Policiales

Tres imputadas por amenazar al final de un juicio a la familia de la víctima

"Ya te matamos a un hijo, ahora te vamos a matar a otro", les gritaron en pleno recinto la madre de uno de los condenados y dos hermanas de la otra.

Martes 03 de Diciembre de 2019

Los padres de Fabricio Fernández terminaban de escuchar la condena a 22 años de cárcel a la pareja acusada por el crimen del chico de 17 años, acribillado en 2016 mientras jugaba a las bolitas, cuando una nueva amenaza les cortó el llanto. "Ya te matamos un hijo, ahora te vamos a matar otro", gritaron cuatro mujeres que estaban entre el público en la sala de audiencias. El incidente ocurrió el viernes al mediodía a la vista de los jueces del tribunal, abogados, policías y una fiscal que ordenó que las arresten de inmediato. Una era menor de edad. Las otras tres, la madre y dos hermanas de los condenados que ayer fueron imputadas y quedaron en libertad con reglas.

Las amenazas quedaron registradas en la filmación de los últimos minutos del juicio oral por el crimen de Fabricio. El debate terminó el viernes a las 13 en el Centro de Justicia Penal, cuando el tribunal integrado por los jueces José Luis Suárez, Juan Carlos Curto y Rafael Coria citó a las partes para leer su veredicto en la sala 8 del segundo piso. El debate había empezado una semana antes con dramáticos testimonios de los padres del chico, vecinos y un amigo que jugaba con él cuando lo mataron la tarde del 9 de abril de 2016 en barrio Tablada.

Los jueces condenaron a Carolina Gordillo y Gonzalo "Peloncho" Guzmán a 22 años de prisión efectiva como coautores de un asesinato a sangre fría. La fiscal de Homicidios Marisol Fabbro había requerido 20 años para la mujer y 25 para su pareja. Los abogados querellantes del Centro de Asistencia Judicial (CAJ) Valentín Hereñú y Jorge Haurigot reclamaban 22 años para Gordillo y 25 para Guzmán.

Emocionados, Andrea Santos y Jorge Fernández, los padres de Fabricio, rompieron en llanto. En ese momento cuatro mujeres se levantaron de sus asientos y comenzaron a increparlos: "Ya te matamos a un hijo, ahora te vamos a matar a otro, hijo de puta", gritaron. La fiscal Georgina Pairola intervenía en la audiencia en reemplazo de Fabbro y ordenó que las detuvieran. En el segundo piso fueron detenidas Ida Beatriz Roa, de 54 años, y una chica de 17. En la planta baja fueron alcanzadas dos hermanas de Gordillo: Mariela, de 34 años, y Daniela, de 35.

"Muy fuerte"

"Fue muy fuerte lo que se vivió", dijo el querellante Hereñú. El incidente generó sensaciones encontradas en la familia de la víctima: "Por un lado una enorme emoción por la condena. Quizás esos dos años de más que se consiguieron por el pedido de la querella parecen algo numérico. Pero para la familia, desde lo simbólico, significa un montón. Es sentir que se los escuchó, que fueron atendidos en su planteo. Si bien no les devuelve a su hijo, sí es un sentimiento de justicia muy grande".

Pero esa satisfacción duró segundos. "Inmediatamente vinieron las amenazas. Gonzalo Guzmán, el condenado, también les hizo señas a los padres cuando lo retiraban. Les dijo «cuiden el hijo que les queda». Nos tuvimos que quedar en la sala un rato largo, arbitrar personal de seguridad que lleve a la familia hasta la casa, garantizar rondas el fin de semana. Ellos quedaron con mucho miedo", relató el abogado.

El desenlace del juicio parece reforzar el planteo que, desde el comienzo, realizaron los acusadores en sus alegatos: el absoluto "desprecio a la vida y a las instituciones judiciales" que evidenció el caso. La familia de Fabricio ya había recibido graves amenazas. El padre, quien abrió la ronda de testigos, contó que esa misma noche fue intimidado por un policía en la puerta de su casa. La madre mencionó un incidente con dos encapuchados, entre otros mensajes más explícitos.

Las amenazas los forzaron a abandonar la casa de Garibaldi al 200 de barrio Tablada donde habían vivido toda la vida y criado a sus tres hijos. Con la intervención del CAJ el gobierno provincial les gestionó un nuevo domicilio y debieron cambiar de escuela al hijo más chico, de 11 años.

"Yo no tiro, soy el Fabri"

Fabricio era el hermano del medio. Iba a la secundaria, soñaba con su viaje de estudios y era arquero de la 6ª división del Club Sarmiento. Lo mataron un día antes de su esperado debut en primera.

A las 17.30 del 9 de abril de 2016 el chico jugaba a las bolitas con dos vecinos en el patio delantero de una casa de la cuadra. Una bolita se fue a la zanja y él salió a buscarla. Estaba agachado cuando Carolina Gordillo bajó de un Renault Sandero en el que iba con sus dos hijas y lo increpó con una pistola 3.80 en la mano: "¿Así que vos sos al que le gusta tirar tiros?". "No, esperá, estás confundida. Yo no tiro tiros. Yo soy el Fabri", contestó el chico mientras se sacaba la gorrita. "Yo soy el Fabri", repitió. La mujer le disparó dos balazos que lo arrojaron al piso.

Entonces Guzmán salió de un pasillo de la cuadra, con un revólver del mismo calibre en la mano. "Así que lo encontraste", le dijo a su pareja, y disparó al menos otros cinco disparos contra el adolescente ya caído en el piso. Herido en el tórax y el brazo derecho, murió esa noche en el Heca por una hemorragia masiva.

Libres con reglas

La madre de Guzmán, Ida Roa, estuvo imputada en el crimen porque dos testigos la sindicaban como quien manejaba el vehículo del que bajó Gordillo. Pero otros dos dijeron que la mujer no sabía manejar. Por eso fue desvinculada y no llegó acusada al juicio, si bien su situación aún no está formalmente resuelta.

Ayer a la mañana la mujer volvió a afrontar una audiencia penal en el rol de imputada por el delito de amenazas junto a las hermanas de su nuera. Ninguna quiso declarar.

La fiscal Ana Julia Milicic relató cómo ocurrieron las amenazas y pidió que las tres queden en prisión preventiva por treinta días. La defensora Martina Guirado explicó situaciones personales de cada una de las acusadas y los hijos que tienen a su cargo. El juez Carlos Leiva les dio la libertad con una prohibición de acercamiento a las víctimas y una perimetral de 300 metros sobre su domicilio, además de la obligación de presentarse a firmar día por medio hasta el 28 de febrero.

El juez fue categórico respecto de la existencia y gravedad del delito. "La evidencia que menciona la Fiscalía no admite mayores reparos. Está objetivamente registrada en videos", observó. Y consideró que las amenazas, en el particular contexto en que ocurrieron, "tienen entidad suficiente para generar temor. Es lamentable que personas de la comunidad no puedan aceptar que la sociedad se maneja de acuerdo a normas"

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