POLICIALES

"Tengo cargo de conciencia, llegue a pedirle a Dios que se lo llevara a él o a mí y lo llevó a él"

El padre del muchacho asesinado el jueves en Wagner al 1100 apeló a sinceridad para contar la dolorosa realidad de su familia y el mal andar de su hijo

Sábado 20 de Febrero de 2021

Faltaban diez minutos para las 21 del jueves cuando Marcelo Alejandro Camera tomaba una cerveza con su novia en la puerta de su casa de pasaje Wagner al 1100, en el barrio Domingo Matheu. A pocos metros de ellos, en Sarmiento y Centeno, un joven terminaba de fumar un cigarrillo. Parecía ajeno a todo, pero no lo fue. Cuando terminó de fumar, apagó el cigarro y caminó con decisión y sin apuro hacia la pareja. No hubo contacto visual entre los hombres hasta que fue irremediable. Cuando el sicario pasó frente a Camera sacó un pistola, lo insultó y comenzó a dispararle sin desesperarse. Gatilló al menos diez veces y siete balas impactaron en la víctima. El último disparo fue de remate, a la cabeza. La novia del muchacho no recibió ni un rasguño. Tras ello el sicario corrió hacia calle Mitre, donde lo esperaba un auto gris, posiblemente un Fiat Siena según los testigos.

“Mi hijo no era una buena persona. Esto es fruto de alguna bronca que ha tenido. Andá a saber con quien se habrá metido. Desde que él tenía 15 años luché para que esto no pasara. Hice todo lo que pude. Tengo mucho cargo de conciencia porque llegue a pedirle a Dios que se lo llevara o me llevara a mí. Ya no aguantaba más. No tenía paz. Dios eligió darme vida a mi. Lo lamentó porque era mi debilidad, era mi hijo, pero yo ya estaba preparado. El murió como vivió. Lo único que les pido a los que hicieron esto es «muerto el perro, se acabó la rabia». No quiero que me maten a mi otro hijo o a mi nietito. Ya fue suficiente. El ahora está en mejores manos”. Con esas frases Rolando, un empleado del transporte urbano de pasajeros, dio la cara admitiendo con sinceridad e impotencia una realidad dolorosa. Réquiem para un hijo en conflicto con la ley penal.

Marcelo Camera tenía 31 años y un hijo de 11. Era un ex presidario itinerante. Entre los suyos hacía gala de haber pasado la mitad de su vida tras las rejas. Un testimonio de esa vida es uno de los tres perfiles de Facebook en el que la inmensa mayoría de sus fotos son dentro de la cárcel de Piñero. “En mi cumpleeeeeee! Después de tantos años sin pasarlo en la calle y no en esa maldita prisión”, escribió Camera en julio de 2017 como epígrafe de una foto con su padre, su madre y su hermano. Su cuerpo era un ritual de fuertes tatuajes simbólicos: tenía uno que decía “Rosario Central” de hombro a hombro en su espalda. Y también un revólver en la cintura. Fuentes judiciales indicaron que las últimas anotaciones policiales fueron por robo y que había salido de prisión en febrero del año pasado. Según posteos de Facebook, en los últimos meses probó suerte con la cadetería o delivery online.

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Un pibe problema. “Era como «Doctor Jekyll y Mr. Hyde» (por el reconocido relato de Robert Louis Stevenson publicado en 1886). En la cuadra era protector, no quería que nadie se metiera con sus vecinos. Pero fuera de esta cuadra era un desastre, una porquería. El dinamitó a su familia, los hizo pedazos. Qué no hizo su padre para que se encarrilara. Hubo un momento en que la madre ya no lo quiso aguantar más. Pero él hizo añicos a su familia. Se quedaba en la vereda con el parlante escuchando música fuerte, peor que una fiesta clandestina. ¿Qué le ibas a decir? Si todos sabían que era un bando. El era muy nostálgico de su amigo Mariano Gamarra, que lo mataron hará 10 o 12 años. Todavía lo lloraba”, explicó uno de sus vecinos.

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“Todos en la cuadra nos conocemos porque hemos vivido aquí toda la vida. Era un pibe que conocíamos desde pibito. Fue el caso típico del retoño que se torció y que los padres nunca pudieron enderezar. Y mirá que hicieron. Rolando está hecho polvo, pero tranquilo. El sabía que este momento podía llegar, que no había garantías ni estando adentro de prisión y menos afuera. ¿Andá a saber con quién se metió? Porque era un pibe que no medía. Por ahí te venía y te contaba que se había comprado dos fierros porque estaba poniendo gente (sicario). «Ahora ando en eso» te lo contaba en crudo. Y vos no eras su amigo, eras su vecino. Pero te lo contaba igual”, agregó un residente.

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Desde que había salido de prisión, Camera vivía con su padre, un hermano de 27 años y su hijo de 11 en la casa en cuyo frente fue acribillado. Una vivienda modesta en un barrio de laburantes ubicada en la cortada Ricardo Wagner, entre Sarmiento y Mitre, a la altura del 4100. Según especificaron Rolando y sus vecinos, durante 2020 recibieron una serie de advertencias. Antes de la pandemia, según los dichos del padre de Camera, el frente de su casa fue baleado. Dos o tres meses atrás, dicen los vecinos y fuentes tribunalicias, Rolando recibió un disparo en una pierna en un oscuro episodio que pasó como una tentativa del robo de su auto. Y la semana pasada, según testigos, un auto se detuvo frente a la casa familiar y le sacaron fotos.

Un cigarro y un sicario. El final de la vida de Marcelo Camera llegó diez minutos antes de las 21 del jueves cuando estaba con sentado junto a su novia en la vereda de su casa. Adento estaban Rolando, su otro hijo y su nieto. Entonces el sicario le dio la última pitada a su cigarrillo, se encaminó hacia la pareja sin apuro y cuando tuvo al alcance de su mano a su víctima la liquidó. Fuentes judiciales indicaron que el muchacho tenía once orificios de balas que la autopsia definirá a que cantidad de balazos corresponden. En la escena del crimen se recolectaron siete vainas calibre 9 milímetros. “Nosotros estábamos adentro cuando escuchamos los disparos. Yo agarré a mi nietito y lo tiré detrás de un sillón y atrás me tiré yo”, explicó Rolando, quien es persona de riesgo y por eso no trabaja desde el comienzo de la pandemia.

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La investigación quedó en manos del fiscal Gastón Ávila, quien dio intervención a la Agencia de Investigación Criminal (AIC) para que recabara testimonios y relevara cámaras de videogilancia en las inmediaciones. “Nosotros nunca tuvimos nada. Yo soy un trabajador del transporte, mi hijo también trabaja, mi señora trabaja. Se ve que él (por Marcelo) ha tenido problemas con alguien que no sabemos quien es y así le terminó yendo”, dijo tranquilo pero amargado Rolando.

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