Los ecos del recital que el famoso grupo de cumbia Los Palmeras había ofrecido
la noche anterior en la conocida cantina bailable La Cautiva, de San Nicolás y Presidente Perón, se
habían apagado. La encargada del local y dos empleadas llegaron el sábado a la mañana para limpiar
y reacondicionar el lugar, pero a los pocos minutos arribaron tres hombres jóvenes con armas de
puño. En segundos, las chicas fueron dominadas, maniatadas y encerradas en un baño y un poco más
tarde el trío huyó con 7 mil pesos de la recaudación.
La Cautiva tiene una historia de 28 años y una fama que ya la coloca entre los
boliches legendarios de la ciudad. Ubicada en la ochava sudoeste de la esquina en la que confluyen
la avenida Presidente Perón, San Nicolás y Riobamba, el local concentra su actividad en las noches
de jueves a domingos. La cantina cuenta con dos bandas de músicos estables y un disc jockey, pero
en algunas ocasiones sus propietarios llevan algún número artístico fuerte como gancho extra.
Noche a pleno. Eso fue lo que ocurrió el viernes a la noche con la presentación
del grupo santafesino Los Palmeras. Como era de esperar, la concurrencia a la cantina fue masiva.
"El local estaba lleno", contó ayer Romina Demartini, quien comparte junto a su padre y sus tres
hermanos la titularidad de La Cautiva.
La función y el resto de la noche transcurrió con normalidad. El sábado, cuando
eran alrededor de las 9 de la mañana, la encargada de la caja y dos empleadas que se dedicaban a
tareas de limpieza llegaron a la cantina para poner en condiciones el enorme salón para la noche.
Las mujeres ingresaron por la puerta lateral que está sobre San Nicolás. Aún no habían echado manos
a la obra cuando llegaron tres hombres jóvenes "muy bien vestidos" que fueron directo hacia donde
estaba la encargada.
Falsa imagen. "Las chicas creyeron que eran clientes que venían a reservar
mesas. Es habitual que a esa hora aparezca alguien y que ingrese directamente para pedir que se les
guarde un lugar", señaló Romina. Pero esa impresión desapareció rápidamente porque los tres
desenfundaron armas de fuego y comenzaron a hostigar a las mujeres. "Les decían una y otra vez que
querían la plata, que sabían que había dinero", recordó.
Por la recaudación. Acto seguido, comenzaron a apretar a la encargada para que
los condujera hacia la caja fuerte. La empleada no tuvo chances y abrió el cofre de seguridad,
donde había 7 mil pesos. Después, y cuando ya habían guardado los billetes en un bolso, llevaron a
las mujeres hacia un pequeño baño, les ataron las manos con alambres y las encerraron, previa
advertencia de que no intentaran ningún movimiento extraño.
Fuga inadvertida.Los delincuentes se fueron caminando de la cantina y su
presencia o su trabajo en el lugar no fue advertido por ningún testigo. El local se encuentra a una
cuadra de la seccional 13ª de policía. Fuentes policiales no descartaban que la gavilla haya
contado con algún tipo de apoyo en el exterior del boliche. "Probablemente hayan caminado hasta
Perón o Riobamba para abordar un auto", dijo un pesquisa.
Lo cierto es que la investigación del robo no cuenta por ahora con sospechosos
ni pistas firmes para dar con los autores del atraco. Las actuaciones judiciales están a cargo de
la seccional 13ª.