Domingo 11 de Octubre de 2009
La luz roja detuvo la marcha del Ford Fiesta en Ovidio Lagos y pasaje Monroe, a media cuadra de Zeballos. El conductor, de 29 años, se dispuso a esperar cuando una moto de baja cilindrada con dos hombres frenó al lado. Uno de los sujetos se bajó, dio un paso y a menos de treinta centímetros de distancia del auto le efectuó cuatro disparos a quemarropa con un arma de guerra que hicieron blanco en distintas partes del cuerpo.
Pablo Martín Gómez, que iba solo, quedó inmóvil, perdiendo abundante sangre adentro del auto. La esquina donde acababa de ocurrir el descomunal ataque se estremeció de agitación: todo transcurría frente a una concurrida parrilla que entonces —viernes a las 22— estaba colmada de clientela. En la puerta siempre hay un custodio que presenció de modo parcial el incidente.
Al sur. El hombre que protagonizó la ejecución trepó a la moto y su cómplice aceleró por Ovidio Lagos hacia el sur.
El automovilista no había perdido la conciencia. Bajó del auto y se sentó en la vereda. Estaba sangrando. El lugar se empezó a llenar de personas que pararon a un móvil de la Patrulla Urbana que pasó en ronda rutinaria a los pocos minutos.
En la calle quedaron cápsulas compatibles con una pistola de 9 milímetros, similar a las que utilizan las fuerzas de seguridad provincial.
Fuentes de Patrulla Urbana comentaron a La Capital que el joven herido les dijo que tenía relación con un sector de la barra brava de Newell’s y que suponía que el ataque podía originarse allí aunque no había reconocido a sus agresores.
Los policías constataron que su auto había quedado en el medio de la calle y que el muchacho estaba sangrando. Lo llevaron al Hospital Clemente Alvarez. Allí seguía anoche en la sala de terapia intensiva, con pronóstico reservado. Los médicos comprobaron que tenía dos impactos de bala en el abdomen y dos en brazos producto de su intento de atajar con los balazos en una reacción de instinto.
Sólo algunos cabos sueltos, pero no precisiones como para que la policía ayer tuviera un panorama claro de quién atacó al joven conductor y por qué razón específica, según dijo el subcomisario Fabián Bonaldo, subjefe de la comisaría 6ª.
Incógnitas a despejar. El hecho de haber admitido la conexión con la barra rojinegra no necesariamente deja explicado el hecho.
Los trámites iniciales hicieron posible saber que Pablo Gómez vive a seis cuadras del lugar donde fue atacado, en San Luis al 2800, y que no tiene ningún tipo de antecedentes penales.
Por la mañana la policía se acercó al Hospital Clemente Alvarez para entrevistar a su familia que había requerido tiempo para aportar a la investigación por la conmoción derivada de la sorpresa del ataque.
Lo que los oficiales de la Agrupación de Unidades Especiales y la Sección de Homicidios asumen como un hecho es que por las características del ataque se trató de una venganza. Al joven lo siguieron, no le robaron nada. Estimaban que sus agresores ni se equivocaron de hombre ni querían nada más que dispararle los cuatro tiros que le hicieron.
Anoche Pablo Martín Gómez estaba entubado y bajo efecto de sedantes en el Clemente Alvarez sin un pronóstico respecto a su evolución.
En el aporte de la pesquisa el custodio de la parrilla Vientos de Patagonia sostuvo que no advirtió lo ocurrido en el momento porque se encontraba frente al ventanal del restaurante y de espaldas al tráfico. Sí indicó haber visto escapar a dos hombres en una moto de baja cilindrada de color oscuro y que uno llevaba un casco blanco. En el lugar quedó un tapiz de vidrios rotos del parabrisas del auto
El joven herido, según fuentes policiales, llegó a llamar por celular a su novia y decirle que estaba herido antes de que llegara la policía. La joven sería hija de un comerciante de repuestos de automotores de la zona de la comisaría 13ª. Con la familia del muchacho herido y los allegados a la novia en Jefatura intentaban despejar la incógnita sobre lo ocurrido.
El último parte médico del hospital indicó que Pablo Gómez, según la Unidad Regional II, estaba en coma farmacológico inducido para el tratamiento de sus múltiples heridas.