Policiales

Un barrio rural del oeste marcado por una espiral de violencia extrema

Un carrero fue gravemente baleado tras una saga de dos homicidios en trece días. Señalan a una banda con cobertura policial. Un nuevo ataque armado sacudió al sector.

Lunes 07 de Marzo de 2016

Miguel Angel Giuponi, de 31 años, fue atacado a balazos el lunes pasado mientras circulaba en un carro tirado a caballos por la zona de 27 de Febrero y Provincias Unidas en compañía de su hijo de 10 años. Desde entonces lucha por mantenerse con vida. Este nuevo ataque exhibe la preocupante realidad que atraviesa la zona rural de la olvidada periferia oeste de Rosario, un patio trasero de la ciudad marcado por una espiral de violencia donde se entremezcla la lucha de un grupo de ciudadanos por subsistir con actividades informales con otros actores más oscuros, que dirimen diferencias personales con el rigor de las armas.

Se trata del sector rural que divide el barrio de Cabín 9 (Pérez) con Santa Lucía (Rosario). Una franja que se extiende a la vera de la autopista a Córdoba sobre la que se asentaron familias que viven de actividades informales como el cirujeo, granjas o la fabricación de ladrillos a pequeña escala.

Por eso la circulación de caballos y carros es habitual en ese lugar con un paisaje bucólico. Pero allí también se refugian bandas armadas que cometen robos y las más despiadadas tropelías, muchas veces contra conductores que deben detener su marcha en la autopista, a veces de forma forzada, por algún inconveniente mecánico.

Todo se entremezcla y dificulta interpretar con cierta objetividad las motivaciones de los hechos de violencia. Y más aún, la mixtura del entramado social encierra dilemas que merecen un abordaje integral y profundo.

¿Como reacciona un hombre curtido que llegó del extremo norte de la provincia, del monte chaqueño, si le arrebatan su caballo o el carro, sus herramientas de trabajo a la hora de cirujear? ¿Cómo responde su vecino rosarino, urbano y con ínfulas de progreso, ante el avance delictivo? En ese escenario: ¿se puede hablar de disputas por el territorio ligadas al comercio de drogas? Difícil de dilucidar cuando el negocio muta, es dinámico y se escurre en busca de nuevos nichos.

Las muertes.PUNCTUATION_SPACEAlejandra Gorosito, de 45 años, fue asesinada el 10 de febrero cuando una bala disparada por un jinete le pegó en el pecho. El tiro no era para ella, sino para un vecino suyo, "El Tarta", según deslizaron testigos. Todo ocurrió entre los caseríos que se erigen en Camino de Los Indios y 27 de Febrero. Trece días antes, en un camino de tierra que se abre entre espinillos y pastizales en las inmediaciones de 27 de Febrero y la prolongación de avenida Los Talas apareció el cadáver con signos de torturas de Miguel Jorge Canteros, de 16 años, sobrino de Giuponi, quien según los investigadores fue mencionado en el ataque a Gorosito.

El reciente episodio que tuvo como víctima a ese hombre parece inscribirse en una fuerte disputa. Según testigos, quienes lo atacaron iban en un carro negro tirado por un caballo petiso y oscuro con una mancha clara en la frente. Uno de los desconocidos se bajó y comenzó a insultar a Miguel y éste lo invitó a pelear a puño limpio.

Mientras los contrincantes dirimían sus diferencias a golpes, el segundo ocupante del carro se bajó con un arma de fuego y sin mediar palabra le disparó a Miguel al menos tres veces. Lo hirió de gravedad en distintas partes del cuerpo.

El hombre, que también se trasladaba en un carro junto a su hijo de 10 años, cayó malherido. Lugareños alertaron del hecho al 911 y una ambulancia del Sistema Integrado de Emergencias Sanitarias (Sies) trasladó al paciente al Hospital del Emergencias Clemente Alvarez (Heca), donde fue sometido a una cirugía y permanece con pronóstico reservado.

Allegados al hombre describieron un panorama de violencia extrema en ese sector de la ciudad que aparece como escenario de varios homicidios cuyos protagonistas, víctimas y victimarios, tienen arraigo en las chacras donde confluyen los límites de Rosario y Pérez.

Los agresores de Giuponi también figuran en los apuntes de los investigadores como dos de los tres sospechados del cruento asesinato de Canteros. Según esos datos, se trataría de una banda que tiene a maltraer al caserío, y cuyos miembros se asientan en un espacio que se abre en Camino de Los Indios y la prolongación de la colectora del viaducto Che Guevara, a la izquierda del comienzo de la autopista a Córdoba.

Por un petiso. Todo habría comenzado con el robo de un caballo propiedad de la mujer de Giuponi. "Ellos lo robaron y lo carnearon delante nuestro", dijo un integrante de la familia que por miedo pidió reserva de identidad ante las permanentes amenazas y ataques a balazos que reciben casi a diario.

Después de ese incidente y ásperos cruces con uno de los hombres que habría robado el equino, al que identifican como "Retutu", la casa de Giuponi ubicada en Camino de Los Indios y 27 de Febrero fue tomada por asalto y vaciada en un robo en octubre pasado.

Ese día pasó algo que recalentó la temperatura de la disputa. Uno de los intrusos le puso una pistola en la cabeza a un hijo de Miguel, de 10 años. Esa actitud extinguió cualquier mínimo código de convivencia. Es más, hace un tiempo cayeron detenidos por una agresión mutua Giuponi y "El Tarta", quien tras abandonar la comisaría prometió matar a cada uno de los integrantes de la familia del carrero.

El robo de la casa y del caballo, y las advertencias acerca de las permanentes amenazas que recibía la familia (que se vio obligada a abandonar la casa) fue denunciada ante el Ministerio Público de la Acusación (MPA). "Los fiscales dijeron que harían allanamientos y se tomarían medidas, pero no pasó nada", dice con resignación un damnificado.

Reclamo.PUNCTUATION_SPACEY según aportaron fuentes vinculadas al caso, "la casa de la madre del herido parece un colador" de tantas ráfagas de ataques a balazos que la fueron perforando en todo este tiempo. "No se qué esperan para hacer algo, ¿qué sigan matando a otro familiar?", reclamó y advirtió sobre una secuela que podría tener más víctimas.

Es que, según afirman, si esa investigación se hubiera profundizado a tiempo se podría haber evitado el asesinato del chico Canteros, también la muerte de Alejandra y ahora la agresión a Giuponi, entre otros episodios que son moneda corriente.

"No hay un día en el que no haya tiros. Pero como trabajan para la policía y tienen parientes milicos, entran y salen de la comisaría como quieren. Encima la seccional 32ª y la subcomisaría 18º no hacen nada, porque están todos entongados", denuncian quienes suelen caminar el lugar cansados de "la banda" que ostenta el poder con el rigor de las amparadas en una supuesta cobertura policial.

Este panorama de violencia extrema que no entra en la categoría estándar de "inseguridad" como materia de análisis de las autoridades, y parece remontarse a la época de los bandidos rurales, también ocurre en Rosario y horada la vida de ciudadanos de la periferia olvidada de la ciudad.

Para los investigadores es compleja la distinción entre víctimas y victimarios. Lo concreto es que por un carro, por un caballo, por una mirada, inexplicablemente algunas cuestiones se dirimen a balazos.

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