Domingo 30 de Agosto de 2009
"Me hizo endeudar y después me echó como un perro". Los policías de la seccional de Oliveros habían llegado a la casa del profesor de historia Nelson Rosso, en Maipú al 300, luego de que un hombre llamara por teléfono y anunciara que había cometido un crimen. Esa persona era el subcomisario Alejandro Scalcione y la frase con la que intentó explicar lo que ocurrió aquella madrugada de abril figura en el expediente judicial en el que fue procesado como autor de homicidio calificado por alevosía.
La resolución fue dictada por el juez de Instrucción de San Lorenzo, Eduardo Filocco, y ese delito prevé una condena a prisión perpetua. Para el magistrado, el oficial se aprovechó del estado de indefensión de la víctima para ejecutarla. En esta etapa del proceso quedó probado que Rosso recibió dos disparos cuando se encontraba recostado en su cama: uno de los proyectiles dio en la parte posterior de la cabeza y otro en el tórax.
Madrugada trágica. El procesamiento es una resolución preliminar. Si llegara a quedar firme —la defensa de Scalcione presentó una apelación (ver aparte)—, recién entonces el subcomisario será sometido a juicio oral y público. Será el primer policial en ser juzgado de esa forma tras la puesta en funcionamiento del nuevo Código Procesal Penal en la provincia.
De acuerdo a la secuencia que reconstruyeron fuentes judiciales de lo ocurrido la madrugada del 18 de abril, se presume que el docente recibió el primer balazo mientras estaba acostado en la cama, boca abajo. Las pericias balísticas y los resultados de la autopsia determinaron que esa herida no habría sido la mortal, a pesar de que la bala calibre 9 milímetros escupida por el arma reglamentaria de Scalcione atravesó el cráneo de Rosso. Ese impacto habría hecho que el docente se sacudiera y se diera vuelta en la cama, y tal vez hubiera intentado incorporarse. El plomo fue hallado incrustado en la cabecera de la cama.
El segundo balazo fue en definitiva el que causó el deceso. El proyectil ingresó por el pecho, lastimó la arteria aorta, atravesó un pulmón y se detuvo prácticamente a un milímetro de salir del cuerpo. "Cuando el médico policial llegó para el examen de rigor, el cadáver estaba sobre la cama, boca arriba. Cuando tuvieron que rotar para completar la revisión se descubrió la punta de la bala asomando por la espalda, que no había alcanzado a salir", comentó a LaCapital una fuente de la investigación.
En la cama. Las dos vainas fueron secuestradas. Una quedó sobre la cama y la otra en el piso, debajo de una estufa. Cuando la policía de Oliveros llegó a la escena del crimen no detectó huellas o signos de violencia en la casa que pudieran brindar indicios de que allí hubo una discusión o pelea. "La víctima fue atacada cuando estaba en la cama. No había nada en el lugar que indicara que el docente intentó resistir a una agresión. La bala que le dio en el pecho atravesó el acolchado con el que estaba tapada, había rastros de pólvora en la cobija", manifestó el vocero cercano al caso.
Al momento de prestar declaración indagatoria, Scalcione adujo que había tenido una fuerte discusión con Rosso, pero que no podía recordar el momento en que extrajo su arma y disparó. Según el expediente judicial, tras los disparos llamó por teléfono a la seccional del pueblo, se identificó con su nombre y admitó que había matado a una persona. Los agentes locales se encontraron con el homicida en un lógico estado de nerviosimo.
"Soy Alejandro Scalcione. Lo maté porque me hizo endeudar y después me echó como un perro", fueron las palabras que escucharon los uniformados apenas llegaron a la casa de la víctima.
La relación. Scalcione, de 42 años, y Rosso, de 61, se hicieron amigos unos ocho meses antes del crimen cuando compartían el mismo ómnibus que los trasladaba hacia Rosario, donde ambos trabajaban. El policía estaba a cargo del destacamento que funciona en el Hospital Clemente Alvarez y el docente daba clases de historia en colegios como el San Francisco Solano y San Patricio. También fue durante años el encargado de la biblioteca del Convento San Carlos.
La confianza hizo que el profesor le alquilara una parte de su casa para que Scalcione atendiera pacientes, a los que asesoraba como psicólogo social en temas como adolescencia, familia y a víctimas de accidentes de tránsito. El policía hizo llegar a este diario, por intermedio de su abogado defensor, un conjunto de certificados que avalan sus conocimientos en esa materia y para rechazar las sospechas sobre la validez de esa carrera.