Viernes 15 de Abril de 2022
La muerte de un asaltante a manos de uno de los automovilistas que la noche de este miércoles cayó en la eterna trampa de los obstáculos puestos sobre el pavimento de la autopista Rosario-Córdoba, a la altura del asentamiento conocido como El Eucaliptal, y que también dejó herido a un muchacho que viajaba en una camioneta junto a sus suegros y un pequeño de dos años, trae a la memoria no solo la reiteración de hechos similares de los que son víctimas conductores desprevenidos, sino también la tragedia que hace exactamente 11 años vivió un hombre que por defender a su hijo de un asalto en el mismo sitio terminó asesinándolo de un disparo.
El trágico episodio ocurrió poco antes de las 22 del 18 de abril de 2011 en el kilómetro 2 de la autopista Rosario-Córdoba. Lucas Manuel Renna y su esposa, Julieta Edith Santisso, viajaban en un Ford Fiesta en dirección a la casa de Roldán en la cual vivían. En esas circunstancias se pinchó el neumático delantero izquierdo del auto y el matrimonio tuvo que detener la marcha sobre la banquina para cambiarlo. Como el gato hidráulico que tenía el coche no estaba en buen estado, Lucas llamó a su papá por teléfono para que fuera en su ayuda. Así fue que Oscar Renna llegó poco más tarde al lugar en su camioneta Chevrolet Blazer.
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“Cuando llegué estacioné la camioneta detrás del auto de mi hijo y la dejé con las luces encendidas. Fui a buscar el gato de la chata y cuando estaba levantando el vehículo para sacar la rueda observé a dos personas caminando en la oscuridad. Le advertí a mi hijo: «Mirá a esa gente, no la pierdas de vista». Y me pareció que Lucas y mi nuera estaban asustados. Fui hasta la chata y busqué el arma que tenía en la gabeta, pero no le podía poner el cargador porque lo tenía en otro lado. Después vi que uno pasó corriendo junto a mi auto. Ahí escuché que el otro delincuente decía «matalos a todos»”, contó Renna padre el 23 de abril de 2012 ante el entonces juez Juan José Pazos en el marco de la indagatoria a la que fue sometido en un proceso en el cual finalmente fue sobreseído.
Según el relato que hizo Renna, “cuando el delincuente me vio con el arma agarró a mi hijo como escudo mientras que Julieta (su nuera) estaba cercana a ellos”. Después llegó el momento de los tiros y el fatal desenlace. “El delincuente efectuó un disparo en dirección a mi que impactó en el capot del auto de Lucas y yo efectué un disparo a cierta altura, por encima, más hacia un lado de donde estaban ellos. En ese momento vi que mi hijo se inclinaba hacia adelante. Yo no escuché otro disparo, aunque quizá haya habido uno en simultáneo al que realicé al aire”, dijo el acusado. Lo cierto es que mientras Lucas caía malherido al piso, el asaltante emprendía la huida a la carrera por la banquina de la autopista.
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En ese escape, dijo Renna padre, “tiré nuevamente hacia el ladrón aunque le erré y el se dio vuelta y me tiró otra vez”. Y admitió que luego “efectuó otros cuatro disparos” aunque nunca supo si alcanzó a pegarle al asaltante “por la oscuridad de la zona. Luego traté de llevar a mi hijo hasta la chata para llevarlo a un hospital, pero me di cuenta de que ya era inútil”. Las pericias balísticas y las autopsias de rigor realizadas a Lucas Renna y al ladrón, identificado como Ricardo Javier Castaño, indicaron que fue una sola bala la que mató a los dos muchachos y que la misma había sido disparada con la pistola Ballester Molina calibre 11.25 que portaba Renna padre.
Al sustentar el sobreseimiento que le dictó a Renna, el juez Pazos sostuvo que en el caso de Lucas Renna “se impone sin hesitación aplicar el criterio de la pena natural, expresión con la que se nomina al mal grave que se autoinflige el autor con motivo del delito que comete”. En ese sentido, dijo el magistrado que “no puede resultar indiferente que el autor del hecho haya sido el causante involuntario de la muerte de su propio hijo, hecho que resulta por demás conmocionante y mortificante, de irreparables consecuencias para el propio autor y su círculo familiar cercano, lo que torna sin sentido y desproporcionado el avance sobre la sanción penal”.
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Pasó poco más de una década desde aquel hecho y su resolución judicial. Sin embargo, en el mismo lugar pasan idénticas tragedias y las respuestas de parte de los poderes del Estado -cualquiera sea su jurisdicción- son sólo palabras que caen en el olvido hasta que un nuevo episodio las renueva pero nada se hace para que el tránsito sea más seguro.
Este jueves, tanto el jefe de la Unidad Regional II de policía, Natalio Marciani, como la jefa de la fuerza provincial, Emilce Chimenti, coincidieron en que lo ocurrido fue “un hecho cometido en legítima defensa” y que “en la zona opera una banda organizada que coordina a la perfección” este tipo de robos perpetrados a mano armada. ¿Qué se hizo o hace para desarticularla? También dijeron que hay todo un operativo en esa zona caliente con la presencia de “un móvil de la URII, otro de la Policía Vial y una casilla en el lugar sumado a los móviles que recorren a requerimiento del 911”. Pero nada de eso parece alcanzar, o alguien falta a la verdad y las patrullas, como en cualquier barrio de Rosario y las ciudades vecinas, a cualquier hora del día sólo circulan en la imaginación de quienes diagraman sus recorridos.