policías lograron recuperar los celulares de las mujeres.
Horas después, enterado del robo, Broardo tomó su moto color negra, fue hasta una casa ubicada en Alejo Bruix y Mario Bravo -en el mismo barrio Acosta donde él vive- y le baleó el frente. Con su pistola reglamentaria calibre 9 milímetros, descerrajó cinco disparos desde cerca. Alguien le había dicho que los ladrones que atacaron a su esposa vivían en ese lugar, a pocas cuadras de donde él mismo vivía con la mujer.
A pesar de que se había recuperado casi todo lo robado, Broardo que había estado haciendo adicionales en el barrio, tomó su moto color negra y no titubeó en dirigirse a la casa de Alejo Bruix y Mario Bravo.
Estaba convencido de que allí vivía el asaltante que logró escapar. Frenó la moto frente a la puerta de la vivienda, sacó la pistola reglamentaria y disparó contra la puerta. La casa está bajo el nivel de la calle y todos los proyectiles perforaron la puerta por debajo de la cerradura.
Cuando vació el cargador, el motociclista, que no se había sacado el casco y que tenía puesta una campera gris, desapareció del lugar. Un niño de 5 años salió a la calle y pidió ayuda porque su mamá, que estaba en la cama viendo la tele, no se movía. Minutos después, una ambulancia del 136 trasladaba a Mariana Miriam Bustamante (22), al Hospital San Roque. En el trayecto iba perdiendo masa encefálica, comentó uno de los investigadores afectados al caso. La joven murió unos 45 minutos más tarde.
Esa misma noche, los policías de la División Homicidios lograron determinar que la balacera era una venganza.
En las primeras horas de la mañana de ayer salieron a buscarlo. Ni su familia ni las autoridades del Servicio Penitenciario sabían de su paradero.
Minutos después de las 9 la pistola de Broardo disparó su último proyectil. El hombre se deslizó por la pared hasta quedar sentado en plena calle. Así lo encontró la Policía. En un bolsillo del pantalón encontraron una carta. Pedía perdón a todos, a su familia y a la de la joven muerta. “Nunca quise matar a nadie”, decía el último párrafo.
Defensa de su esposa. Esta mañana la mujer de Boardo de 35 años dijo: "Él era
excelente, lo que hizo fue para proteger a su familia. Se equivocó pero no fue su intención, y lo
que hizo después también fue para protegernos".
La viuda afirma que quedó sin protección tras lo sucedido ayer. "La Policía anoche me dejó sola, esto no es así", declaró a Cadena 3.