Martes 29 de Diciembre de 2009
“¿Por qué llorás? ¿Por qué gritas?”. Los bramidos provenían del departamento
“B” del piso 14 del edificio de Italia 945. Los golpes en las paredes daban mayor
dramatismo a lo que los vecinos escuchaban. Primero, la voz firme de un hombre. Y como respuesta
pedidos de auxilio y clemencia de una mujer. Todo se inició a las 20 y ante esos gritos, vecinos y
el personal de seguridad del edificio llamaron al 911.
A las 23.30 la policía violentó la puerta y entró al departamento. En el
suelo de un living comedor, al lado de un futón, yacía el cuerpo de una mujer de 52 años con una
certera puñalada sobre la parte derecha de su busto. En la habitación, recostado sobre la cama
matrimonial y con una botella de whisky a su lado, esperaba el agresor: un empleado de la Justicia
Federal de Rosario, de 53 años.
Cuando efectivos del Comando Radioeléctrico y de la comisaría 2ª
arribaron el domingo pasadas las 23 al departamento “B” del edificio de Italia 945 se
toparon con que la puerta de ingreso estaba cerrada con llave. Que la llave estaba del lado de
adentro. Que el televisor estaba encendido y que nada había quedado de los gritos desesperados de
una mujer que los vecinos dijeron haber escuchado aproximadamente a las 20.
Al ingresar al lugar, tras violentar la puerta, accedieron a la escena
de un crimen de género que no tuvo testigo presenciales. En el piso de un living comedor estaba
tirado boca arriba el cuerpo de Rosa Haydee Sánchez, de 52 años, quien trabajaba como planta no
permanente en un ministerio provincial. La mujer tenía huellas de violencia física en su cuerpo y
una certera estocada sobre el lado derecho de su busto. Estaba muerta.
En la habitación del departamento, recostado en la cama matrimonial y en
calzoncillos, esperaba José Luis González, de 53 años, divorciado y empleado del archivo de la
Cámara Federal de Apelaciones de Rosario. El recinto estaba ordenado. Las persianas de las ventanas
que daban a calle Rioja estaban bajas. No había señales de lucha. Sólo el futón tenía manchas de
sangre. Del lugar se secuestró una cuchilla de 20 centímetros de hoja que estaba quebrada y separa
de su cabo. Los vecinos vieron cómo pasada la medianoche la policía se llevaba preso a González.
“Estaba en slip, muy borracho y pidiendo por su abogado”, recordó ayer una vecina de
ese piso que presenció la escena.
El edificio. Italia entre San Luis y Rioja. Pleno centro de Rosario. A mitad de
cuadra sobre la vereda de los impares se levanta un edificio de 14 pisos, con seis departamentos
por planta. Ahí desde hace poco más de un año, Rosa Sánchez y José Luis González habitaban el
departamento “B” del último piso. “Es muy difícil saber cómo era la relación
entre ellos porque es muy poco lo que se sabe de la vida de los vecinos. Y menos entender por qué
pasó esta tragedia”, explicó una mujer del edificio. Quienes recordaban a la pareja dijeron
que Rosa era “una mujer de contextura menuda”. De 1.60 metro y menos de 50 kilos. En
cambio González es “un hombre robusto y de uno noventa de altura”, como lo definió una
vecina.
“El domingo a eso de las 20 estaba mirando televisión en mi
departamento cuando escuché gritos de un hombre. «¿Por qué llorás? ¿Por qué gritás?». Pensé que era
otro vecino que retaba a los nietos. Pero después escuché gritos de la mujer pidiendo ayuda. Otro
vecino me dijo que oyó golpes en la paredes. Como si hubieran dado un cuerpo contra la
pared”, rememoró una vecina de ese piso. “Bajé a comprar cigarrillos y me topé con otro
vecino del piso que estaba hablando sobre lo mismo con el empleado de seguridad del edificio. Ahí
se llamó a la policía”, relató la mujer de 48 años.
Fuentes allegadas a la causa indicaron que al lugar concurrieron una
dotación del Comando y otra de la comisaría 2ª, que actúa por jurisdicción. “El personal
llegó y encontró la puerta cerrada con la llave colocada del lado de adentro. Sólo se escuchaba la
televisión. Se tocó timbre, se golpeó la puerta, llamaron por el portero eléctrico y nada. Entonces
tomaron la decisión de violentar la puerta para ingresar”, explicó el vocero. Al hacerlo los
efectivos vieron el cuerpo de Sánchez tirado sobre el piso. Tenía un profundo puntazo con un arma
blanca en el hemitórax derecho. Estaba muerta. Una pericia forense preliminar estimó que la muerte
de la mujer se produjo entre las 20 y las 21 horas.
En la habitación del apartamento, en calzoncillos y recostado sobre la
cama, estaba José González. Tenía algunas escoriaciones en su cuerpo. Los testigos que lo vieron
aseguran que estaba ebrio. Al lado de la cama se divisaba una botella de whisky. El hombre no dijo
nada. Sólo aportó sus datos de identidad y pidió por su abogado. En el lugar se hizo presente la
jueza de Instrucción María Laura Sabatier, quien ordenó que González permaneciera detenido, acusado
por el crimen de Sánchez. El la vivienda se halló una cuchilla de 20 centímetros de hoja. Estaba
quebrada en la unión de la hoja con el cabo. Investiga sección Homicidios de la Unidad Regional II.