Un ataque a tiros con olor a ajuste entre barrabravas
Pablo Martín Gómez, el muchacho de 29 años que está grave tras ser baleado por un motociclista el viernes a la noche en un hecho con claras características mafiosas, integraba la barra brava de Newell’s Old Boys que lideraba Roberto Pimpi Camino.

Lunes 12 de Octubre de 2009

Pablo Martín Gómez, el muchacho de 29 años baleado por un motociclista el viernes a la noche en un hecho con claras características mafiosas, integraba la barra brava de Newell’s Old Boys que lideraba Roberto Pimpi Camino. El dato, que fue confirmado a La Capital por fuentes policiales y allegados al club del parque Independencia, no es menor. Todo indica que en esa vinculación de la víctima con los sectores violentos que ocuparon el club durante la gestión de Eduardo López los pesquisas tienen la punta del ovillo para esclarecer el móvil de la balacera.
  Gómez recibió cuatro balazos cuando estaba al volante de su auto esperando que el semáforo le diera la luz verde en Ovidio Lagos y pasaje Monroe, el viernes a las 22. En esas circunstancias se paró junto a él una moto con dos muchachos, uno de los cuales bajó y sin mediar palabra le descerrajó cuatro balazos que perforaron el parabrisas del vehículo y lo dejaron malherido.

Hipótesis. Mientras la policía investiga el episodio, una fuente vinculada a la entidad leprosa y conocedora de las internas entre los barras bravas, planteó dos hipótesis acerca del móvil del ataque. “Podría estar vinculado con una interna dentro del sector de Pimpi (Camino) o tal vez puede ser una advertencia de quienes manejan en este momento la barra a raíz de la liberación de los hermanos de Camino” (Alberto Cristóbal y Juan Ramón), explicó.
  Según esta línea de razonamiento, el ataque habría sido una intimidación para que los ex hombres fuertes de la barra leprosa desistan de su propósito de recuperar el poder que perdieron dentro de la hinchada tras la derrota electoral, el 11 de diciembre, de Eduardo López.
  En este sentido, los voceros indican que Gómez “era uno de los referentes de la barra” que comandaba Camino. “Tenía peso propio y una relación de mucha confianza con Pimpi. Escribía las canciones que entonaban en la popular los hinchas y maneja muy bien las arnas”, comentó una de las fuentes.

El ataque. Cerca de las 22 del viernes, Gómez detuvo el Ford Fiesta que manejaba frente a la luz roja del semáforo de Ovidio Lagos y pasaje Monroe, a media cuadra de Zeballos. En ese momento, una moto con dos hombres frenó al lado. Uno de los ocupantes del rodado se bajó, dio un paso y a menos de 30 centímetros del auto le disparó cuatro balazos a quemarropa con un arma de guerra.
  Tras el ataque, el agresor se subió a la moto y escapó junto a su cómplice por Lagos hacia el sur. El vigilador que custodiaba la parriilla ubicada en esa esquina señaló que sólo vio escapar a dos hombres en una moto oscura y de baja cilindrada y que uno llevaba un casco blanco.
  A pesar de estar herido, Gómez pudo bajar del auto y se sentó en la vereda mientras se desangraba. Un rato después, alertado por los vecinos, un móvil de Patrulla Urbana lo llevó al Heca, donde los médicos comprobaron que tenía dos balazos en el abdomen y otros dos en los brazos.
  Anoche, Gómez continuaba internado en la sala de terapia intensiva con pronóstico reservado, entubado y en coma farmacológico inducido para el tratamiento de sus heridas. “Está en estado crítico y conectado a un respirador artificial”, explicó una fuente de la comisaría 6ª.
  En tanto, el mediodía de ayer los padres de Gómez se excusaron de hablar con La Capital mientras esperaban en la sala de terapia intensiva del Heca y de esa manera potenciaron el misterio que encierra el brutal ataque con signos mafiosos.