Sin riesgo para el autor y con la víctima indefensa

Miércoles 20 de Agosto de 2008

La alevosía es un agravante del homicidio que puede implicar la imposición de reclusión perpetua a quien es condenado bajo esa figura. Implica matar a traición, sin que el que mata se exponga en absoluto: implicaría asegurar la muerte buscada, sin riesgos para el autor, en total indefensión de la víctima.

  Esta última particularidad, la de total indefensión, ha sido motivo de controversia. Pero suele prevalecer que la absoluta indefensión implica no ser capaz de, siquiera, ponerse a resguardo del ataque o intentar alguna resistencia. Por lo tanto, en ocasiones, el acto de una persona que mata a otra desarmada, apuntandole de frente y a corta distancia con un arma de fuego, no se ha considerado alevosía.

  ¿Qué elimina en ese caso la cualidad de crimen alevoso? El hecho de que la víctima, al estar frente a su agresor, puede tener una posibilidad de eludir el ataque. Predomina la idea jurídica que la alevosía requiere total indefensión: que el autor obre sobre seguro, esto es sin riesgo alguno por parte del accionar de la víctima o de terceros con el propósito de oponerse o rechazar la agresión. El ejemplo más clásico es el de quien ejecuta a otro que está durmiendo. También vale el que mata por la espalda a alguien desarmado.

  En septiembre de 2003 le dieron 12 años de prisión a Sergio Duarte por matar en Rosario a su vecino e histórico rival Víctor Gómez de un tiro en la cabeza, tres años antes, en Einstein y Magallanes. Duarte le disparó por la espalda cuando estaba indefenso y no tenía forma de advertir que le dispararían. El planteo del fiscal pidió la alevosía pero los jueces lo desestimaron.

  Sí condenaron a prisión perpetua a Cristian Reynoso por matar con ensañamiento y alevosía a Ramón Ponce, profesor de carpintería, de 68 años, en la localidad de Maciel el 15 de junio de 2001. Reynoso, de 19 años, entró a escondidas a la casa, lo esperó con las luces apagadas y con una afilada cuchilla con la que le dio una decena de puñaladas.

  Los jueces no evaluaron alevoso el crimen de Federico Lusa, un artesano de 21 años, asesinado en un minimarket de zona norte en 1998. Lo mató el comerciante Antonio Romero de un tiro en la frente a corta distancia cuando le fue a recriminar por un pomo de pegamento en mal estado. El juez Antonio Ramos lo consideró un crimen alevoso pero la Cámara Penal no: recibió, por ello, 17 años de prisión.