Policiales

Tres policías procesados por tormentos a presos

Les atribuyen graves vejaciones contra seis jóvenes acusados sin defensa en Florencia, en mayo pasado.

Miércoles 12 de Septiembre de 2012

Tres policías fueron procesados por un juez de Instrucción de Reconquista por haber sometido a tormentos a seis jóvenes que estuvieron alojados en una comisaría de Florencia, localidad ubicada en el norte santafesino. El caso tuvo resonancia pública y llegó a la Corte Suprema de Justicia de la provincia. Dos meses atrás, el máximo tribunal desestimó un hábeas corpus presentado por el defensor general de la provincia, Gabriel Ganón, para denunciar los apremios ilegales y la falta de una adecuada defensa para los detenidos. No obstante dispuso que se investigara si existieron los delitos denunciados y las responsabilidades que podrían corresponderles a los policías y al magistrado interviniente.

El curso de la investigación parece haber dado la razón a Ganón en el sentido de la existencia de los hechos. El oficial principal Darío Bernachea fue procesado por el juez de Instrucción Virgilio Palud por apremios ilegales. A su vez, el oficial subayudante Fabián Andrés Sánchez y el suboficial Pablo Sebastián Fantín recibieron la misma medida procesal por privación abusiva de libertad y apremios ilegales.

Los tres policías trabajaban en la seccional de Florencia. El juez Palud confirmó las excarcelaciones que había dispuesto antes para ellos. Y les trabó un embargo sobre sus bienes por cinco mil pesos. La resolución no fue apelada.

Las torturas. Amenazas, golpes de puño y cachiporra, aplicaciones de picanas en la lengua y las orejas, bolsas en la cabeza y hasta la obligación de bañarse juntos y besarse mientras eran filmados por la policía fueron algunos de los vejámenes denunciados por los jóvenes que estuvieron detenidos en la comisaría 9ª de Florencia entre el 13 al 17 de mayo pasado.

Dos de los denunciantes son Roberto Gustavo Valenzuela, de 18 años —fue liberado el 22 de mayo— y Martín Alejandro Gómez, de 19. Fueron apresados por una saga de hurtos. Afirmaron que confesaron su participación en esos ilícitos a raíz de las amenazas del personal policíal por los que fueron procesados.

Delitos sin freno. El 13 de mayo Valenzuela fue llevado a la comisaría 9ª por el hurto de motos en esa localidad de General Obligado, a unos 600 kilómetros de Rosario. Según el joven, los policías le pegaron apenas ingresó. Lo mismo dijeron Lucio Martín Prieto —otro de los detenidos— y Gómez, a quienes se les impidió consultar a un abogado y les hicieron confesar delitos bajo apremios.

A su vez, Gómez y Prieto fueron imputados de robo calificado por uso de arma de fuego y en poblado y en banda agravado por la participación de un menor. Angel David Caraballo, otro de los arrestados, denunció que soportó amenazas y golpes que le propinaron los uniformados procesados. El adolescente Carlos M. L. es la otra persona apresada. A su vez, Ronildo y Orlando Romero que fueron convocados como testigos de un hurto —en el que fue imputado Caraballo— también denunciaron vejámenes. El ingreso de los Romero a la comisaría no se asentó en el libro de guardia.

Efectivos de Asuntos Internos secuestraron el libro de guardia de la seccional, una jeringa con una aguja, con manchas oscuras y un envase plástico con tinta. Precisamente Prieto denunció que Fantín lo amenazó. "Llamó a un policía y le pidió la jeringa y la tinta. Me dijo que si yo no le contaba dónde estaban las cosas (robadas) me iba a inyectar la tinta en el brazo para que me muera", afirmó. Los policías replicaron que la tinta y la jeringa las utilizaban para recargar los cartuchos de las impresoras de la comisaría. "No dudo que esto sea así. Lo cierto es que como Prieto sabía que existían esos elementos si alguien no se lo decía ya que no estaban en un lugar visible", se pregunta el magistrado.

El juez señaló que el médico forense solo comprobó lesiones en el cuerpo de Orlando Romero. También que no se pudo observar los videos registrados por el celular de una mujer policía. En el registro fílmico, según contó una testigo, se distinguía cómo Gómez, Prieto y Valenzuela sufrían tormentos de parte de los policías acusados.

Para el juez está acreditado que los policías cometieron los tormentos. "Las amenazas de inyectarle tinta a Prieto y los golpes a los Romero fueron comprobados. Sin embargo, los demás apremios no pudieron ser corroborados con pruebas objetivas, pero surgirían de los testimonios coincidentes de las víctimas.

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