Policiales

Testigos del juicio por el crimen de Pimpi denunciaron amenazas

Dos mujeres se excusaron de presentarse a declarar por temor e intimidaciones. En la etapa de instrucción le habían apuntado a René Ungaro como autor de esos aprietes.

Sábado 19 de Noviembre de 2011

La segunda audiencia del juicio oral y público que se sustancia en los tribunales por el crimen del ex líder de la barrabrava leprosa, Roberto Pimpi Caminos, se extendió por más de cuatro horas con una maratón de 12 testigos y la ausencia de otros citados por la fiscalía. De los ausentes, el caso más relevante fue el de Jorgelina Juncos y su madre, Graciela Parejas, que adujeron por nota tener “pánico” y temer por su vida si declaraban, según indicó la fiscal Nora Marull. Caminos murió acribillado de cinco balazos en la puerta del bar Ezeiza, que funcionaba en Servando Bayo al 1400, la madrugada del 19 de marzo de 2010. En el banquillo ahora están René Ungaro, Carlos Betito Godoy y Emanuel Suárez, acusados de homicidio calificado.

Respecto de las amenazas que denunciaron las testigos ausentes, la fiscal relató que ayer al mediodía se presentó en su oficina Jorge Juncos, padre de Jorgelina y ex marido de Graciela, y expresó que ambas estaban “escondidas, aterradas y que no iban a declarar”. También dijo que en las instancias previas al juicio sufrieron robos en su departamento, el incendio de la puerta de la vivienda y otras acciones intimidatorias que no pudo especificar.

En ese sentido, la Fiscalía solicitó a los magistrados que se leyeran las declaraciones realizadas por las mujeres durante la instrucción llevada a cabo por el juez Javier Beltramone, a lo que el presidente del tribunal, Gustavo Salvador, accedió tras consultar con sus pares Julio Kessuani y José Luis Mascali.

Lo mismo que a Caminos. Al declarar ante el juez Beltramone, Jorgelina Juncos sostuvo que el imputado René Ungaro le habría dicho que era “una ortiva”, que le iba “a pegar un tiro en la cabeza” y que le iba a pasar “lo mismo que a Pimpi” si seguía vinculándolo al homicidio.

En concreto, la mujer declaró que un día estaba en su departamento de Sánchez de Thompson al 200, en el Fonavi de zona sur en el cual mandaba Caminos, retirando algunas pertenencias tras una discusión con su marido de entonces. En esos momentos, recordó, la encaró en el pallier Ungaro mostrando un arma y le dijo que iba a correr la suerte de Caminos.

En otra parte de su testimonio la chica incriminó a Lelio Chapita Ungaro, hermano del acusado, como el autor de una amenaza hacia ella y su hijo de 5 años. A eso se sumó lo dicho por su madre, Graciela Parejas, quien también sostuvo que Ungaro la había amenazado y le habría dicho que “se dejara de joder” porque sino la iba “a matar igual que a Pimpi”. Y que el imputado le transmitió que su hijo, Juan Manuel Juncos, preso en ese momento en la alcaidía de Jefatura, también podía morir.

Desmemoriados. Tras salvar algunas diferencias procesales entre el tribunal, la querella y la fiscalía, los jueces escucharon pacientemente como la mayoría de los testigos policiales dijeron haber olvidado los hechos ocurridos hace poco más de un año y la Fiscalía recurría a la lectura de las declaraciones de la instrucción para que pudieran “refrescar la memoria”.

Según las defensas, la fiscalía “apunta a demostrar la premeditación y un plan orquestado para matar a Caminos, cuando en realidad los argumentos son enclenques. Si se caen un par de testigos se cae el juicio”, sostienen por ahora fuera de la sala de audiencias y en voz baja.

Uno de los testimonios relevantes de ayer fue el del abogado Ricardo Lamas, subdirector del área de Asistencia a la Víctima del Centro de Asistencia Judicial, quien manifestó que tanto Jorgelina Juncos como su madre estaban “temerosas” y fueron puestas bajo custodia hasta enero pasado, mes en el cual cesó la intervención judicial. Preguntado a quién temían las mujeres, el funcionario no dudó: “A los hermanos Ungaro”.

Luego fue el turno de distintos efectivos de la policía de la provincia que se refirieron al hecho de amenaza que en su momento denunció Jorgelina Juncos y peritos de la Unidad Regional II que contaron lo hecho por ellos en el bar Ezeiza tras el crimen de Caminos y lo realizado en días posteriores en busca de pruebas.

Mientras la jornada se iba consumiendo, los jóvenes imputados se mantuvieron tranquilos y el pedido de absolución que sus abogados anunciaron que van a presentar les daba vuelta en las cabezas y se reflejaba en el brillo de sus ojos. Por eso, pasaron la tarde cruzando miradas, risas y recibiendo palmadas tranquilizadoras que les brindaban sus defensores en momentos de efímera felicidad, algo que compartían a lo lejos con sus familiares, alineados en las banquetas del público.

Acompañantes. Otros testimonios controversiales fueron los de Melina Chazarreta, quien estaba ligada a Caminos por un hijo en común, y el de Florencia Rodríguez, quien se encontraba en el bar Ezeiza la noche del 19 de marzo de 2010 en la que mataron a Pimpi.

Chazarreta, que aquel año trabajó como cajera en la disco Mogambo, expresó al tribunal que entonces escuchó “comentarios de todo tipo sobre el homicidio en los que se decía que un grupo de gente había brindado con champán luego de la muerte de Roberto. Se decía que en ese grupo estaban Ungaro y otros”, dijo sin poder precisar quién le contó el chisme. También reconoció haber tenido una relación amistosa con Betito Godoy.

En tanto, Florencia Rodríguez manifestó que a pesar de estar en el bar Ezeiza la noche del crimen sólo “vio a un muchacho de camiseta rayada roja que venía caminando solo y que comenzó a dispararle a Caminos”. Después entró en contradicciones y el tribunal le permitió leer varias veces lo dicho en la instrucción para aclarar sus ideas.

La joven dijo que no recordaba mucho del tema porque “pasó mucho tiempo” y que no alcanzó a ver quién disparó contra Pimpi ya que junto a su amiga Natalia Simoes, que no se presentó a declarar, se metieron dentro del bar asustadas. Tan errática fue su declaración que la querella, a cargo de Gabriel Navas, le preguntó si estaba bien de salud mental y si regularmente olvidaba hechos. Y hasta planteó pedir que se la investigue por falso testimonio.

En tanto, el acusado Emanuel Suarez asentía los pedidos de su defensor, Marcelo Piercecchi, como un experto en procesos penales, y René Ungaro observaba nervioso a Carlos Ducler, quien desde su defensa clavaba algunos estiletes. El segundo día de audiencias sirvió para marcar la cancha y mostrar las estrategias del juicio que se extenderá por diez jornadas más.

Con los ecos del partido

La seguridad en el juicio fue considerada desde el primer momento como algo crucial. En ese sentido, la fiscal Nora Marull llegó a pedir vehículos especiales a su disposición y vallados en el perímetro de los Tribunales, algo que ayer podría haber tenido sentido ya que Newell’s Old Boys jugó frente a Tigre en el Coloso en el mismo momento en que se desarrollaba la audiencia. Sin embargo nada extraño ocurrió y muchos de los que años atrás obedecían las órdenes que daba desde el paraavalanchas prefirieron digerir la derrota en la tribuna y no acercarse al edificio de calle Balcarce. Cerca de las 16.30 un grupo de hinchas pasó por avenida Pellegrini tocando bocinas y alentando al equipo rojinegro, pero ninguno recordó a Caminos y los tres acusados sólo movieron sus cabezas hacia los grandes ventanales como buscando los aires de la popular.

En este sentido, quien ayer iba a estar a cargo del operativo de seguridad en el estadio, el comisario Miguel Oliva, fue reemplazado a último momento ya que fue citado para declarar ante el tribunal. Es que el oficial fue jefe de la comisaría 11ª, con jurisdicción en el barrio donde residía Pimpi, y mucho se habló de la relación que mantenían.

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