Policiales

Tres condenados por el secuestro extorsivo de un joven en zona oeste

El hecho ocurrió en 2017 y de los cuatro imputados que llegaron al banquillo uno solo fue absuelto. Las penas van de los 10 a los 13 años y medio.

Sábado 11 de Mayo de 2019

Tres de los cuatro hombres que llegaron al banquillo imputados de haber perpetrado el secuestro extorsivo de un joven de 22 años en 2017 fueron condenados ayer por el Tribunal Oral Federal 3 de Rosario a penas que van entre los 10 y los 13 años y medio de prisión. En tanto, el cuarto acusado fue absuelto debido a que el fiscal actuante en la causa no halló "elementos de prueba suficientes" para pedir una pena.

La sentencia del caso, inédito en la ciudad, se conoció el mediodía de ayer y fue dictada por los jueces Osvaldo Facciano, Eugenio Martínez y Germán Sutter. La misma alcanzó a Diego Sebastián Gamboa, quien deberá purgar 13 años y 6 meses de prisión; Miguel Angel Capobianchi, condenado a 12 años; y Jonatan Sosa, penado a 10 años de cárcel. En tanto el absuelto fue Dionisio Gutiérrez, de 67 años.

Emboscado

El hecho se remonta al 31 de marzo de 2017 cuando a las 23.40 la víctima salió de su casa de la zona oeste para ir a comprar helados a un comercio cercano a bordo de su vehículo. Entonces fue interceptado por dos hombres que bajaron de un Chevrolet Aveo en Zuviría y Solís, en el barrio Belgrano, vestido con chalecos policiales y empuñando armas de fuego.

Esas dos personas hicieron que el joven salga y reingrese a su Ford Fiesta, auto del que se hicieron cargo de conducir y que abandonaron en la zona de Rodríguez y Biedma.

Media hora después de ese hecho la madre del joven recibió el primer llamado telefónico. Los secuestradores le dijeron que tenían a su hijo, que comenzarían por cortarle un dedo y que lo matarían si no les pagaba 100 mil pesos para liberarlo. La negociación siguió durante dos horas con llamadas que se cortaban. Reuniendo el dinero a las apuradas, la madre del muchacho dijo en un llamado que había podido juntar 85 mil pesos y algunas alhajas. Ante ello los delincuentes le ordenaron que metiera todo en un bolso y lo arrojara desde el auto en una ermita del Gauchito Gil, en Acevedo y Ovidio Lagos.

Cuando los captores notaron que el pago se había concretado llevaron al muchacho hasta Sastre y Garay, en el barrio Carlos Casado, donde lo liberaron. El joven caminó hasta Ovidio Lagos al 3200 donde tomó un taxi y el chofer de ese vehículo fue uno de los testigos que declaró ante los magistrados.

En su pedido de condena, el fiscal federal Federico Reynares Solari había pedido las mismas penas que ayer dictó el Tribunal, aunque a los 15 años de prisión solicitados para Gamboa como el principal responsable del hecho los jueces decidieron bajarla a 13 años y medio.

En la primera jornada del proceso oral, y tras leerse el acta de elevación a juicio, declararon los principales implicados como víctimas de la causa. El joven secuestrado ratificó haber hecho un reconocimiento inequívoco de uno de los captores por retener con seguridad los rasgos físicos. Su madre reiteró los detalles de las negociaciones, las amenazas recibidas, la exigencia de dinero y cómo realizó el pago. Y su tía, en tanto, ratificó las alternativas de la noche del secuestro.

Además, el taxista que levantó al joven después de su liberación relató que el chico estaba muy nervioso, que le contó que había sido víctima de un delito, que no tenía un peso encima y que le rogaba con voz quebrada que se apiadara de él y lo llevara. El chofer recordó haberle preguntado si quería que lo llevara a la policía a hacer la denuncia. "No por favor", le respondió, "lléveme a mi casa".

Relatos concordantes

En la jornada de ayer, la que puso fin al juicio oral y público, Reynares Solari puso énfasis en su alegato sobre las declaraciones del muchacho secuestrado, su madre y su tía, quienes participaron de la negociación con los captores. En ese orden, el funcionario judicial manifestó que "esos testimonios son fundamentales ya que no hay mejor testigo de un secuestro para relatar lo ocurrido que la propia víctima".

Asimismo, dijo que las declaraciones "fueron concordantes, muy vividas e ilustrativas. Y además, las mismas fueron corroboradas por elementos objetivos como los aportados por las cámaras de videovigilancia ubicadas en Mendoza y Solis que ubican al Ford Fiesta en el que se conducía la víctima perseguido por el Chevrolet Aveo de los secuestradores".

En otra parte de su alocución, Reynares Solari hizo mención a los llamados telefónicos como pruebas objetivas del hecho investigado. En ese orden explicó que "las llamadas comprueban el tráfico de comunicaciones entre los teléfonos de la mamá de la víctima con el número del teléfono de los secuestradores". Y aclaró que una vez avanzada la pesquisa, en el celular de Gamboa se captan diálogos en los cuales "queda reflejado lo que habían hecho".

Asimismo, sostuvo que el uso de los teléfonos "impactó en la celda de telefonía celular correspondiente con la del domicilio de Capobianchi, en Doctor Riva al 3200, y el lugar donde estuvo secuestrado el joven, una casa de Rodríguez y Biedma", muy cerca de donde fue abandonado el Ford Fiesta del joven.

En otro momento, Reynares Solari recordó que "la víctima reconoció a dos de los secuestradores, primero en un álbum fotográfico y luego en rueda de personas, como así también pudo describir y reconocer el vehículo de quienes lo capturaron, los precintos usados para maniatarlo y el arma de fuego exhibida al momento del secuestro".

Respecto a la acusación sobre Sosa, el fiscal dijo que hay tres indicios concordantes para pedir la pena de prisión y la declaración de culpabilidad. "El chico dijo que había un secuestrador que hacía un esfuerzo para no hablar delante de él y que tenía la sensación de que lo hacía porque lo conocía. En este sentido, hay que remarcar que Sosa tenía una relación con una empleada de la familia de la víctima y que ésta tenía datos muy precisos sobre el joven y su familia, como que la pareja de el secuestrado estaba embarazada de dos meses".

Conocidos y cómplices

En ese orden, Reynares Solari también valoró que era imposible, a su entender, que dos personas afincadas en lugares tan diferentes como el barrio Tablada y Rodríguez al 2800, terminan cometiendo un secuestro en la zona oeste. "Para eso se necesita una inteligencia mucho más amplia que una persona se pare delante de un negocio y vea el movimiento comercial. Quedó probado en la causa que Sosa conocía a Gamboa y que entre ambos tramaron el hecho".

De esta manera, los jueces endilgaron a Miguel Angel Capobianchi, de 58 años y afincado en el complejo de edificios de Grandoli y Gutiérrez; y a Diego Sebastián Gamboa, de 41 años y con domicilio en Rodríguez al 3800, el delito de coautores de secuestro extorsivo agravado por haberse cobrado el rescate y el uso de armas de fuego.

Gamboa, en la instrucción del caso, afirmó que un año antes del secuestro le había vendido un Chevrolet Aveo a Capobianchi, a quien conocía por tener una casa de repuestos cerca de la terminal de ómnibus. Ese fue casualmente el vehículo usado en el hecho según se comprobó en la instrucción..

Los otros dos acusados respondían como integrantes presuntos del grupo de apoyo de Gamboa y Capobianchi. Aunque sólo Sosa, de 29 años, fue condenado; mientras que Gutiérrez, de 67 años, sin antecedentes penales y quien conocía a Capobianchi "porque la mujer es gestora y le manejó los trámites jubilatorios", fue absuelto por falta de pruebas según dijo el mismo fiscal.

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